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Gracias Paul, tu legado no será olvidado

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Miro por la ventana y veo nubes grises cubriendo el cielo. El verano nos ha dejado, y el otoño reclama rápidamente su sitio. Los árboles lloran, pues sus hojas caen, y poco a poco sus ramas quedarán despobladas. Pero no solo ellos se quedan “huérfanos”, todos los amantes del baloncesto están viviendo una etapa difícil de comprender, de asimilar, pues muchas de sus leyendas van dejando las pistas para ver desde la grada este deporte tan maravilloso.

Son días tristes para el baloncesto. Kevin Garnett hace poco que anuncio su adiós, y no mucho antes fueron Duncan y Kobe los que nos dejaron. Poco a poco se van marchando esos guerreros del parqué con los que tanto disfrutamos noches y madrugadas, año tras año, durante mucho mucho tiempo.

Y ahora, todavía de luto, recibimos a través de “The Players Tribune”, la triste noticia de otra retirada, otra camiseta que se quedará en el armario, y en este caso, también en el techo del TD Garden, pues su poseedor no es otro que Paul Pierce, el mítico 34 de los Celtics, que anunciaba en este portal expuesto anteriormente, que esta será su última temporada en la NBA, buscando retirarse con otro anillo (Cuenta con uno) en sus manos, esta vez jugando para los Clippers.

“The Truth”, como le apodó otro extraterrestre del basket, Shaquille O’Neal, es un alma libre, un jugador que nunca se guió por las convenciones del baloncesto, vivía al margen de estas, anotando y anotando, sin dejar de hacerlo por nada ni nadie, marcando con ello una época en Boston.

No había una sola zona de la cancha en la que no brillase con el balón en sus manos, siendo mi preferida la media distancia, donde cada vez que recibía y se elevaba ante otros colosos, solía dejar canastas para la repetición. Pero como digo, en ataque era todo un artista, capaz de sentenciar con un mate, o de buscar desde el perímetro una canasta decisiva.

El hombre de hielo, sin pulso en los momentos decisivos, anotando para decidir partidos con la muñeca firme, sin temblar, para una vez conseguida la canasta, dejar de ser de piedra para ser puro fuego, puro corazón céltico, levantando una y otra vez a su hinchada, esa que no se olvida del que fuera su estrella, su mejor y más fiel caballero, ese que rescató el honor de Boston, y volvió a poner en sus vitrinas el trofeo de campeón.

Acompañado por Ray Allen y Kevin Garnett, formó un Big Three mágico, el cual tuvo gran parte del mérito en la consecución del anillo en 2008, siendo el premio a MVP de las finales para Pierce.

Con toda la gloria que pudo acaparar, Pierce puso fin a su etapa en Boston, allá por 2013, dejando una marca en anotación, tan solo superada en la franquicia de la conferencia este, por John Havlicek. A partir de ese momento, fue pasando por diferentes equipos (Nets y Wizards) hasta recalar en la franquicia con la que encara su última temporada, Los Ángeles Clippers.

Paul ya no es el mismo, los años no pasan en balde y de ahí su retirada, pero su legado no será olvidado, es una leyenda, y como tal será recordado. The Truth iluminó la liga, la iluminó con sus números, con sus gestas, con sus acciones espectaculares, y con todo ello rescató a Boston de las tinieblas devolviendo toda su gloria a un equipo ganador, el más ganador de la historia, que supo ver en un rookie con muy buenas prestaciones y hambriento de victoria, a su salvador, su elegido para comandar la marea verde de nuevo hasta la cima.

Pierce llegó a la liga de pie (vía draft) y con ganas de escribir una bonita historia, ahora se marcha, y nos lo comunica sentado, en un trono que ha forjado con el paso del tiempo, un tiempo que le ha permitido cumplir su sueño en realidad, en pura verdad como el mismo es, y escribir no solo una bonita historia, si no también grandiosa. Gracias Paul, gracias por dar tanto a un deporte maravilloso que nunca se olvidará de ti.

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