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Pádel: el auténtico ‘boom’ deportivo de este siglo

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Me atrevo a afirmar que a estas alturas ya lo habrás practicado. Seguramente, lo pasaste bien y has acabado repitiendo. También es posible que le hayas ido cogiendo el gusto y lo hayas incorporado dentro de tu rutina semanal. Si el resultado ha sido el esperado, puede que incluso te hayas especializado hasta convertirlo en tu deporte, habiendo adquirido unos conceptos y habilidades que te permiten competir en torneos locales, provinciales o incluso autonómicos.

Sea cual sea el nivel en el que estés situado a día de hoy, lo que está claro es que no habrá sido exageradamente complicado que tu nivel de juego haya ido incrementando partido a partido. Más allá del talento y la facilidad de aprendizaje de cada jugador, estamos hablando de un deporte que vive rodeado de una serie de elementos que hacen difícil que tu progresión se vea estancada o frenada. Hablamos de un auténtico monstruo que se ha consolidado de forma aplastante en España, y que de seguir así tiene todos los números para acabar siendo uno de los deportes de referencia. Bajo esta coyuntura, nos preguntamos ¿qué tiene de especial el pádel y por qué nos gusta tanto?

Pistas, pistas everywhere

El suceso desencadenante para la implementación de este deporte ha sido la fuerte apuesta que hicieron y siguen haciendo los gimnasios y clubes deportivos para atender, de la forma más efectiva posible, una demanda que no ha parado de crecer en los últimos años hasta convertirse en un auténtico boom nacional sin precedentes. Un deporte crece cuando existen facilidades para practicarlo, y en el pádel nos encontramos con facilidades porque la infraestructura requerida para el desarrollo del juego no supone un esfuerzo económico inasumible para la gran mayoría de los clubes. Bajo este planteamiento, se trata de algo tan simple como acercar la oferta a la demanda ciudadana, convirtiéndolo así en un deporte al alcance de cualquiera. Un buen número de pistas en tu zona permite que tus primeros aprendizajes tengan continuidad. Se trata de un deporte en el que gozarás de todas las facilidades para empezar y experimentar, en un plazo de tiempo no muy prolongado y siempre dentro de tu umbral de talento, una sustancial mejora.


Mejora continuada: tu talento marca el límite

Un motivo por el que considero que este deporte está teniendo éxito es porque durante tu proceso de aprendizaje te sientes acompañado de una sensación de constante mejora, que debe ser vista desde un aspecto emocional que, a menudo, va más allá del resultado del partido. Esta satisfacción tiene una razón: estás practicando un deporte de progresión rápida.

Este ‘éxito’ inmediato nos hace sentir bien desde el inicio y nos anima a no dejarlo. Se trata de un deporte en el que puedes mejorar notablemente y jugar a un correctamente sin haber invertido mucho tiempo ni dinero. Entiéndase el término ‘correcto’ como aquel partido con un nivel de juego con el que tu cuerpo es capaz de gestionar la fatiga a nivel aeróbico (períodos extensos de intensidad continuada, que te obliga a mantener una frecuencia cardíaca más elevada mientras tu cuerpo se encarga de reponer energía almacenada) mientras responde bien a los picos de ejercicio anaeróbico que habrá al inicio y en determinadas fases del partido, como suele suceder en los deportes de raqueta. El hecho de notar, semana a semana, un aumento de fatiga física al terminar es un síntoma de que el nivel de tus partidos va subiendo, e indica que ha llegado el momento de tratar de reducirla a través de un entrenamiento específico. En este sentido no tendrás ningún problema: este boom deportivo ha ido acompañado de una gran cantidad de personas que durante los últimos años se han formado como entrenadores de pádel y que desempeñan este trabajo en los distintos clubes de todo el país.

