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Fútbol Europeo

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Oro oculto, justo brillo

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En 2010, la FIFA y la revista France Football decidieron unificar sus respectivos premios al mejor jugador del año en el FIFA Balón de Oro, el premio individual mas prestigioso que existe. A pesar de que los criterios de puntuación están definidos, el Balón de Oro ha sido siempre objeto de críticas. La más repetida ha sido siempre si se debía premiar al mejor jugador de cada año o priorizar al mejor jugador del mundo en general aunque hubiera otro que puntualmente hubiera merecido más. Más allá del eterno debate, lo cierto es que los futbolistas que desde 1956 han aparecido en las páginas navideñas de France Football son una constelación de leyendas de indudable calidad. Algunos son mitos que cambiaron para siempre la historia como Di Stéfano, Beckenbauer o Cruyff y cuyos nombres siguen siendo repetidos una y mil veces por los aficionados. Pero también hoy otros más desconocidos que son poco recordados por el imaginario colectivo, ya sea porque pasaron toda su vida en un club lejos de la fama de los Madrid o Bayern, porque su reinado fue tan contudente como efímero o porque el paso del tiempo ha ido borrando sus gestas. Pero Stanley Matthews, Josef Masopust, Florian Albert, Allen Simonsen o Igor Belanov son responsables de alguna de las páginas doradas del fútbol. Su oro quizá está oculto, pero el brillo es totalmente justo y en Sphera Sports queremos recordar a los balones dorados menos recordados.

Stanley Matthews, “El Mago del dribbling”

Hijo de un barbero que fue ex boxeador, Sir Stanley Matthews tuvo el honor de ser el primer Balón de Oro de la historia. Y uno de los que tiene una biografía más interesante. Nacido en 1915 tuvo que trabajar al principio como albañil y a punto estuvo de ver truncada su carrera deportiva por la II Guerra Mundial durante la cual estuvo al servicio de la RAF. Matthews fue apodado “The Wizard of the dribble” por su impresionante regate y destacó también por su increíble longevidad llegando a jugar hasta los 50 años, algo que nos suena impensable hoy en día. Para la posteridad, aquella final de FA Cup que en mayo de 1953 disputaron Blackpool y Bolton Wanderers que ha sido relatada de generación en generación como “la final de Matthews”. “The Tangerines” iban perdiendo 3-1 y absolutamente nadie creía en la remontada hasta que el curvilíneo y agil Matthews comenzó su recital en forma de asistencias y condujo hasta una victoria por 4-3 a su equipo en menos de media hora. Con un fisico privilegiado que cuidaba corriendo por la playa de Blackpool, ganó en 1956 la votación de France Football por tres puntos de diferencia con Di Stefano.

 

Josef Masopust, “un caballero checo”

El Balón de Oro de 1962 fue este centrocampista checo cuya vida también se vio afectada por la II Guerra Mundial y sus consecuencias. Por el 50 aniversario de la UEFA, ésta pidió a las asociaciones futbolísticas de los distintos países que eligieran a su mejor jugador. La República Checa elegió a Josef Masopust quien durante mucho tiempo fue un villano para su propio pueblo. Masopust empezó su carrera en un modesto club, el Uhlomost Most donde sus habilidades llamaron la atención y le permitieron fichar por el Teplice. Allí, este centrocampista gran recuperador de balones pero de excelente técnica, llamó la atención del Dukla Praga donde recalaría y pasaría la mayor parte de su vida. El Dukla, que en el momento de su fichaje se llamaba ATK era el conjunto apadrinado por el ejército rojo en la Checoslovaquía comunista y ese vínculo le conllevaba no pocos sospechosos favores. De ahí que Masopust como el resto del elenco no gozase de muchas simpatías por parte del resto de aficionados. Hasta 1962, el año de la gloria. Masopust ya fue la estrella de la selección checoslovaca en el europeo de 1960 donde cayeron en semifinales ante la Unión Soviética pero el Mundial de Chile fue un sueño hecho realidad para el fútbol checoslovaco. Llegados al país andino como víctima de un grupo difícil junto a Brasil, Méxicon y España, los checoslovacos llegarona la final donde cayeron por 3-1 ante la Brasil de Pelé y Garrincha. El propio O Rei quedó deslumbrado con Masopust al que calificó como un futbolista que “no se mereció perder esa final”.

