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Pablo Guede, el discípulo de Guardiola que busca evolucionar al fútbol argentino

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Obsesivo, meticuloso, insistente, ofensivo, arriesgado, desequilibrado. Estos adjetivos, y algunos más, definen a Pablo Guede, el entrenador que hizo un recorrido inverso al de la mayoría de los jóvenes técnicos que vienen surgiendo en el fútbol argentino.

Casi desconocido para el medio local, hizo una extensa carrera como futbolista en España: tras ser goleador en Nueva Chicago en la temporada 1995/96, pegó el salto a Europa, donde se hizo referente del Xerez, Málaga y Elche.

Tras un largo recorrido de 17 años por las canchas españolas, colgó los botines, hizo el curso de DT y entrenó al Deportivo El Palo (equipo de Málaga de Tercera División), Nueva Chicago (fue campeón de la Tercera División argentina en la temporada 2013/14) y Palestino, de Chile.

Hasta allí, los números fríos, pero ¿quién es realmente este joven entrenador que apenas supera los 40 años y que se calzará el buzo de San Lorenzo para generar una evolución en el fútbol argentino?

Su amistad con Vilanova y sus vivencias con Guardiola

Admira a Bielsa, Sampaoli, Mourinho, Ancelotti, Simeone y, aunque admite que roba cosas de cada uno para complementar su idea de juego, tiene a dos personas un escalón por encima del resto: Vilanova y Guardiola.

Con Tito compartió un año en Elche, donde se hicieron amigos por la obsesión que compartían por el juego y la táctica. Hicieron juntos el curso de DT, fueron alumnos de Guardiola y tomó muchas cosas de ellos para formarse.

Guede 01

 

“Pasé 18 días con los dos en Barcelona y lo único que uno puede hacer ahí es aprender. Les dije que lo que más quería que copiaran mis equipos era la presión que ellos ejercían, y con una servilleta y cuatro movimientos me explicaron cómo lo hacen. Es admirable. Básicamente tienen dos formas: en embudo o directamente más fácil, cada jugador agarraba a uno de otro color”.

Su estilo de juego

La idea de Guede es clara: salir jugando, tener siempre la pelota y atacar, atacar, atacar. Con un 4-3-3, que se transforma en 3-4-3, como esquema preferido, busca transmitir, en el club que esté, que la única manera de ganar es, precisamente, intentándolo.

Cuando un entrenador firma contrato en un club lo único que sabe es que, tarde o temprano, lo van echar. Por eso no tengo miedo de arriesgar, jugar y buscar siempre el desequilibrio”. Con esa frase sustenta todo su juego: ataque constante por los costados, presión asfixiante en los 5 segundos posteriores a la pérdida de la pelota y defensa mano a mano de los centrales. Si el rival ataca con dos, él defiende con dos, si ataca con uno, defiende con uno.

Y siempre tiene un argumento para lo que propone: “Cuesta explicarle a los defensores centrales que tienen que jugar mano a mano. Uno les ve la cara y nota que tienen dudas, pero ¿cuál es el problema? Hay que defender en la mitad de la cancha, si total tenemos a otro jugador atrás, que es el arquero”.

La salida desde el fondo es otra de las claves de su propuesta, pero no para que lo llamen ‘lírico’, sino porque es la mejor manera de comenzar un ataque: “Si tiramos la pelota para arriba, sin pensar, la dividimos y es de nadie. El salir jugando no es solamente porque queda lindo, sino también porque el delantero rival tiene que correr más. Si yo salgo jugando y el delantero rival tiene que correr 20 metros, sigo tocando y tiene que correr 40 hacia atrás, ya son 60. Entonces a los 15 minutos no puede correr más y deja de presionar”.

No van a faltar críticas, sobre todo en un San Lorenzo que ganó la Copa Libertadores hace poco más de un año, precisamente, basándose en dejarle la posesión de la pelota al rival y salir de contragolpe. Pero Guede no es necio, tiene variantes: “Una cosa es salir de abajo cuando hay posibilidades y otra es suicidarse. Mis equipos siempre buscan superioridad numérica, básicamente, en la mitad de la cancha. Si la encontramos en los defensores, salimos desde atrás, pero si los rivales marcan muy arriba buscamos saltear líneas y utilizamos a los volantes. La única verdad es jugar donde nos sobra gente”.

Metodología de un obsesivo

¿Qué es lo primero que analizo a la hora de asumir en un nuevo club? Los detalles, como que las canchas para entrenar estén brillantes. Vos a un futbolista le exigís en el entrenamiento lo mismo que en un partido, y si hay un pozo en donde practicás te lo puede usar de excusa. Busco entrenar en una cancha con las mismas medidas y que tengan el césped cortado a la misma altura de donde voy a jugar”.

Aunque no le gusta el mote de ‘obsesivo’ (“Solamente busco achicar el margen de error”), tiene todas las características de un apasionado que respira, vive y consume fútbol.

En la semana mira dos veces los últimos cuatro partidos del próximo rival, y desde diferentes cámaras: “Estudio todos los detalles y me adapto todo el tiempo. Busco cómo puedo ganar, por qué puedo perder. Planifico todo”.

Les da a cada jugador un pendrive con videos de no más de un minuto con jugadas del próximo contrincante, para que ellos mismos analicen y encuentren soluciones: fortalezas, debilidades, cómo coloca el cuerpo el centrodelantero o para qué lado le cuesta más cerrar al lateral.

Con la pelota en la cabeza, también diagrama la pretemporada: “Yo no quiero arena, montaña ni nada de eso. A mí lo único que me importa es la cancha, porque nosotros no hacemos entrenamientos sin pelota, entonces yo necesito la cancha para poder jugar”.

El 4 de enero comenzará su próxima aventura, en el club que, dicen, es hincha desde pequeño, y con su frase de cabecera acompañando cada decisión: “Sólo una cosa convierte en imposible un sueño: el miedo a fracasar”.

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