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Paredes para construir la nueva Roma

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“Paredes es nuestro, no se toca, no se va a ir y es mejor que Pjanic”. Así de contundente se mostró Luciano Spalletti ante los rumores constantes -alimentados por las propias dudas iniciales del míster- que situaban al centrocampista argentino fuera de la Roma y cerca de Liverpool o Milan, donde Montella hizo público su deseo de poder contar con él.

Puede pecar de exagerado Spalletti pero no va de farol. El técnico toscano ya dejó pistas el año pasado acercando al eje a Pjanic de requerir de un jugador más técnico y ágil que De Rossi para ganar dominio y darle la manija y Leandro Paredes, como demostró en Empoli el curso pasado, es un perfil ideal para sus intenciones, dentro de su constante adaptación al oponente.

Tras surgir como enganche en Boca a la estela de Riquelme, ser cedido al Chievo para disputar un sólo partido con los veroneses antes de pasar otra temporada en la Roma como habitual interior suplente; Paredes llegó también a préstamo al Empoli para 21 años y 12 jornadas más tarde descubrirse de repente en un regista que nunca pareció haber jugado de otra cosa en toda su formación y breve trayectoria. Mérito de Marco Giampaolo obviamente, pese a que necesitó probar antes a Dioussé, a Rolando y a Maiello para paliar la baja de Valdifiori. Y deslumbró.

Criticado en su anterior etapa en Roma por lento y pasivo en defensa, Paredes se ha descubierto a las segundas de cambio en la capital como un fantástico playmaker bajo que parece decir a viva voz ¡vamos a mandar! A sus 22 años y con sólo cuatro titularidades como bagaje de su anterior ciclo, su “redebut” como giallorosso fue una delicia que dejó ver su pericia de trequartista en la zona de organización.

Paredes es el único “tiempista” de la plantilla, el nuevo David Pizarro del viejo Spallletti. No sólo distribuye como los ángeles también orquesta y ordena constantemente y lo hace todo con la calma del que lleva esperando mucho tiempo y con una pulcritud desorbitada en todos sus trazos. Juega sin temores ni ataduras para no perderla nunca y entender perfectamente el ritmo que debe imprimir al juego a cada instante desde el inicio de la acción.

Su visión es capaz de superar como se le antoje las líneas rivales con sus propias líneas de pase. Es un futbolista de toque delicado y preciso, que siempre juega con la cabeza alta, que es frugal en sus conducciones y toques y que posee recursos múltiples para la gestión del balón. Una cualidad necesaria para permitir a la Roma construir un renovado armazón que le permita soñar con aspirar al Scudetto, registrar un papel digno en la Champions League y, sobre todo, seguir siendo mejor que sus rivales para no caer por debajo de las plazas de acceso a la máxima competición continental en un año en que la batalla por ellas se presenta más que ardua.

Entre sus virtudes como cinco organizador están su inclusión entre centrales para hacer ancho al equipo desde el principio, su capacidad para girarse y salir de una presión de varios efectivos siempre con tino y ventaja para el compañero, su maestría para lanzar el envío diagonal en largo, para distribuir lateralmente, para jugar de primeras siempre que sea posible y beneficioso, para dar un par de pasos al lado en busca de la triangulación con el lateral contiguo que eleve el bloque paulatinamente, para lanzar al extremo o para buscar el desmarque del punta y para derribar líneas con sus verticalizaciones por abajo. Una faceta de la que puede presumir de ser uno de los grandes virtuosos de la élite futbolística por ser éstas siempre impolutas pese al gran riesgo de interceptación y que tan bien hablan de su entendimiento de los espacios.

Hallar la mejor solución a la continuidad parece ser su obsesión. Un futbolista tardíamente reconvertido a organizador que parece seguir la huella de Sarri con Jorginho -aunque con añadidos- pese que el actual técnico del Napoli nunca llegó a entrenarlo y que toma parte del relato que Ancelotti creó con y para Pirlo y más tarde reeditó con Kroos gracias al indispensable trabajo previo de Guardiola en Múnich. Paredes es una evolución en su zona, un gestor muy a lo Jorginho, Kranevitter o Busquets pero que añade una agilidad corporal superior a los que ya puede considerar de su misma especie gracias a su más depurada técnica y al amplio catálogo para la distribución que demuestra con un pie exquisito que le da licencia para ser el lanzador de toda jugada a balón parado cuando el argentino está sobre el verde en acciones desde las que llegarán varios puntos para la Roma esta temporada.

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El campo de mejora evidente para Leandro Paredes es sin balón aunque ya está llevando a cabo sus avances. En una Roma que pretende actuar con laterales muy largos es esencial para jugar de mediocentro posicional. Ya se le ha visto retrocediendo con un esfuerzo renovado en los seguimientos aunque todavía le falta cierta intensidad en esos duelos para acometer el robo y hacer crecer su sentido táctico en fase de posesión rival y, sobre todo, en transición ofensiva del adversario.

La solución que ha encontrado Spalletti para contar con sus tremendas aptitudes sin que sus peros resten demasiado al equipo es colocarle muy cerca a Kevin Strootman, soltando a Nainggolan. Una ayuda inconmensurable la del holandés en ambos sentidos del juego ya que, además, si el ataque de su equipo es posicional, Paredes es una vía de mejora clara por su talento para filtrar pases pese a la estrechez de espacios. Ahí es también un arma que puede ser muy certera si la Roma se parapeta en la frontal adversaria aunque será solamente de forma ocasional ya que Spalletti no puede cortar las alas a los velocistas Salah, El Shaarawy y Perotti y claro, es Paredes quien debe guardar necesariamente la posición atrás con equilibrio, intensidad y fruición.

Leandro Paredes no es todavía un mediocentro único cien por cien dominante pero está en el camino de serlo. Hay varios centrocampistas posicionales que manejan y tocan la pelota muchas más veces por partido que él en la Serie A (promedio casi 60 pases por partido el curso pasado en el Empoli, registro similar a Montolivo, De Rossi o Marchisio) pero pocos o ninguno tienen su destreza con el balón en los pies para con un simple pase derrocar una o dos líneas rivales y para erigirse al mismo tiempo como perfecta ligazón entre las líneas de su equipo.

Sentar a un símbolo como Daniele De Rossi no será una tarea fácil desde el punto de vista del liderazgo y el vínculo afectivo con la grada y el equipo pero, por puro fútbol, Leandro Paredes está llamado a ser por fin una pieza fundamental para la Roma durante esta campaña. A sus 22 años es el año de su definitivo y fulgurante despegue. Y de su mano, Paredes quiere guiar y llevar a la Roma a las alturas.

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