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Osasuna: el final de una agonía de primera

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No me sentó bien el momento en el que me enteré de que Osasuna ya era equipo de Segunda División. Aunque lo supiera desde enero y lo fuera asimilando desde entonces, o incluso antes, que el equipo de toda tu vida descienda de la mejor categoría no genera ningún sentimiento positivo. Tal vez, lo único que pueda destacar como sensación repentina fuera un cierto alivio que se esfumó al instante.

Terminó pronto porque recordé que todavía quedan cuatro jornadas por disputarse y eso viene a decir que aún restan cuatro partidos de sufrimiento y agonía, la tónica general de la temporada. Con el descenso resuelto, lo cierto es que el próximo mes puede parecer un respiro ya que no se hablará de números ni de posibilidades soñadas más que reales. Pero los jugadores tienen que afrontar dos partidos fuera de casa contra Valencia y Sevilla y otros dos en El Sadar frente a Depor y Granada.

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El supuesto plan se marchó con Martín

Osasuna no sacará la calculadora, pero quizá hasta tres de los cuatro rivales sí deban hacer números y entonces la situación se nos complique un poco más. Los rivales exigirán y los jugadores rojillos tendrán como única motivación ofrecer la segunda -o tercera- victoria en casa ante su afición. No es poco después de lo que se ha desgastado la gente en El Sadar y fuera, pero cuando un equipo no se juega nada cuesta que muestre sus mejores virtudes.

Y las mejores virtudes de Osasuna han sido pocas esta temporada. Y si las hubiera, nunca relucieron como debían ni cuando mejor se encontraba el equipo. Los destellos de Sergio León y las apariciones de Roberto Torres como notas a recordar, y la desgana, poca fe y actitud de fichajes como Jaime, Mérida, De Las Cuevas o Fuentes. Quizá estos últimos sepultados por una situación un tanto estremecedora que no dio luz verde para sacar a relucir su juego, pero igual de culpables de que Osasuna vuelva a Segunda un año después de ascender.

Distribuir culpas entre los 14 fichajes, los que se quedaron y la gente de casa no es justo. Si un equipo solo ha ganado tres veces en 34 jornadas la losa debe caer sobre toda la institución, no solo en la plantilla. Desde arriba se cargaron al pegamento que más y mejor unía al osasunismo, que no es otro que Enrique Martín Monreal, y ya sin él la ilusión desapareció por completo.

Es probable que con Martín en el banco a estas alturas de temporada también escribiéramos sobre un posible descenso. O no. Eso ya no se sabrá. Lo que si sabemos es que, si él y sus jugadores tenían un plan, se marchó cuando el técnico también lo hizo. Ni Caparrós ni Vasiljevic -de director deportivo a entrenador- han sabido dotar al equipo de una estrategia de juego competitiva para plantar cara a los equipos que ocupan la parte baja de la clasificación. Seguramente el actual técnico lo intentó, pero no le siguieron ni sus certezas y lo que en enero pareció un salto, se quedó en intento.

La mejor defensa es un buen ataque… para el rival

Después de 34 jornadas, tres entrenadores y no sé cuántos esquemas utilizados, Osasuna nunca ha parecido un equipo trabajado. La idea asociada a un estilo de juego -juego directísimo o aprovechar las subidas de Clerc en ataque- nunca fue constante de cara a la portería contraria y muchos menos hubo seguridad a la hora de defender la suya. En la jornada 1, 16, 25 o 34, Osasuna ha venido cometiendo los mismos errores atrás, claro síntoma de que, al final, no solo se trataba de que determinados jugadores no  tenían poso para jugar en la élite del fútbol español -Unai, Buñuel o David debutaban como titulares en continuidad en Primera-, sino que la estructura defensiva del conjunto no existió desde enero a junio. Ni en la primera línea ni en la segunda. 82 goles encajados en 34 partidos solo puede conducir a un descenso.

Los números de Osasuna asustan incluso en la mejor película de terror: 18 puntos sumados en tres victorias y 9 empates, con 22 encuentros derrotados y ocupando puestos de descenso desde la tercera jornada del compeonato. Visto así, que me permita sufrir en lo que queda de competición es de agradecer. No hacerlo sería haberme inyectado demasiada anestesia.

No sirve hacer referencia a palabras como tranquilidad o consuelo porque el destino está escrito y nada lo puede cambiar. De hecho, puede dar un vuelvo este verano, o en octubre, cuando se han convocado elecciones a la presidencia del club. Para entonces la ¿nueva? plantilla de Osasuna estará peleando en Segunda División, una categoría que por suerte y por desgracia no nos queda lejos en la mente y nos recuerda que con poco hecho y bien, Osasuna volverá. Porque lo conseguirá, como siempre.

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