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Palermo, el récord que explica el éxito

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Revisar el historial de Maurizio Zamparini es una actividad que entretiene a cualquiera. El dueño del Palermo ha despedido a 26 técnicos desde su llegada al club 2002, que sumados a los otros 26 que ya había despedido como presidente del Venezia, suman un total de 52 cambios de entrenador en un cuarto de siglo. Queda claro que el Etna no genera la única actividad volcánica de Sicilia.

El último en caer fue Gennaro Gattuso, que no eligió precisamente la mejor plaza para iniciar su aventura en los banquillos italianos. El dubitativo inicio de temporada en Serie B, tras el descenso, provocó su despido a finales de septiembre de 2013, después de conseguir solo dos victorias en las seis primeras jornadas. Suficiente paciencia había tenido Zamparini con él.

Desde entonces, han pasado más de 491 días. Más de un año, cuatro meses y una semana. Desde entonces, un entrenador ha conseguido mantenerse impasible durante todo ese tiempo en el banquillo más caliente de Italia. Un héroe, podría decirse. Giuseppe Iachini ha batido un récord, y ya es el entrenador que ha estado más tiempo de manera consecutiva en el banquillo del Palermo bajo el mandato de Zamparini.

 

 

La anterior curiosa plusmarca la tenía, precisamente con 491 días seguidos como técnico del Palermo, Francesco Guidolin. De hecho, continúa siendo el entrenador al que más apego tiene Zamparini: “Es el mejor que he tenido”, declaró hace poco. Guidolin condujo al Palermo al histórico ascenso a Serie A en 2004 y al año siguiente clasificó al equipo para la Copa UEFA. Un año, cuatro meses y una semana.

Posteriormente, Guidolin pasaría otras dos etapas en el Palermo, en la temporada 2006/2007. Llegó en verano, un año después de su primer adiós y duró hasta abril, tras la caída del equipo por la lesión de Amauri. Un mes después de su despido, volvió a ser convocado para el banquillo rosanero y en los dos últimos partidos volvió a clasificar al equipo para Europa. Actualmente, tras cuatro años a gran nivel en Udinese, es el supervisor de los principales equipos de la familia Pozzo.

Iachini ya conocía a Zamparini cuando llegó a la isla. Es más, Beppe fue ‘de facto’ el último entrenador del empresario friulano como dueño del Venezia. Recién retirado como futbolista de nivel medio, sustituyó en octubre de 2001 a Cesare Prandelli. Sin embargo, al no tener la licencia en regla, fue Sergio Buso quien asumió la dirección de manera oficial. Luego Iachini sería sancionado por este hecho.

 

 

Desde su llegada a Palermo, Iachini ha aportado una estabilidad al equipo que no conocía desde hace más de una década. Recogió los retales a medio construir de Gattuso, impuso un 3-5-2 como sistema, más eficaz que divertido, y enseguida certificó el retorno rosanero a la década, récord de puntos incluido en Serie B.

La estabilidad se hizo fuerte en verano y se mantuvo el bloque que había conseguido el ascenso, con fichajes muy puntuales para la rotación. Sin embargo, el inicio no fue positivo y sin victorias en las primeras seis jornadas, su despido parecía cercano. De hecho, Zamparini ya había hablado, precisamente, con Guidolin. Pero el encuentro contra el Cesena, el primer triunfo en el retorno a Serie A, supuso un punto de inflexión.

Desde entonces, de la mano del eje formado por Sorrentino en portería, Giancarlo González y Ezequiel Muñoz en defensa, Maresca y el capitán Barreto en mediocampo y la maravillosa dupla atacante de Franco Vázquez y la joya Dybala, el Palermo se ha convertido en una de las revelaciones del campeonato. Su juego ya no solo consigue resultados, sino que también gusta.

Y el récord de permanencia en el banquillo del Palermo no se queda en una mera anécdota, sino que es un factor clave para entender el éxito del actual Palermo. Iachini sonríe bajo su inseparable gorra. Zamparini, mientras, parece haber guardado, al menos por el momento, la máquina de despedir entrenadores.

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