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Paciencia, objetivo de Ernesto Valverde

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El objetivo enfoca hacia la paciencia, el gran reto de Ernesto Valverde. Desde su cámara, su otra pasión. Su dilatada experiencia le ha concedido desarrollar el ojo fotográfico, y en esa capacidad, también se refleja la lectura del fútbol. Desarrollar una magnífica observación para cazar la foto perfecta.

Sin embargo, ha aterrizado en el Camp Nou, un laboratorio donde se le exige más a la fotografía. Desde el primer momento y hasta en las últimas imágenes, donde concluyen las temporadas y los trofeos deben ser protagonistas de las instantáneas.

Paciencia, no la suya, que ya la tiene. Transmitir la facultad de saber esperar sin perder los nervios. O más bien, devolver al barcelonismo al lugar donde estuvo antes de perderlos. El olor del pesimismo ha sido la fragancia de un verano seco, donde apenas se podía respirar. El bochorno absorbió toda pizca de adrenalina tras la gesta ante el PSG, que pareció ser un punto de inflexión, y se quedó en la hazaña de una temporada que no terminó con buen sabor. No preparó mejores platos para ésta. Neymar abandonó Barcelona. La afición sigue reclamando fichajes mientras el tiempo pisa los talones. Y si ha llegado Paulinho, el denominado peor fichaje de la historia de los Spurs, por tal cifra económica y con procedencia de la liga china, no es de agrado. Porque pocos son los que conservan un pellizco de sosiego para detenerse a valorar qué puede aportar un futbolista que es actor en una película de terror, sin ser el protagonista.

Está claro, Valverde no abrió la puerta del vestuario azulgrana en el mejor momento. De allí, que el primer reto sea transmitir esa calma y dotar a la afición de una paciencia necesaria. Y no es fácil cuando varios factores juegan en contra. Empezando por la exigencia a la que es sometida el club. Ya no juega la comparativa histórica. El Barça alcanzó la gloria, esa fama peligrosa, que impone año tras año la obligación de ganar. No jugaba bien, sino que además lo hacía bonito. Y eso gusta, y mucho. Cuando se posee plantilla capaz de hacerlo, se convierte en la demanda.
El máximo rival es el otro factor que empuja al precipicio. Se ha convertido en un rodillo, jugando su mejor baza a través de la medular. Con profundidad de plantilla, de talento y motivación, de juventud y futuro. Un intercambio del conjunto de naipes, que con sus diferencias, acerca al Real Madrid a asemejarse en lo que hacía el FC Barcelona un tiempo atrás, y le complica la partida.

El aficionado culé está nervioso, en contra de una gestión que no aprueba. Con el deseo firme de no resignarse y, a la vez, cubierto de desesperanza. Con capítulos reincidentes, es difícil hallar quien baje el volumen de la protesta.

Probablemente, el hombre que acomode la calma sea Ernesto Valverde. Curioso, cuando entre todos los rumores de la vacante para dirigir el banquillo de la entidad azulgrana, Valverde era el que estaba más cerca pero sin completa aprobación del espectador. Hay cierta sensación de que se anhelaba un bombazo. Apetencia por coquetear en el ámbito internacional. Sin embargo, parece él, el que finalmente llegó, quien pueda sostener a este Barça con la misma templanza que agarra el objetivo en el que se libera. Con la misma serenidad y tiempo para observar los detalles que quiere captar del panorama. Con la misma precisión.

Conocedor de un inicio complejo, Valverde instaló la apacibilidad frente al foco mediático y al examen de interrogantes vinculados al estilo. Y sí, seguro que es de agradecer que la cara visible transmita cordialidad y sencillez. Sin incidir en el juego, un elemento relevante para gestionar una plantilla de tal calibre. Algo que deja entrever ser un buen gestor de vestuario. Cualidades que, a la misma vez, se asemejan a la figura necesaria para creer en esa ineludible paciencia.

Del mismo modo, ha soportado el chaparrón vivido en el Bernabéu, donde arriesgó en su pizarra leyendo un partido que finalmente se ejecutó con diverso procedimiento. Valiente y no efectivo.
Sin embargo, tras la tormenta llega la calma. Precisamente bajo la que desea trabajar.

El bautizo del Txingurri en Liga es un destello de placidez. Una victoria necesaria, la primera llamada a la tranquilidad. El encuentro partió con diversas modificaciones. Esta vez, Valverde acertó.

La presión interpreta la experiencia del entrenador. Esa rápida recuperación, también se ha dejado ver en el primer encuentro de Liga, donde el Barcelona robó mucho balón en campo rival. Aunque todavía no se haya descifrado el abanico de posibilidades de Valverde al frente del conjunto azulgrana, ya hemos podido hacernos una ligera idea sobre sus apuestas.
Ante la ausencia de Iniesta y Luis Suárez, planteó un sistema que permitió volver ver a Messi de falso 9. El argentino volvió a evidenciar cómo jugar un gran partido sin conquistar la portería.
Semedo fue titular y respondió. Deulofeu mostró sacrificio y buscó la conexión, siendo partícipe en las dos jugadas de gol. Y Sergi Roberto exhibió una vez más su versatilidad, siendo complejo afirmar su actuación en una única demarcación, de interior o mediapunta, mostrando su capacidad para cumplir diversas funciones. Con llegada, gol, asociación con Leo Messi y esa energía que suma. Volvió hacia su hábitat más natural. Algo que nos hace deducir que esta temporada desea reivindicarse en la posición donde se siente cómodo.
Sin exactitud de lo que depara el fin del mercado, tanto el de Reus como el de Riudarenes, aprovecharon la oportunidad para demostrar su fiabilidad y la pretensión por la titularidad.

Valverde vino al lugar donde algunas piezas son fijas. Difícil cuando deseas realizar pruebas. Fácil cuando todas funcionan.
Aunque es cierto que algunas instantáneas precisan de una rápida reacción, otras necesitan un espacio más extenso para analizar los errores cometidos, y en base a ello, lograr una captura perfecta.

La primera victoria en el Camp Nou es un esbozo, el primer trazado de la proyección que dibuja un entrenador que cree en la esencia de aquel estilo, que contagia nostalgia a gran parte de la afición.

Saber esperar, esa capacidad costosa. El método que puede devolver, poco a poco, la ilusión. Una fórmula que requiere tiempo para Valverde y paciencia para la afición.

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