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Oh, Capitán, mi Capitán

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Pocas personas tienen la fortuna de ser respetadas a lo largo y ancho del planeta. Desde hace mucho tiempo, el mundo del deporte está marcado por la extravagancia y la insensatez. Sin embargo, un buen día de 1984 nació un chico humilde, libre de prepotencia y chulería. Tú, Andrés Iniesta, creciste siendo un futbolista diferente. Ingenio, sacrificio y humildad son las armas que te han llevado a convertirte en uno de los jugadores mejor valorados tanto dentro como fuera de los terrenos de juego.

Oh, Capitán, mi Capitán. Me gustaría repasar tu historia. Barcelona se convirtió en tu hogar desde el año 1996 cuando el club no dudó en ficharte después de verte brillar en el famoso torneo de Brunete. Paso a paso, ascendiste hasta debutar con el primer equipo en la temporada 2002-2003. En aquella época llevabas todavía el dorsal treinta y cuatro a la espalda.

Aún recuerdo cuando te convertiste en el “ocho” del Barça, un nuevo reto que supuso aceptar una mayor responsabilidad. Afortunadamente, el dios del fútbol había decidido tocarte con su varita y augurabas un crecimiento imparable. Solo dos temporadas más tarde, llegó el año de los seis títulos con Guardiola, el año del gol en Stamford Bridge. En 2010, después de una campaña de ensueño, aunque marcada por las lesiones, el fútbol te devolvió tu esfuerzo en forma de Copa del Mundo. Dani Jarque nunca olvidará ese gol contra Holanda.

En 2011 llegó una nueva Champions en Wembley. Te proclamaste campeón de tu segunda Eurocopa con España en el año 2012. Otra Champions más en 2014. Y podría así enumerar un logro tras otro hasta quedarme sin espacio en la pantalla.

Oh, Capitán, mi Capitán. El brazalete azulgrana es tuyo desde la temporada 2015-2016 en cada partido. Un cometido que solo está al alcance de los más grandes. Ahora parece estar muy lejos en el tiempo, pero ese niño tímido de Albacete ya sabía que, algún día, se convertiría en el líder del mejor club del mundo. Talento y humildad a partes iguales.

Ahora que se ha confirmado tu renovación “de por vida” con el Barcelona, me doy cuenta, aún más, de tu grandeza. Cualquier otro futbolista habría celebrado por todo lo alto este premio al trabajo, pero tú no te conformas con nada, siempre buscas más. “Estaré en el Barça hasta que mi cuerpo, mente y todo lo que tenga que dar sea suficiente”, dices. Ojalá que no tengas que renunciar antes de lo que te gustaría, aunque eso no será posible porque, como digo, tu ambición no conoce límites.

Oh, Capitán, mi Capitán. No te marches nunca porque te echaremos de menos. No te vayas porque no habrá otro igual para sustituirte. Trataré de disfrutar de ti con alegría y al mismo tiempo con pena porque sabré que el día de tu marcha estará cada vez más cerca. Y es que contigo terminará una época y nadie será capaz de explicar tu legado con palabras. Gracias por todo Andrés, gracias.

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