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Oblak: silencio, trabajo y éxito

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Qué poco se habla se Jan Oblak. Poquísimo e injusto, diría yo. Qué poco se habla del esloveno de 24 años que, con su 1’86m de altura, ha hecho que los nervios en las llegadas al área del Atleti se conviertan en tranquilidad. Y eso que no tuvo el debut soñado, ya que nada más llegar cayó lesionado y Miguel Ángel Moyá ocupó su lugar. En ese momento muchos hablaban de la locura que se había pagado por “ese portero”, en referencia a Oblak con desprecio.

Si preguntas a los aficionados rojiblancos por su ídolo no te dirán Oblak. Y, posiblemente, si te tuvieran que decir cinco jugadores que actualmente visten la camiseta del Atleti, tampoco estaría entre ellos. Será porque siempre pasa desapercibido, no lleva sombreros ni trajes para llamar la atención, no es de los que se cambia el peinado cada dos por tres ni hace portadas de revistas; tampoco le verás meterse con el rival antes o después de un partido. Y si me apuras, se quita mérito. Para él, lo importante es el grupo.

En la temporada 14/15 apenas jugo 11 partidos en los que encajó seis goles. La lesión le hizo sombra y la luz de Moyá lucía con fuerza. Pero Simeone tenía claro que en el momento que Oblak estuviera al 100%, sería el portero titular. Y lo cierto es que durante este año las llamadas de atención se han ido sucediendo, pero… ¿dónde? en el campo.

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Liaño, el ex portero del Deportivo de la Coruña, daba casi por perdido el récord que porta desde la temporada 93/94 gracias a los 18 goles que encajó en 38 jornadas. Temblaba. Estaba casi seguro de que Oblak haría historia superando este récord, y no se equivocó mucho. En la jornada 36 era posible, hasta que los dos goles del Levante hicieron que Oblak se quedara a un paso de tortuga de alzarse con este récord. Aun así, el esloveno igualó esos históricos y únicos números.

Temporada a temporada crece. Se supera. Hace disfrutar con sus intervenciones a los aficionados al fútbol en general, y a los colchoneros en particular. Se acaban los adjetivos para halagar a Jan. Los números están ahí y hablan por sí solos, por mucho que él se quite mérito a sí mismo ya estamos otros para decirlo bien alto. El rubio alto de piel clara, saber estar y sobrante de humildad ha conquistado a los de la Ribera del Manzanares. Y en silencio, trabajando, como se hacen las cosas, pero hablando donde tiene que hablar: en el césped y vestido de corto.

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