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Celta

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Ojalá, Giuseppe, ojalá

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La enorme actuación de Rossi en el partido que enfrentó en Balaídos a Celta y Las Palmas, con hat-trick incluido, dibujó una sonrisa en la cara de todos los espectadores, sabedores del calvario por el que ha pasado el jugador. Sin embargo, algunos no solo sonreíamos. En los labios de unos cuantos empezaba a atisbarse una palabra, repetida en cada uno de los goles, pronunciada con el mayor convencimiento posible, como si así fuésemos a cambiar algo: ojalá.

Todos los que repetíamos la plegaria hemos compartido incontables momentos de felicidad con un mismo protagonista: tú, Giuseppe. Porque lo que le has dado al mundo del fútbol y, concretamente, a un pequeño pueblo de la costa mediterránea que sangra amarillo, no se puede expresar con palabras. Y por ello solo nos queda seguir implorando ese ‘ojalá’ con más fuerza que nunca, una y otra vez, poniendo más y más ganas en cada una de las ocasiones. Probablemente no consigamos nada, pero por algún lado tendremos que sacar esa felicidad que nos invade al verte celebrar goles, ¿no? (Ojalá).

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Han pasado ya 1.987 días desde aquella fatídica tarde en el Bernabéu. 1.987 días en los que prácticamente no has tenido ni un solo momento para dejar de luchar, para descansar física y mentalmente; pero no te has rendido. Antes del maldito miércoles 26 de octubre de 2011 eras una estrella, y de un amarillo especialmente brillante. Eras capacidad de liderazgo, agilidad, una técnica individual insuperable. Eras el gol. ¿Por qué digo ‘eras’? ERES. Céntrate, Diego. (Ojalá).

Paseaste tu calidad por media Europa y estuviste a punto de hacer historia con la camiseta de aquel pueblecito que respira fútbol. No pudo ser, pero dejaste huella. Marchaste, pero quedó el recuerdo de quien lo ha dado todo por una causa, con una implicación difícil de ver en talentos de tu calibre. Quedaron las cicatrices de tu (nuestro) sufrimiento: el dolor y la frustración de aquel que cae, pelea por levantarse y solo obtiene otra caída como recompensa. No lo entendíamos, ¿por qué a ti? ¿Por qué así? Algo se estaba ensañando contigo, y ensañarse contigo era (y es) ensañarse con todos nosotros. Te fuiste con tu sufrimiento a otra parte, a seguir dejándote la piel para superarlo de una vez por todas. (Ojalá).

Ahora te vemos de otro color, y mucho más al norte; pero sigues siendo , de eso no queda duda. Y es que sonríes igual que siempre. Nada ha cambiado en ese gesto de felicidad que brota en tu cara al ver la pelota tocando la red; y aunque ahora podríamos ser las víctimas, nos sería imposible sentir otra cosa que no sea esa extraña rabia originada cuando te enfadas contigo mismo; porque formas parte de cada uno de nosotros. Incluso fantaseamos con volverte a ver con aquella elástica groga que tan bien te queda. (Ojalá).

Estos tres goles ponen color a un camino muy, muy lúgubre. Un sendero que empezamos contigo y que, aunque no lo creas, hemos recorrido a tu lado; alegrándonos con los –escasos- avances y maldiciendo en cada una de las recaídas. Todos sonrieron en Balaídos el 03 de abril de 2017. Mientras tanto, nosotros repetíamos incesantemente nuestra oración. Y seguiremos haciéndolo hasta que se cumpla.

Ojalá, Giuseppe, ojalá.

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