Deporte con estilo

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Países deportivamente hablando

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Medir el deporte en términos políticos, más allá de los riesgos que comporta avivar a destiempo esta mezcla, puede resultar inadecuado e impreciso. Aunque las grandes citas deportivas sirven también para espolear sentimientos de identificación nacional y hacer partícipe a la ciudadanía en la celebración de éxitos de deportistas, equipos o selecciones que, al fin y al cabo, son de todos, no siempre queda claro cómo referirse a esos territorios de los que proceden y donde reside esa colectividad a la que representan bajo una bandera y un himno común. El periodismo emplea para ello, en ocasiones indistintamente, los  términos “país”, “estado”, “nación” o “nacionalidad”, aunque no siempre lo hace de manera correcta teniendo en cuenta las diferencias existentes entre estos conceptos y las particularidades de cada uno de los territorios.

Según el diccionario CLAVE, país se define, no sin ambigüedad, como “territorio que constituye una unidad cultural o política”, pero también como “estado independiente”; estado es el “conjunto de órganos de gobierno de un país soberano” o bien el “territorio y población de cada país independiente”; mientras que nación aparece con tres acepciones: “conjunto de habitantes de un país regido por un Gobierno central”, “territorio de este país” o, en un concepto mucho más amplio, “conjunto de personas con un mismo origen étnico y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común”.

A nivel internacional, las federaciones deportivas suelen corresponderse con lo que hoy conocemos como estados, aunque no siempre. Así, en deportes de seguimiento universal como el fútbol, cuyo órgano rector (la FIFA) agrupa 209 asociaciones o federaciones nacionales, 16 afiliados más que Estados miembros tiene reconocidos Naciones Unidas (la condición de oficialidad que se suele tomar como referencia en la comunidad internacional para poder hablar de “país”), cuentan con selección nacional territorios de ultramar de carácter autónomo como Islas Feroe o Groenlandia (que pertenecen a Dinamarca), Islas Vírgenes Británicas o Macao y miembros fundacionales históricos como Inglaterra, Escocia, País de Gales e Irlanda del Norte. En este caso, al igual que ocurre en el rugby y en el golf, no se habla ni de británicos (salvo en los Juegos Olímpicos) ni del Reino Unido.

Kosovo, república reconocida por más de cien países pero vetada por Rusia y China en el Consejo de Seguridad de la ONU para ser Estado miembro y, por tanto, tener plena independencia, se sumó este año a la Federación Internacional de Baloncesto Asociación (FIBA), que ya suma 215 asociaciones nacionales, entre las que tienen entidad propia federaciones como Islas Vírgenes Británicas o Samoa Americana; a la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF), que cuenta con 214 miembros; y a la Federación Internacional de Natación (FINA), con 208 asociaciones. Tanto en atletismo como en natación compite en Mundiales como federación propia la colonia británica de Gibraltar.

En el ámbito del olimpismo, las denominaciones “país” o “Estado” tampoco se ajustan con exactitud a la estructura del COI. El Comité Olímpico Internacional prefiere hablar de nacionalidades o de comités olímpicos nacionales (siglas CON en español y NOC en inglés), que actualmente suman 206 (el último reconocido fue Sudán del Sur). Tal como explicita el artículo 3o de la Carta Olímpica, “la expresión “país” significa Estado independiente reconocido por la comunidad internacional”, es decir, se trata de una catalogación que restringe a los 193 estados miembros de la ONU (los últimos fueron Montenegro en 2006 y Sudán del Sur en 2011). Por ello, señala que en los Juegos Olímpicos de Río habrá alrededor de 10.500 deportistas participantes de 206 nacionalidades diferentes, no de países, que son bastantes menos en realidad.

Como indica el propio diccionario CLAVE, nacionalidad se refiere al “estado o situación de quien posee el derecho de ciudadanía de una nación”. Más allá de identificaciones culturales y sentimientos, supone el reconocimiento de un estatus jurídico o legal, que es el que mejor se ajusta a la realidad no solo del pasaporte de cada deportista, ya sea nativo, nacionalizado o asimilado, sino también de las propias estructuras del deporte federado y olímpico internacional. En el ámbito deportivo, es mejor hablar de territorios y nacionalidades que de países, Estados o naciones, mucho más imprecisos.

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