Pertinencia a un grupo

El pádel lleva implícito un potentísimo componente social. Al analizarlo, te das cuenta que estos factores emocionales llegan a tener incidencia a nivel físico y competitivo. En primer lugar, debes conseguir sincronizarte con tu pareja y con el grupo de personas con las que juegas habitualmente. A medida que va variando y evolucionando tu nivel de juego, te ves en la necesidad (y a veces hasta en la obligación) de ir cambiando de compañeros de juego, por lo que es un deporte que te presenta constantemente nuevos escenarios sociales a los que debes aclimatarte. Lo mejor de todo es que esto no solo depende de ti, ya que puede ser cualquiera de tus habituales compañeros de juego el que necesite cambiar de rivales. Este factor, juntado con los anteriormente mencionados, hace del pádel un deporte en el que puedes interaccionar con una gran cantidad de gente en espacios de tiempo reducidos.

El hecho de ‘promocionar’ e ir entrando en partidos con gente que antes veías como inalcanzables es la constatación de que se van cumpliendo tus objetivos, dándote la mayor de las satisfacciones. Otro efecto bien diferente desencadena el hecho de que el que deje de jugar contigo sea tu compañero, que ha incrementado tanto su nivel de juego que ahora difícilmente te llama. ¿En qué se traduce esto? En más ganas de mejorar.


El físico no lo es todo

Uno de los aspectos más atractivos de ir participando en torneos que se disputan en tu zona geográfica es la oportunidad de conocer gran cantidad de jugadores con distintos estilos y golpes, que te obligan a replantearte constantemente muchos aspectos de tu juego. Y es aquí cuando te das cuenta (normalmente, tras un baño de realidad) que el componente mental y posicional es crucial en este deporte. Como sucede en otras disciplinas, se pueden tener mucha técnica pero es insuficiente si se carece de disciplina táctica y rigor posicional. Uno de los aprendizajes más importantes, a medida que vamos jugando, es el de dar a lo que hacemos con las piernas la misma importancia que lo que hacemos con los brazos.

Hay que aprender los golpes, pero el que hará que puedas ejecutarlos con un alto índice de éxito es la posición de tu cuerpo al llegar al punto desde donde golpearás. Hay que ganar el punto desde la red, pero lo que te hará llegar a ella es una buena posición defensiva desde la cual podrás mandar a tus rivales al fondo de su pista con un globo. Hay que correr, pero es igual de importante aprender cuándo hay que hacerlo.


Este deporte llegó para quedarse

El ritmo de crecimiento de este deporte es absolutamente imparable. No solo a nivel mediático (alguna cadena ya ha adquirido derechos televisivos para retransmitir los torneos de World Padel Tour) sino también a nivel federativo. El número de personas que compiten como federadas ha sido de 58.324 en el año 2016 (en 1993 eran cero), situándose como decimocuarto deporte con más licencias federativas del país, dejando atrás a deportes con tanta tradición como el patinaje o la gimnasia. El pádel también ha sobrepasado de manera notoria a otros deportes de su ‘familia’ como el bádminton o el tenis de mesa, que han quedado relegado a niveles de práctica muy lejanos. La siguiente víctima de este fenómeno de masas parece ser el deporte de raqueta por excelencia: el tenis, que con más de 80.000 licencias vive en su King’s Landing particular, acomodado como líder inalcanzable para el resto. Un cargo que no parece asustar al pádel, que en 2016 y según datos del Consejo Superior de Deportes, se encuentra a poco más de 20.000 licencias de distancia.

La cifra no es lo más relevante, sino la dinámica en la que se hallan un deporte y otro: por un lado, una clara disminución del número de licencias de tenistas en los últimos cinco años, frente a un estratosférico incremento de las licencias de pádel. Analizando este gráfico, existe la posibilidad de que acabemos asistiendo, durante la próxima década, a la llegada de un nuevo dueño al trono de los deportes de raqueta. Si finalmente así es, como amante y practicante de este deporte, no me quedará más remedio que desearle larga vida.

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