EURO 2016

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Paul Pogba y el liderazgo

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Cuando se dice que un futbolista puede llegar a costar 140 millones de euros y cuando ese mismo jugador afirma con aplomo que quiere ser el mejor centrocampista de todos los tiempos y nadie se lo toma a broma ni se pone a carcajear incrédulo es que ese futbolista tiene que ser escandalosamente bueno. Y Pogba lo es, quiere serlo todavía más y tiene absolutamente todo para lograrlo pero hay un aspecto que no resulta acorde a semejante valor de mercado: su escasa capacidad para ser por sí mismo el jugador que dé sentido a toda la estructura de su equipo, sea éste cual sea.

Paul Pogba no es un líder. Al menos, no todavía. Al menos, no de forma constante. Se pudo comprobar este mismo inicio de temporada en Turín y se está viendo también en Francia. Con la Juventus entreverada por las dudas, instalada en una crisis de resultados inimaginable y sin un timón en el centro del campo tras la marcha de Pirlo y la lesión de Marchisio, a Pogba se le comenzó a exigir que se echase el equipo a las espaldas para solventar las dificultades con él como solución y adalid. Y aunque lo intentó, no lo consiguió.

Fue la vieja guardia bianconera la que sacó del atolladero hasta convertir a aquella Juventus irreconocible en la habitual y consolidarla en ruta hacia su quinto Scudetto consecutivo. Y fue en ese preciso contexto, con el equipo ya restaurado por la personalidad de sus verdaderos jefes sobre el terreno de juego, en el que Pogba volvió a brillar y a ser tan decisivo y exuberante como siempre tras haber sufrido el peso de la responsabilidad y haberse desvanecido ejerciéndolo teniendo que asumir roles impostados por la necesidad tales como tener que bajar su posición hasta la fase de inicio para armar la propuesta de su equipo.

Su aleación de potencia y calidad es prácticamente inigualable, sin embargo, para ser un futbolista con aptitudes técnicas tan superlativas y autosuficientes, Pogba necesita un preámbulo firme, un sistema muy asentado que lo potencie desde sus raíces y le permita ser un baluarte y no sólo lo aboque a meras ráfagas de fuego. Un fuego incombustible pero racheado al fin y al cabo. Para ser determinante, el juego ha de volcarse hacia su producción, otorgarle espacios que atacar con aclarados constantes en su perfil predilecto en el interior zurdo y al mismo tiempo dentro de una estructura con mecanismos que pudiesen funcionar igualmente sin él. Esto supone generar un contexto demasiado concreto en el que Pogba pueda arrasar con todo destrozando rivales a su paso imparable. Un entramado táctico que lo vista de líder sin serlo.

Y es que Pogba no es un futbolista alrededor del cual construir la idea de juego. Es un enlace creativo de muchos quilates y, sobre todo, un ‘transitador’ hacia el área que no puede compararse con ningún otro y que mezcla a las mil maravillas conducciones y apoyos en dirección gol. Se está viendo claramente en Francia. La selección de Didier Deschamps necesita un líder futbolístico y ese tenía que ser Pogba sí o sí pero sin un esquema totalmente asentado detrás que le dé alas, el futbolista de la Juventus está viendo cómo Dimitri Payet le está adelantando por la derecha de forma inesperada y se está erigiendo como el faro principal -y casi único- en la misión de guiar a Francia hacia el ansiado título en casa.

 

Todos los grandes partidos de Pogba están aún por llegar. Desde cierta perspectiva eso es una noticia positiva pero desde la realidad actual, dicha espera empieza a hacerse un poco larga. Aún no hemos visto una actuación sobresaliente suya en ningún partido grande de verdad en el que el francés haya sido el hombre que haya conquistado la gloria en un escenario de máxima altura a través de su indudable talento individual. Y también ahí, además de en la escasez de liderazgo que está mostrando en la Eurocopa por los factores explicados, es dónde residen las dudas en torno a Pogba como bandera y máximo exponente de Francia.

Su representante, Mino Raiola, ya ha confirmado que se han iniciado negociaciones con el Real Madrid. Paradójicamente y al contrario que a la inmensa mayoría de futbolistas del mundo, un traspaso a un club top-3 como es el conjunto blanco podría irle que ni pintado para certificar su vitola de crack total. Pogba ya tiene toda la autoestima y la confianza posibles, no es el tipo de futbolista que vaya a agachar la cabeza en ningún vestuario y compartiendo foco entre tantas estrellas y no aglutinándolo para sí en exclusiva, el francés puede enfatizar todavía más sus fantásticas aptitudes sin que se le exija una y otra vez que sea líder además de figura como está ocurriendo con Francia.

Un mediocentro posicional de primer nivel por delante de una zaga de élite es todo lo que Pogba requiere para que la línea de la medular sea el punto de partida desde el que alcanzar después en tres cuartos de cancha su punto de ebullición y adornarlo todo de guirnaldas en ataque. Es justo ahí donde se convierte en alguien tan temible como incontenible, donde más exhibe su superioridad física y técnica y donde su potencia privilegiada puede ejercer presión, robar y machacar cerca de la frontal al adversario con sus latigazos desde fuera, combinados con su capacidad para regatear y dar o crear el gol insertándose en el área. Ese es su fútbol. Primoroso y decisivo pero alejado del liderazgo futbolístico que sí están mostrando otros compañeros de posición en la Eurocopa como Iniesta o Hamsik, implicados además en la construcción de las jugadas.

Pogba tiene unas dotes superlativas para hacer de todo sobre el césped pero organizar, gestar y gestionar posesiones no está entre ellas, ni tampoco hacer sólidas las intenciones de su entrenador por sí mismo. Tal vez no esté capacitado para ser ese tipo de líder dentro del campo o no esté todavía preparado pero está claro que hoy por hoy no es alguien idóneo para echarse sistemáticamente el equipo a sus hombros y ponerlo todo a funcionar. Eso no significa que su valor de mercado no sea el del nuevo jugador más caro de la historia pero su genio, capaz de hacer las cosas más increíbles, no tiene en su gen esa virtud. No es un playmaker y probablemente no lo será jamás aunque con tales condiciones como sustento sí debe asentarse como una estrella de producción regular a lo largo de noventa minutos.

De todas formas, Paul Pogba todavía puede tener cuatro partidos por afrontar en esta Eurocopa -además de toda una carrera que se presume esplendorosa- para demostrar que con su particular manera de hacer las cosas, a puro vértigo, fantasía y con metros que dinamitar por delante también puede darse sentido, razón y fundamentos a cualquier plan de juego, ya sea de su selección o de su equipo. Y de ese particular modo, aspirar a ser algún día un auténtico líder que vaya mucho más allá de causar pánico en el rival cada vez que, habiendo espacio para correr, le llega el balón a los pies. Las hechuras, la dimensión y la jerarquía ya las tiene más que consolidadas.

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