Florian Albert, rey de la elegancia

De gestas históricas está repleta la carrera futbolística del balón de oro 1967, Florian Albert. Este elegante delantero fue un ejemplo de absoluta lealtad y vivió toda su vida deportiva en las filas del equipo de su corazón, el Ferencvaros húngaro. Con el equipo magiar logró el primer gran éxito de su vida al ganar la Copa de Ferias a la Juventus en el mismísimo Comunale. Cuatro ligas húngaras, 1 Copa, 3 trofeos de máximo goleador y el bronce de los Juegos Olímpicos de Roma 1960 hubieran sido más que una carrera extraordinaria pero Florian y sus maravillosos compañeros magiares batieron el 15 de julio de 1966 en Inglaterra a la campeonísima Brasil de Tostao, Djalma, Garrincha y Péle en un partido del grupo que había encuadrado a ambas selecciones durante el mundial. Goodison Park despidió a Florian coreando su nombre cuando fue sustituido. En 1967 ganó el trofeo imponiéndose al mítico Bobby Charlton. Se retiró en 1974 habiendo marcado 250 goles en 350 partidos ligueros.

 

Allan Simonsen, el único escandinavo premiado

Los balones de oro que ya se han retirado han seguido caminos muy distintos fuera del fútbol pero pocos habrán tenido una experiencia tan original como Allan Simonsen, Balón de Oro de 1977, que actuó hace unos años en la versión danesa del programa “Mira quien baila”. Al parecer, Simonsen bailaba fatal, todo lo contrario de cómo jugaba al fútbol siendo el único escandinavo que ha ganado el prestigioso galardón. Simonsen se hizo famoso en el Borussia Mönchengladbach donde logró conquistar dos Copas de la Uefa y fue subcampeón de Europa al perder con el gran Liverpool de los 70 en 1977, año qué coronó con el Balón de Oro. De la Bundesliga fichó por el Barcelona donde también dio muestras de su clase y añadió una Recopa a su envidiable palmarés. Abandonó la disciplina culé tras el fichaje de Maradona y prefirió una existencia tranquila en el Charlton Athletic a aceptar ofertas del Madrid o Tottenham. Suyo es un récord que ya nadie le arrebatará, ser el único jugador en haber marcado en las finales de Uefa, Recopa y Copa de Europa.

Igor Belanov, triunfo efímero

Cuenta con la no deseada fama de ser uno de los Balones de Oro más discretos, pero lo cierto es que fue uno de los jugadores más destacados de un Dinamo de Kiev que dominaba el futbol soviético en los años 80 y que daba miedo por todos los campos de Europa. Ese equipo, especialista en el contragolpe, era la columna vertebral de la selección de la Unión Soviética. Belanov se destapó en la edición de la Recopa de 1986 marcando cuatro goles en cuatro eliminatorias. Veloz, móvil, con un disparo potente y buenos desmarques remató aquel fantástico año con un hat trick estelar contra Bélgica en el Mundial. Con la Recopa, que ganó al Atletico de Madrid, la liga y esa actuación, al final, se impuso en la votación. Con 28 años cumplidos el regimen comunista le permitió irse a jugar al extranjero. Tras recibir propuestas del Genoa y el Atalanta, acabó en el Borussia Mönchengladbach donde no logro brillar y comenzó su declive.

 

A lo largo de seis décadas el Balón de Oro ha generado mil y unas historias. Stanley, Josef, Florian, Allan e Igor quizá no sean los protagonistas de las más recordadas pero suyas son las páginas que escribieron con el talento de sus pies y justo es el recuerdo a sus triunfos.

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