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Oliver Kahn: el muro de Karlsruhe

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Todo gran héroe tiene una leyenda y nuestro protagonista se la ganó a pulso con los años. Sin embargo, fue mucho antes cuando se dio a conocer y no por una actuación personal, sino por la hazaña que consiguió el equipo de su ciudad, del que fue canterano y con el que llegó a la élite. Hablamos de un hombre imponente, con apariencia de ogro y un carácter muy fuerte dentro de los terrenos de juego. El único portero que, a día de hoy, ha sido elegido Mejor Jugador de un Campeonato del Mundo. Y eso, sin haber sido campeón. Un profeta en su tierra que acabó siendo uno de los grandes guardametas de la historia, “Der Titan”, Oliver Kahn.

Campeón de todo con el Bayern München, un club en el que estuvo desde 1994 hasta 2008, comenzó su carrera como futbolista en el equipo de la ciudad donde nació, Karlsruhe, una ciudad a quince kilómetros de la frontera con Francia, al suroeste del país. El equipo andaba en la 2.Bundesliga y consiguió ascender como 2º clasificado, tras el Hannover 96, en una Segunda División que contaba, por aquel entonces, con veinte equipos. Winfried Schäfer había utilizado a dos porteros durante la 1ª vuelta del campeonato (uno de ellos, Stefan Wimmer, solo participó en la derrota ante el Werder Bremen de la 2ª jornada (2-0). El equipo había conseguido acabar la primera mitad del campeonato en la 9ª posición, un puesto muy bueno para un equipo recién ascendido.

Oliver Kahn en su época del Karlsruher | Getty

Comenzaba la segunda parte del campeonato y, en los dos partidos antes del parón invernal, Schäfer tomó la decisión de darle la oportunidad a un joven de 18 años que acabaría encajando seis goles en dos partidos. El equipo finalizó la temporada en la 15ª posición, consiguiendo la permanencia. El joven Kahn, por su parte, había tenido el honor de debutar en la máxima categoría de su país, aunque en lo que a los resultados se refiere salió algo perjudicado. En la siguiente temporada, en un partido en Nüremberg, el senegalés Souleyman Sané fue expulsado por roja directa y Aleksander Farmulla debía ser sustituido. A Schäfer no le quedó más remedio que tirar de su portero suplente, Oliver Kahn, que jugaba así su 3º partido en la primera división, pero no era un partido completo. En los tres primeros años de su carrera solo pudo sumar cuatro partidos en 1.Bundesliga. Era muy joven. Como se dice, acababa de llegar.

Tras pasar un año en blanco como suplente de Farmulla, hubo que esperar hasta la jornada 13ª del campeonato para volver a ver a Kahn en un terreno de juego. En esta ocasión el cambio había sido en el descanso, cuando el Bochum vencía por 1-2 en el campo del Karlsruher. A partir de ahí se convirtió en el portero titular. Se adueñó de la portería del equipo durante las siguientes tres temporadas, cuajando buenas actuaciones, dejando al Karlsruher siempre entre los ocho primeros de la clasificación.

En el mes de noviembre de 1993, en la Copa de la UEFA, el Karlsruher había encajado en el campo de Mestalla un 3-1, con un doblete de Penev y un gol de Mijatovic para el conjunto valencianista. Los alemanes afrontarían un partido de vuelta algo complicado, con la única misión de remontar los dos goles de diferencia y con Kahn como encargado de cubrir la portería. El Karlsruher no solo remontó, sino que goleó al Valencia por un contundente 7-0, en un gran día de Edgar Schmitt, autor de cuatro goles. El equipo alemán había eliminado al PSV Eindhoven en la ronda anterior y seguía en el torneo tras una remontada de esas que hicieron historia y ante un equipo que, años después, se volvería a cruzar en el camino de Kahn. El bombo deparó un enfrentamiento ante el Girondins de Burdeos, jugándose la ida en Francia. Los germanos se marcharon de la ida tras haber perdido por la mínima, gracias a un gol de Zinedine Zidane. En la vuelta, de nuevo Edgar Schmitt fue protagonista, marcando dos goles y Kahn mantuvo su portería a cero. Una nueva remontada que colocaba al Karlsruher SC en los cuartos de final de un torneo europeo. Cuartos de final que también superarían, dejando fuera al Boavista.

