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Penny Hardaway, siempre baloncesto

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Nació y creció como muchos chavales en Estados Unidos, a cargo de su abuela. Ya a los diez años intentaba emular los movimientos de su jugador favorito, como el de muchos, Magic Johnson. El joven Penny no quería dejar su hogar, así que comenzó su carrera en el baloncesto en una cancha cercana a su casa y a la de su mejor amigo, Desmond Merryweather. Aquel entrenamiento le acabaría sirviendo para ser la estrella más brillante del Treadwell High School de su Memphis natal. Aunque no sólo era la mayor estrella que se pudiera observar en el sur del país, sino que recibió el premio a Jugador del Año de toda la nación, gracias a sus 36 puntos, diez rebotes, seis asistencias, cuatro robos y tres tapones promediados aquella temporada.

Continuó avanzando, siempre cerca de casa. Una vez hubo llegado a la MSU: Memphis State University, se hizo con el mando del equipo y se convirtió en el primer jugador de la historia de su universidad en conseguir, en las dos temporadas que estuvo en el equipo, al menos quinientos puntos, doscientos rebotes, ciento cincuenta asistencias y setenta robos. De nuevo números de un jugador total, de un dominador de todas y cada una de las facetas del juego. Un entrenador universitario, incluso, llegó a decir de él: “tiene el instinto de Larry Bird, la fuerza y el tamaño de Magic y las habilidades atléticas de Jordan”. Ahí es nada.

Llegado el verano de 1992, el seleccionador estadounidense del equipo más célebre de todos los tiempos, Chuck Daly, concertó un partido contra un equipo formado por jugadores universitarios. Entre los elegidos, Anfernee Hardaway. Aquel partido se jugó a puerta cerrada y, como cuenta Mike Krzyzewski, ayudante de Daly entonces, se amañó para que los jugadores que iban a ir a los Juegos Olímpicos no se dejasen llevar por su superioridad. Claro está que nadie dijo nada a los universitarios, con lo cual la afirmación de Coach K puede resultar creíble o una excusa. Ya situado entre los mejores jugadores de la nación fuera de la NBA, llegó el Draft de 1993.

Durante el verano de 1993, Shaquille O’Neal, número uno del Draft’92, y Penny Hardaway rodaron juntos una película, que incluía en el reparto a Nick Nolte: Blue Chips. En el rodaje, Shaq y Penny congeniaron, así que O’Neal intentó por todos los medios convencer a su franquicia para jugar junto al base de Memphis. Sin embargo, Orlando, con el pick 1 por segundo año consecutivo, seleccionó a Chris Webber, el jugador más destacado de aquel partido contra el Dream Team. Así, en el número tres, Golden State Warriors escogió a Hardaway. No obstante, en el transcurso de la ceremonia, David Stern apareció en el escenario no para anunciar una nueva elección, sino para informar de un traspaso: Golden State enviaba a Orlando a Hardaway más tres primeras rondas del Draft por Webber. Acababa de nacer una asociación que muy pronto se compararía con Magic Johnson y Kareem Abdul-Jabbar. Llegarían tan lejos los comentarios, que el propio Magic llegó a decir de Hardaway que era como si se estuviera mirando en un espejo, lo cual enorgullecería al joven Penny de diez años.

La primera temporada de Hardaway con los Magic no pudo ser mejor: primera llegada a Playoffs de la historia de la franquicia y rookie del año. Mientras, Scottie Pippen señalaba que veía mucho de él en Penny, aunque consideraba a Hardaway superior a él. Ya en su segunda temporada, se comentaba que era el jugador más completo de la liga, capaz de jugar en cualquier posición, con un dinamismo inusual y una visión de juego extraordinaria. Sin embargo, Hardaway sólo tuvo una opción de ser campeón. Las Finales de su segundo año en la liga las disputaría Orlando ante uno de los mejores jugadores de la historia del baloncesto en su época cumbre: Hakeem Olajuwon. The Dream se puso los zapatos de claqué y bailó para conseguir su segundo anillo consecutivo. Además, la siguiente temporada, Orlando se cruzaría, en las últimas Finales de Conferencia de Penny, con los Chicago Bulls del 72-10. Fue la última oportunidad de ver luchando a Hardaway por algo importante, ya que tras la marcha de Shaquille a los Lakers el año siguiente, comenzó el calvario. La primera de sus seis operaciones de rodilla en diez años se realizó el diez de diciembre de 1997. La plaga se hizo más fuerte cuando se marchó de Florida rumbo a Phoenix en 1999. Sin llegar a recuperarse nunca del todo, tuvo un breve periplo en Nueva York y se retiró de nuevo en Florida, esta vez en el soleado sur de Miami, dejando al fin una carrera que prometía el cielo pero sólo dio destellos y muchas sombras.

Sin embargo, no se terminó ahí el baloncesto para Penny. Un par de años después, diagnosticaron un cáncer de colon a su amigo Desmond Merryweather. Le dieron, como mucho, cuatro años más de vida. Debido a una complicación, se le indujo en un coma del que despertaría dos días después. Cuando despertó, lo único que podía hacer era escribir, tomó un papel y escribió uno de los apodos del barrio de Penny: 1 Cent. Tras pasar tres meses en el hospital debido a la infección, volvió a los entrenamientos del equipo del instituto que ahora dirigía como entrenador su mejor amigo, Penny. Desmond no informó a los jugadores de lo que le había sucedido, así que siguió entrenando como ayudante. Desmond volvió a dejar el equipo para someterse a la quimioterapia, pero regresó, pues a fin de cuentas, lo hacía “for the kids”. Trabajando junto a su mejor amigo, la temporada 2011 arrancó con un récord: catorce victorias consecutivas y final estatal. Aquella final estatal, como todo, tuvo sus complicaciones. Llegaron a marchar quince puntos abajo, pero reaccionaron y se llevaron el campeonato estatal. No fue un anillo, ni un mundial, ni unos Juegos Olímpicos, pero viniendo de donde venía Desmond, y de la mano de su mejor amigo, aquella victoria fue la más especial que podrían haber vivido, y lo consiguieron juntos. Dos veces.

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