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París se entrega al tenis

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David Sánchez | La primavera casi fundiéndose con el incipiente verano en medio de un clima con fuertes vaivenes emocionales. Un paraje de postal en el afamado XVI distrito de una capital tan bella como revolucionaria a lo largo de su tiempo desde que fuera fundada allá por el siglo III a.C. En la ciudad de la luz se abre la claridad del periplo de tierra; se dilucida quién alcanza el cénit sobre polvo de ladrillo; se corona a un nuevo nombre en el país que vio nacer el tenis.

Roland Garros -nombre histórico donde los haya desde que fuera aplicado al torneo en honor al legendario aviador galo que falleció un mes antes de que finalizase la Primera Guerra Mundial- fue el último Grand Slam en incorporarse a la lista que completan el Open de Australia, Wimbledon y el US Open.

 

En fundación, que data del año 1891, fue concebido como un evento exclusivo para jugadores federados del país –se llegó a jugar en cuatro sedes distintas: Puteaux, París, Burdeos y Auteuil- y no fue hasta 1925 cuando el llamado inicialmente Campeonato de Francia, abrió sus puertas también a jugadores extranjeros a la par que “la divina” Suzanne Lenglen y “los cuatro mosqueteros” (René Lacoste, Henri Cochet, Jean Borotra y Jacques Brugnon) hacían de las suyas en un torneo que fue rebautizado con el nombre que hoy se le conoce aunque, oficialmente, sea registrado como Internacionales de Francia de Tenis.

Entre 1925-1927 se jugó en Saint-Cloud pero tras la conquista francesa de la Copa Davis en 1927, frente a Estados Unidos en Filadelfia, se decidió construir un complejo frente a la Avenida Auteuil de la ciudad para poder albergar a todo aquel que viniera a animar a Francia en la revancha del año siguiente ante el mismo rival que acabó con la reedición del título para el país. En aquella eliminatoria del 27 al 29 de julio de 1928 se alzó la segunda de las seis Copas Davis consecutivas que marcaron la época dorada del tenis galo en la competición de la Ensaladera.

 

Roland Garros vivió su época más oscura con la llegada de la Segunda Guerra Mundial, cuando sus pistas fueron dominadas por la Gestapo como campo de detención de judíos para su posterior deportación a los campos de concentración del régimen nazi. Pero, desde entonces, por sus veinte canchas han pasado leyendas del deporte de la raqueta que han dejado huella en los anales históricos del evento parisino.

Allí Rod Laver añadió el trofeo para completar por primera vez el Grand Slam en 1962 (ganar los cuatro torneos más prestigiosos) siendo el único tenista en lograrlo en dos ocasiones hasta la fecha -la otra fue en 1969- en medio de un curso en el que el australiano venció en 22 torneos igualando la temporada 1938 de Don Budge y la 1953 de Maureen Connolly. También Roger Federer, más recientemente en 2009, añadió al fin Roland Garros a su vitrina de grandes trofeos.

En 1985 Martina Navratilova y Chris Evert disputaron una de las finales antológicas del circuito femenino –quizás la mejor- en el que fue el 64º cara a cara entre ellas en medio de una hegemonía de la checa que se extendía a dos años y medio sin conocer la derrota ante la norteamericana. Ganó Evert 6-3 6-7 (4-7) 7-5 con un último passing de revés ante el que asintió Navratilova para ver cómo una de sus máximas rivales se erigía campeona en un ambiente de máximo furor en las gradas.

 

Pero, sin duda, si hay algo remarcable en la historia de Roland Garros, ha sido la tiranía de Rafa Nadal sobre la arcilla de la Philippe Chatrier –la pista central del recinto-. Allí el balear labró su irremplazable figura como uno de los máximos exponentes sobre polvo de ladrillo que ha existido jamás en este deporte conquistando en 2005 la “Copa de los Mosqueteros” ante el argentino Mariano Puerta, por primera vez, en el comienzo de un legado que alberga hasta hoy nueve entorchados en ese mismo lugar (2005-2008 y 2010-2014).

Tras Roma, como última gran plaza, París toma el testigo iluminando su semblante con estrellas mundiales. La ciudad del Sena rendirá pleitesía a la magia del tenis en la 115ª edición del segundo Grand Slam del año.

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