Sevilla

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¡Oh, Capitán! ¡Mi Capitán!

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Por Nacho Requena,

¡Oh, Capitán, mi Capitán! Nuestro azaroso viaje ha terminado; El barco capeó los temporales, el premio que buscamos se ha ganado; Cerca está el puerto, ya oigo las campanas, todo el mundo se muestra alborozado, la firme quilla siguen con sus ojos, el adusto velero tan audaz.

Corría enero de 2004 y en la clase recibíamos la noticia de un profesor: “El Sevilla ha vendido al Arsenal a José Antonio Reyes”. En el plano futbolístico, ese fue uno de los días más tristes de mi vida. Mi club se deshacía del mejor jugador de la plantilla, ese que levantaba a la grada, ese que pensabas que algún día haría algo grande con un equipo que había vivido dos descensos en ocho años.

Ese día aprendí de verdad una lección: los jugadores son jornaleros de la pelota. Cambian de equipo como yo he cambiado de redacciones de medios de comunicación en la última década. Es su trabajo, viven por y para ello y buscan sacar la mayor rentabilidad posible en poco tiempo. Y así fue como nunca más me encariñé con un jugador, más con este fútbol negocio donde se intercambian como cromos. Hasta hoy.

 

 

Quién me iba a decir a mí que un chaval de Vallecas, con bemoles como los del caballo de Espartero, iba a deprimirme una tarde de un 30 de julio de 2016.

Coke no es un jugador más, es EL JUGADOR. Coke es ese alumno que en clase siempre saca seis y siete. Que siempre aprueba y cumple. No le pidas que obtenga una matrícula de honor en cada examen: no lo va a hacer. Es un estudiante modélico y ejemplar: llega, hace su trabajo con profesionalidad y se marcha a casa. Y con una sonrisa a pesar de que algunos lo consideren infalible.

Coke nunca será el mejor soldado del regimiento, pero sí es el que gana una guerra. Anima a las tropas, levanta la moral y hace piña entre todo el escuadrón. Combate con pundonor, garra y sacrificio, y siempre que salta a pelear se deja hasta la última gota de sangre y sudor.

Coke es uno de los míos. Quiero a 25 como él en mi plantilla.

Coke representa a mi club, a mis colores, al equipo de la “casta y el coraje”, el de la “escuela sevillana creador y valladar”.

Capitán, hoy me cuadro ante ti, mano en la frente y con lágrimas en los ojos, para darte las gracias eternas por defendernos durante estos cinco años. Por llevar esta camiseta con tanta dignidad. Por llenar de plata las vitrinas. Por aupar a todos cuando más se necesitaba.

Con tu marcha no perdemos a un jugador, se va un alma y un corazón bondadoso de los que ya no abundan en el fútbol.

¡Oh, Capitán! ¡Mi capitán! Cuánto te vamos a echar de menos.

¡Oh, Capitán! ¡Mi Capitán! Levántate y escucha las campanas; levántate —por ti la enseña ondea— por ti suena el clarín; por ti son las guirnaldas y festones —por ti se apiñan gentes en la orilla; por ti claman, la inquieta masa a ti se vuelve ansiosa.

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