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Paulinho, el reo prejuzgado

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Agosto de 2017.

La Parroquia Culé, con el poder que le ha sido otorgado por la red social Twitter, se querella contra José Paulo Bezerra Maciel Júnior por los delitos de:

1- Pertenencia al Guangzhou Evergrande FC, lo que automáticamente conlleva su incapacidad para fichar por el Fútbol Club Barcelona.

2- La inmediata consecución de la treintena de edad sin haber sido capaz de conseguir ningún éxito en el fútbol europeo. 

3- Quebrantamiento del ánimo del aficionado, no llegando su fichaje al 10% de ilusión de lo que produce Marco Verratti.

Se condena al acusado a la burla continuada por parte del aficionado, siendo permitido todo tipo de comentario feroz o descalificatorio, no solo hacia su trabajo sino también hacia su persona, a través del insulto o la amenaza.

Se levanta la sesión.

Prejuicio

En medio de este dificultoso contexto aterrizó Paulinho en el FC Barcelona. Después de una temporada que evidenció la necesidad de una revolución en la plantilla del primer equipo, su nombre no era ni uno de los favoritos ni uno de los esperados para la afición culé. Si en junio se hubiera pedido a cada uno de los miles de aficionados el nombre de tres centrocampistas para reforzar el nuevo proyecto de Ernesto Valverde, me atrevo a afirmar que el nombre de Paulinho solo hubiera aparecido como la excepción que confirma la regla. El hecho de haber ‘emigrado’ a la Superliga China, categorizada varios peldaños por debajo del fútbol europeo o sudamericano, sacaba al brasileño de la quiniela que pudiera tener cualquier aficionado en su imaginario.

Desengañémonos: a unos más y a otros menos, pero a todos nos sorprendió su fichaje. Muchos nos llegamos a preguntar, incrédulos, qué habían visto en Paulinho. Que qué es eso de ir a comprar a China, el sitio donde todos venden. Que cómo fichas a un jugador de 29 años por 40 millones de euros. Que qué va a pasar con los minutos que deben ser para jugadores como Denis Suárez, Sergio Roberto o incluso Carles Aleñá… Preguntas y más preguntas que todos nos hicimos, lo cual me parece lógico al ser un fichaje inesperado para la gran mayoría y dado que conocíamos muy poco acerca de este nuevo miembro de la plantilla. Por suerte, la presencia de especialistas en fútbol internacional en Twitter nos ayudó a hacernos una idea de lo que podía suponer la llegada de Paulinho al Barça, por lo que nuestras dudas o preguntas quedaron relativamente solventadas a la espera de ver su rendimiento. El problema vino cuando muchos aficionados, en vez de plantearse esas preguntas y tratar de analizarlas, pasaron directamente a la afirmación.

Sacando a relucir esa (tan recurrente hoy en día) nula intención para informarse, muchos se apresuraron a afirmar categóricamente que el jugador no era válido para jugar en el FC Barcelona. Que daba igual que Valverde aprobase su fichaje. Que no importaba que Paulinho fuera un perfil de jugador que no teníamos en el equipo. Que de nada servía que el jugador siguiera siendo titular en la selección líder de las eliminatorias sudamericanas. Que daba igual que el brasileño sirviera para tener un fondo de armario más solvente que el del pasado curso. Todo daba igual. No valía para jugar en el Barça. Y lo decían, casualmente, aficionados que (como la mayoría) habían visto cero partidos de Paulinho en los últimos tres años.

Puedes estar de acuerdo o no en un fichaje y siempre es conveniente que la gente haga uso de su libertad de expresión, pero este término deja de ser sagrado cuando se usa para el insulto y la falta de respeto. Una vez confirmado el fichaje de Paulinho por el club de mis amores, me pasé por su perfil de Twitter para conocer algo más sobre nuestra nueva adquisición. Y aquí es cuando, por desgracia, pude comprobar la cantidad de culés que habían entrado en el perfil del brasileño solo para responder sus tuits con una barra libre de insultos, descalificaciones e incluso alguna amenaza. Por el tono y las palabras empleadas, no daban la sensación de ser usuarios que se hubieran informado sobre las características y potencialidades que podía ofrecer el paulista en el terreno de juego. Acto seguido, me invadió un sentimiento de vergüenza hacia estos aficionados que le estaban diciendo de todo a un jugador, a una persona, a un padre de familia, solo por hacer lo que todos hubieran hecho: aceptar la oferta de un club grandioso, coger ese tren que solo pasa una vez en la vida, darse la oportunidad de poder ganar títulos importantes, querer jugar al lado del mejor jugador de todos los tiempos.

¿Por qué se le daba este indigno trato a un jugador que ya era de los nuestros? ¿Por qué se le consideraba un reo si ni siquiera había podido ser juzgado? ¿De qué era culpable Paulinho? ¿Por qué no se pudo respetar su presunción de inocencia hasta que pudiera defenderse en el terreno de juego? Preguntas así se instalaron en mi cabeza y generaron en mí un sentimiento de empatía y simpatía hacia el jugador carioca. Intenté informarme lo máximo sobre su trayectoria (descubriendo qué llegó a suponer para el Corinthians de Tite, campeón de Copa Libertadores 2012), dediqué buenos ratos a leer artículos y traté de visualizar vídeos que enseñaran algo más que goles. Quería que a Paulinho todo le fuera bien en su nueva etapa. Pese a las dudas iniciales que tuve, sí. Pese a que seguía pensando que pagar más de 40 millones por él era exagerado. Pese a creer que su llegada suponía un hándicap para una debilidad personal que tengo como Sergi Roberto. Pese a todo esto, quería que Paulinho tuviera la oportunidad de silenciar tanta injusticia. Quería que el reo tuviera la oportunidad, al menos, de someterse a un juicio del que quizás podía salir vencedor.

Declarado ‘inocente’

Situándonos en el presente, es osado entrar en valoraciones sobre si Paulinho está triunfando o no en el FC Barcelona. No se han cumplido ni dos meses de su fichaje, por lo que es imposible llegar a conclusiones sólidas. Eso sí, después de darle la oportunidad de declarar en su juicio particular, podemos decir que ha invertido la dinámica adversa que había a su alrededor, a la vez que ha demostrado que es válido para formar parte de la plantilla de un gran club europeo. Ha convertido el silencio en aplausos, la estupefacción en alegría y las sensaciones negativas en positivas. Lo ha hecho en silencio, consciente de que debía trabajárselo más que nadie. Es por esto que solamente puedo sentir respeto y admiración hacia él. Desconocemos cual será la valoración que haremos de Paulinho al finalizar su periplo como culé, pero creo que todos coincidimos en la gran lección que nos hemos llevado con su caso.

Tendimos, demasiadas veces, a prejuzgar sin conocer bien lo que nos puede ofrecer una persona. Lo hacemos en base a aquello que creemos saber sobre aquella persona o en base a lo que nos han contado. Por desgracia, el prejuicio es algo demasiado habitual en la sociedad actual, pero solo hay una forma de cambiarlo: voluntad de informarse. No perdamos nunca las ganas de querer saber más, de devorar contenido que nos aporte, de conocer mejor a la gente. Y a la vez, tratemos de ser pacientes a la hora de emitir un juicio sobre alguien. Porque como ha sucedido con José Paulo Bezerra Maciel Júnior, podemos toparnos con una gran sorpresa.

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