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Pablo Machín: El arquitecto del sueño

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“Cuidado Leo Messi, el Girona ya está aquí.” Eufóricos y exultantes, los jugadores y los aficionados del equipo catalán gritaron varias veces esta proclama en los actos de celebración del ascenso del Girona a Primera división. El deporte rey ha sido enormemente cruel con el conjunto de Pablo Machín, que se había quedado a un paso de Primera hasta en tres ocasiones en los últimos años; pero el domingo, en la enésima oportunidad de Girona para tocar el cielo, el fútbol permitió que la ciudad llorara de alegría al verse, por fin, en el lugar que se merece, en la élite del balompié español. No hay ninguna duda, nadie en el mundo lo merecía más que este club, esta afición y esta ciudad.

Ciertamente, el camino hasta Primera ha sido muy duro para el Girona de Pablo Machín, que aterrizó en Montilivi el 10 de marzo de 2014 para tomar las riendas de un conjunto que parecía estar condenado al descenso. Después de 29 jornadas de liga la situación era dramática para el equipo, que iba último y estaba a cinco puntos de la permanencia.

Las cosas no empezaron muy bien para Machín en la Costa Brava. En el primer partido al mando del conjunto gerundense, derrota por 0 a 1 en casa ante el Murcia. En el segundo encuentro, derrota por 3 a 1 en el campo del Sporting de Gijón. Con estos dos resultados, la salvación se había alejado a 8 puntos. El reto, más difícil todavía.

Pero pese al mal inicio, algo había cambiado en el Girona con la llegada del soriano. Jordi Guerrero, en el cargo de segundo entrenador desde antes de la llegada de Pablo Machín, lo recuerda de la siguiente manera: “Cuando llegó se sentó con el staff y nos preguntó como veíamos al equipo. Después se sentó un día conmigo y decidió cambiar cosas. Perdimos los dos primeros partidos, pero a partir de allí la cosa cambió.”

Así fue. El equipo cambió, y mucho. En los 11 encuentros después de jugar contra el Murcia y el Sporting, el Girona sumó 6 victorias, 3 empates y tan solo 2 derrotas. “La plantilla hizo un paso adelante y consiguió salvarse in extremis”, sentencia Guerrero. “Fue una salvación milagrosa”, concluye Àlex Granell, uno de los capitanes.

Efectivamente, la permanencia del Girona tuvo una gran dosis de épica. Pablo Machín cogió el equipo como colista y logro salvarlo en la última jornada, después de estar 23 semanas consecutivas en descenso. Como recuerda Isaac Becerra, que después de cuatro cursos en Montilivi ahora defiende la portería del Real Valladolid: “Lo pasamos muy mal. Aquella temporada fue muy difícil, muy complicada. Fue un huracán de sensaciones”.

Isaac Becerra en su etapa en Girona (Getty)

Una de las claves de aquella salvación fue, sin duda, el cambio de sistema que propuso Pablo Machín. En medio de una situación muy adversa, el de Soria apostó por jugar con tan solo tres defensas, un esquema que había aprendido de Miguel Ángel Lotina en el Numancia. Según Isaac Becerra, el 3-5-2 que empezó a utilizar el Girona “sorprendió a los equipos rivales y fue lo que nos permitió sacar la situación adelante”.

Con los años, este sistema ha terminado convirtiéndose en la principal seña de identidad del equipo. Basta con hacer una visita a la web del club para descubrir la fascinación del Girona por el 3-5-2. En el apartado dedicado a la plantilla, los jugadores se reparten en hasta cinco categorías: porteros, defensas, mediocampistas, delanteros… y carrileros.

La importancia de estos últimos en las alineaciones del Girona es capital. De la forma que los conciben Pablo Machín y Jordi Guerrero, los carrileros tienen “mucho recorrido” y permiten que el equipo sea “muy agresivo”, argumenta Pere Pons, el pulmón y el ancla de los catalanes en el centro del campo. Efectivamente, la esencia de este Girona radica en ser un conjunto muy versátil y en no caer en el error común de jugar demasiado defensivamente por alinear tres centrales y dos carrileros.

El éxito de los de Pablo Machín pasa por saber leer a la perfección el potencial del 3-5-2, cosa que le permite abarcar mucho campo y maximizar las posibilidades ofensivas y defensivas que ofrece este atípico planteamiento. Con tales ingredientes, el Girona se ha convertido en un conjunto que es “muy difícil contrarrestar”, destaca Isaac Becerra.

En definitiva, el cuadro gerundense se caracteriza por ser muy fuerte y resolutivo en las dos áreas del terreno de juego, en la propia y en la ajena. Buena prueba de esto es que, en las últimas tres temporadas, el Girona acostumbra a ser un habitual entre los conjuntos más goleadores y los menos goleados de Segunda división. Sin ir más lejos, en el presente curso, el equipo es el máximo goleador del torneo, con 64 goles a favor.

Sin duda, otra de las grandes virtudes del 3-5-2 del Girona pasa por estar siempre en constante evolución. En los últimos años, Pablo Machín y su staff técnico, siempre fieles a esta disposición táctica, han actualizado continuamente el sistema hasta convertirlo en un esquema que incomoda a la mayoría de rivales, que ven atónitos como el Girona es capaz de defender y atacar con muchos futbolistas a la vez. “Es un sistema que sorprende”, admite el siempre sonriente Jordi Guerrero.

