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Ogier (¿lo dudaban?) vence en el Rally de Gales

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Noemí ALONSO – Al estar ya decididos los títulos de Pilotos y de Marcas a favor, respectivamente, de Sebastien Ogier y de su equipo, Volkswagen Motorsport, para la cita final de la temporada quedaba poco por ver. Eso es lo que concluiría un análisis rápido, aderezado con lindezas del tipo “ganará el de siempre”. Sin dejar de ser acertado, mataría la ilusión: aún estaba abierta la lucha por el subcampeonato entre Jari-Matti Latvala y la revelación de la temporada, Thierry Neuville. Además, había cierto morbo por saber qué tal lo haría Robert Kubica, exF1, en un coche de la máxima categoría, todo un WRC puesto a su disposición por Citroën.

Precisamente, el polaco fue el único que realizó test con la escuadra gala antes de la cita, lo que levantó las orejas de los conspiradores: ¿por qué él sí y Dani Sordo no? La equivocación posterior del equipo les trajo la posibilidad de dar rienda suelta a su indignación: sólo pueden emplearse 8 chasis a lo largo del año; Citroën sacó un 9º para Sordo y en las verificaciones se le impuso una penalización de 5 minutos. El español estaba hundido en la clasificación y la carrera ni siquiera había comenzado.

Empezó el jueves por la noche con todo lo que hace mítica esta prueba: caminos estrechos, lluvia, barro por todas partes, visibilidad cero, un frío doloroso. Ogier se colocó al frente de la tabla en los tramos que 20 años antes habían encumbrado a Sainz, Kankkunen, McRae… Y se fue a dormir dejando que tras él Latvala y Neuville (ya confirmado como piloto Hyundai en 2014) se enseñaran los dientes. Sabía que la etapa siguiente sería más sencilla, pues había solicitado el segundo puesto en el orden de salida. Gales te obliga a bailar sobre una superficie parecida a la Nocilla; en esas condiciones, las huellas del primero en pista son vitales para seguir el compás, con la ventaja añadida de que el terreno aún no está muy removido y no se empeña en succionar tu coche. Jugada maestra. Una más.

Mientras el francés iba metiendo segundos a sus rivales, en Citroën se vivía el caos. Primero, Kubica se fue largo en una curva y se salió de la carretera; se reenganchó al día siguiente y le volvió a pasar lo mismo. Un WRC no es lo mismo que su RRC habitual -hablamos de primera división y una segunda en la que de vez en cuando compite un tercera regional, para que se hagan una idea-, pero el polaco se ha adaptado bien a los rallys, disciplina que técnicamente exige pilotos más completos. Lo ha hecho con una mano muy dañada, que apenas mueve tras el accidente que le retiró de la F1. Ha logrado el campeonato del mundo de su categoría. Se merecía esta oportunidad.

Después tenemos a Hirvonen, que en varias vueltas de campana casi a cámara lenta arrancó parte del parabrisas de su DS3; dentro del habitáculo cayó una tromba de barro y ramas. El Citroën quedó como el juguete masticado de un perro. Fue imposible repararlo y el finlandés cerró así su peor temporada en el certamen.

Todos los pilotos se quejaban de las condiciones, ya que el eje trasero de sus coches se deslizaba continuamente; este ballet extraño es muy vistoso, pero los participantes pierden segundos. Menos Ogier. Protestaba igual que los demás, aunque su ventaja seguía creciendo. Se divertía como un niño que arranca las patas a una araña antes de dar el golpe de gracia. Hubo quien especuló con la posibilidad de que las órdenes de equipo exigieran al galo que cediera su puesto a Latvala, con el fin de que éste lograra el subcampeonato. ¿Obligar a parar a un depredador sediento de triunfos… cuando lideraba un rally que no había ganado nunca? Pagaría por ver la cara de Ogier si se atrevieran a planteárselo.

En cualquier caso, Neuville estaba bien situado; salvo error del belga, la victoria de Latvala no habría servido de nada. Las cosas siguieron el guión establecido: venció Ogier, que cierra el año con 9 insultantes triunfos de 13 posibles. Sordo, por cierto, fue séptimo. Si descontamos los 5 minutos de penalización, habría subido… a la sexta plaza. No se esforzó mucho, no tenía sentido. Hasta aquí la temporada 2013; quedan, antes de que empiece el WRC 2014, el baile de pilotos, los fichajes, las nuevas normas absurdas y las que vuelven a los orígenes. En dos meses, estamos en Monte Carlo.

[*Noemí Alonso es Redactora Jefe de Autocasion.com]

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