El Austria Salzburg (actual Red Bull), fue el equipo que aquel año terminó con el sueño de Kahn y los suyos, en las semifinales del torneo europeo. El 6º puesto en la 1.Bundesliga y las semifinales europeas llamaron la atención de otros equipos del país y fue el Bayern München el que se hizo con el jugador, siendo el italiano Giovanni Trapattoni entrenador. La temporada no fue nada buena. Kahn compartió la portería del Bayern con Sven Scheuer y Uwe Gospodarek, siendo el de Karlsruher el que mayor cantidad de partidos disputó. El equipo bávaro finalizó la temporada en una más que discreta 6ª plaza, a seis puntos del campeón, el Borussia Dortmund.

Aquella fue la 1ª de las catorce temporadas que Oliver Kahn pasó en la portería del Bayern München. En esos catorce años, el portero ganó ocho Bundesligas, seis DFB Pokal, seis Copas de la Liga, una Copa de Europa, una Copa de la UEFA y una Copa Intercontinental. En la Copa de Europa Kahn vivió una de cal y otra de arena. En 1999, en la final ante el Manchester United, el conjunto bávaro se había adelantado a los cinco minutos de iniciarse el encuentro gracias a un gol de Mario Basler. El partido fue transcurriendo hasta que, pasado el minuto noventa, en dos jugadas a balón parado, Sheringham y Solskjaer dieron al traste con las ilusiones del conjunto alemán, llevándose un nuevo título para el fútbol inglés.

Dos temporadas después, el escenario cambiaría. De España se pasó a Italia, del Nou Camp al Giuseppe Meazza. Su rival, el Valencia, había perdido la final anterior frente al Real Madrid (3-0). El partido fue muy igualado y finalizó con un gol de penalti para cada equipo. La tan temida tanda acabaría decidiendo el vencedor. Los dos últimos derrotados de la competición tenían ante sí la oportunidad de conquistar el título que se le había arrebatado poco tiempo atrás. En los penaltis salió triunfador el conjunto alemán y al final del encuentro se vio la famosa imagen de Kahn consolando a un desolado Santiago Cañizares. “El Ogro” daba una lección de deportividad e intentaba animar a su colega de profesión, que había sufrido el revés de la derrota, algo que Kahn vivió en sus carnes en otro momento.

Aunque no fuera titular, Kahn estuvo presente en la final del Gol de Oro de la Eurocopa de Inglaterra. En aquella ocasión, el de Karlsruhe vio desde el banquillo como Andreas Köpke defendía la portería de su país. En cambio, sí sería el portero titular de Alemania en la final del Mundial de Corea y Japón en 2002, el año en el que Ronaldo Nazario le metió dos goles. A pesar de aquel fiasco en la final, el guardameta del Bayern sería elegido el Mejor Jugador del Torneo, siendo la primera y única vez que un portero conseguía ese galardón. Solo Robbie Keane y Ronaldo Nazario consiguieron hacerle gol en aquel campeonato. Durante casi una década, la portería de Die Mannschaft fue propiedad exclusivamente suya, siendo Manuel Neuer su heredero.

Así era él. Una figura que imponía mucho a sus rivales y que no se cortaba en la lucha cuerpo a cuerpo. Un hombre con cuerpo imponente que daba miedo solo con mirarle los gestos de su cara. Era él, Oliver Kahn, un ogro entrañable que hizo de la portería un terreno infranqueable. Acabó convirtiéndose en una institución, siendo el tercer jugador con más partidos disputados en la 1.Bundesliga, con más de quinientos cincuenta partidos.

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