Así pues, el 3-5-2 de hoy no es el mismo que el de los inicios del técnico soriano en el Girona. “El dibujo es el mismo, pero la manera de trabajarlo no se parece en nada a la del primer año”, subraya un Àlex Granell que también acierta en señalar “la capacidad que ha tenido el cuerpo técnico de adaptarse al sistema y de irlo mejorando”. Y es que al final, causa del inalterable paso del tiempo, “los rivales te van conociendo, van viendo tus virtudes y tienes que ir cambiando cosas”, apunta el joven Pere Pons.

Àlex Granell

Es cierto que pueden cambiar cosas –en función del rival, el Girona juega con dos delanteros centro o sacrifica a uno de ellos para poblar más el centro del campo–, pero para Pablo Machín hay algo que siempre es innegociable: el trabajo y el esfuerzo. Es así, estos dos elementos son la base de la versión perfeccionada del 3-5-2 que utilizan los de Montilivi. Esto es lo que convierte a la plantilla del Girona en un bloque enormemente competitivo: la entrega, la lucha, la intensidad, la implicación y la solidaridad. Palabras llenas de contenido, condiciones sine qua non para un míster que se siente realizado cuando ve que sus jugadores han dado hasta el último aliento sobre el terreno de juego. “El trabajo es la mejor garantía”, recalca Jordi Guerrero.

Otro aspecto clave radica en cómo se ha digerido el drama de quedarse a las puertas de Primera en las dos temporadas anteriores. Según Pere Pons: “Se trata de pensar que, aunque sea mala, la experiencia que se ha vivido te puede aportar cosas positivas en el futuro”. Pero no todo es tan fácil… Para superar los dos últimos ascensos frustrados fue crucial el “trabajo psicológico, mental y anímico del cuerpo técnico”, destaca Granell.

Con todo, si, tal y como asegura presidente de la Penya Immortal Girona, Pepe Sierra, “las derrotas hacen que se una más un sentimiento”, no hay duda de que, a base de encajar duros golpes anímicos, el Girona se ha convertido en una familia. Lo corrobora Pere Pons, que pone énfasis en “la buena sintonía entre el cuerpo técnico, entre la plantilla y entre ellos y nosotros”. “Al final, cuando pasas por momentos difíciles necesitas tener el respaldo de alguien cercano que está viviendo lo mismo que tú”, concluye Àlex Granell.

Los otros dos elementos de esta familia son el club y la afición, que tampoco han parado de madurar en los últimos años. En cuanto a la institución, la entidad se ha profesionalizado, la estructura está en continuo crecimiento y se ha pasado de tener uno de los presupuestos más humildes de Segunda división a disponer de uno de los más altos.

La evolución también es evidente en lo que se refiere a la afición. Es verdad que Girona nunca ha sido una ciudad muy futbolera, pero la masa social del club no deja de crecer.

“Mejor si somos muchos más, todos juntos lo podemos hacer”, reza una estrofa del himno del Girona. Un himno que corearon hasta quedar afónicas los miles de personas que el domingo llenaron Montilivi y que el lunes celebraron el ascenso por las calles de la ciudad. Es cierto que aún queda mucho camino por recorrer en este aspecto, pero Pablo Machín y los suyos han sembrado la semilla para que empiece a cambiar. Y es que hoy los niños de Girona ya no solo tienen como referentes a Leo Messi o Cristiano Ronaldo. Hoy la ciudad está inundada de camisetas con los nombres de Àlex Granell y Pere Pons. Hoy en los patios de las escuelas gerundenses se sueña con tener la eficacia de Samuele Longo o Fran Sandaza, con poseer clase de Borja García o Eloi Amagat o con correr tan rápido como Johan Mojica o Pablo Maffeo. Ya lo avanzaba Pablo Machín hace unos meses, el Girona es “un equipo del que todo el mundo debe sentirse orgulloso”.

Getty

La admiración y el respeto entre Pablo Machín y el resto del grupo son mutuos. No en vano, Jordi Guerrero Pere Pons y Àlex Granell, solo tienen palabras de elogio para él. Guerrero lo define como “un tipo metódico, inteligente y constante”, mientras que Pere Pons afirma que “es un entrenador muy pasional y muy trabajador”. Por último, según Àlex Granell, Machín “es una persona que tiene las ideas muy claras” y que ha conseguido “transmitir la idea de un sistema de juego que ha defendido a ultranza”.

Pero lo más grande que ha conseguido Pablo Machín en el Girona es el ascenso a Primera división que el equipo certificó el pasado 4 de junio, una fecha que quedará guardada para siempre en la memoria de toda la ciudad. Después de tres intentos frustrados, el Girona pudo escribir, por fin, el capítulo más bello del libro de toda su historia.

Hace 20 años, en 1997, el club navegaba en Primera catalana. Hoy la ciudad sonríe por haber llegado a la máxima categoría del fútbol español por primera vez en su historia… Y gran parte del mérito es de Pablo Machín, un soriano de 42 años que celebrará su partido número 150 al mando del Girona el día del debut de ambos en Primera división.

Lo que ha logrado este equipo, formado por personas humildes, honradas y trabajadoras, es magnífico, y ni 120 líneas parecen bastar para contarlo. El éxito del Girona es de los que están ahora, pero también de los que han vivido el drama de los ascensos frustrados y de todos los que aman el fútbol. En definitiva, como dice Pepe Sierra, “este sistema, este entrenador y estos jugadores nos han llevado hasta aquí, y lo que tenemos que hacer es disfrutar del momento”. Toca seguir haciendo historia, ahora en Primera.

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