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O noso derbi: cuando éramos reyes

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Galicia es un sitio especial. Aunque aquí el cielo es siempre gris como diría Siniestro Total, su gente es positiva y alegre, la comida y la fiesta son una religión, y como dirían en un famoso anuncio, aquí la gente no es fea, es riquiña. Por desgracia, en los últimos años, cada vez que Galicia es el foco de la noticia en los principales medios del país, se debe a que ha ocurrido algo malo. Catástrofes medioambientales, accidentes o asesinatos han copado horas y horas de televisión, radio o prensa escrita.

Sin embargo, no mucho tiempo atrás había dos días al año en el que éramos el centro del universo por algo más banal, alegre y festivo como es el fútbol. Y es que hubo un tiempo en el que dos de los mejores equipos del mundo jugaban en nuestra tierra.

Aquí siempre ha habido una gran tradición futbolística. Somos los inventores del futbolín y hemos dado el único Balón de Oro que tiene España. Muchos equipos gallegos han tenido grandes etapas: el Compostela campeón de invierno, el Pontevedra de los ’70 y su “hai que roelo”, el Ourense que estuvo a punto de subir en los ’60, un Racing de Ferrol que fue subcampeón de Copa o un Lugo que ha maravillado con su fútbol de la mano de Setién y que ahora está en posiciones de ascenso. Pero si ha habido dos que han pasado a la historia, esos son Celta y Dépor.

Siempre se han llevado como el gato y el ratón y el odio ha traspasado incluso hasta las ciudades: “portugueses” contra “turcos” o “jichos” contra “nenos”. Da igual del equipo que seas pero siempre tiene que gustarte uno más que otro. Los grandes momentos de estos dos equipos empiezan a comienzos de los ’90 y ambos sufren un duro castigo de una forma similar, desde los once metros.

El ‘SúperDepor’ de Arsenio y Bebeto llegaba a la última jornada necesitando ganar al Valencia para ser campeón de Liga. El desenlace es conocido por todos, aquel penalti de Djukic supone el momento más doloroso de la historia de los herculinos. Por su parte el Celta llegaría poco tiempo después a la final de la Copa del Rey frente al Zaragoza y allí, en una fatídica tanda de penaltis, fue Alejo el que erró y dejó a los vigueses sin alcanzar el primer título de su historia.

El Dépor pudo resarcirse años después con aquella histórica Liga del año 2000, y el Celta tuvo la oportunidad de vengarse del Zaragoza en otra final de Copa, pero otra vez los maños castigaron a los celestes y los dejaron sin ese título que les debe la historia.

Curiosamente el entrenador que dejó al Celta con la miel en los labios en 1994 era un joven Victor Fernández que años más tarde entrenaría al mejor Celta de la historia, el ‘EuroCelta’, un equipo que deslumbraba con su juego, llegando a ganar 7-0 al Benfica o 4-0 a la Juventus. Lo único que le faltó fue un título que rozó en la final de Copa anteriormente mencionada. Lo más curioso del tema es que el entrenador al que vino suplir Víctor Fernández era a Javier Irureta, que había hecho las maletas hacia Coruña, donde conseguiría superar al ‘SuperDepor’ y hacer vivir al equipo coruñés momentos inimaginables, como una Liga, el ‘Centenariazo’ o unas semifinales de Champions.

Celta y Dépor se beneficiaron de una época en el que el fútbol era más igualitario y equipos más pequeños podían gozar de grandes futbolistas, ya que no estaba todo monopolizado por los grandes equipos como en la actualidad. Así Balaídos y Riazor pudieron disfrutar de jugadorazos como Karpin, Catanha, Gustavo López, Makelele, Michel Salgado, Fran, Mauro Silva, Makaay, Valerón o Tristán. Pero había dos jugadores que eran especiales, cuyos duelos fueron la máxima expresión de los Celta – Dépor. Eran los jugadores con más magia de sus equipos pero también los más polémicos y carismáticos, uno venía de Rusia y el otro de Brasil, eran Mostovoi y Djalminha.

Aquello era una canción de hielo y fuego, como Juego de Tronos, el hielo de la fría Rusia que representaba Mostovoi y el fuego brasileño de Djalminha pero aunque a priori parecían bastante opuestos, en realidad eran bastante parecidos. Ambos tuvieron enfrentamientos dentro del vestuario. Mostovoi tuvo un primer año accidentando donde llegó a enfrentarse con sus compañeros en pleno partido y Djalminha acabó propinándole un cabezazo durante un entrenamiento a un Irureta, con el que nunca se entendió. Ambos han confesado que los partidos que más disfrutaban eran contra los grandes y ahí se ven sus mejores actuaciones, dejando golazos contra Real Madrid y Barcelona o jugadas de ensueño como la mítica lambretta de Djalminha.

Su gran enfrentamiento se produjo un 18 de diciembre de 1999. Era la jornada 16ª y llegaba el derbi con Dépor y Celta en lo más alto de la clasificación. Los coruñeses tenían cinco puntos más y en caso de derrota, el Celta se pondría a solo dos puntos del liderato, pero una victoria significaría un golpe en la mesa casi definitivo. El partido estuvo lleno de tensión, fue duro y peleado y se decidió con un gol del ‘Turu’ Flores para el Deportivo pero el gran momento lo protagonizarían Mostovoi y Djalminha, que acabaría con una colleja del brasileño al ruso, después de que este le llamara mono.

Ahora ya no lideran la tabla y llegan al partido 12º y 15º respectivamente, tras caer goleados en la última jornada. El Celta ha recuperado su mejor juego en los últimos años e incluso ha vuelto a Europa. El Dépor sigue buscándolo, tras encontrarlo en una primera vuelta sensancional la temporada pasada. Ya no hay jugadores tan carismáticos y las dos estrellas de ambos equipos se fueron a la Premier esta temporada. El partido se emitirá a las doce de un domingo y no un sábado a las diez o un domingo a las nueve como antaño pero las aficiones lo vivirán como siempre, aunque no se le dé a los derbis el valor que se le debería por la Liga.

Y es que los Sevilla – Betis, Athletic Club – Real Sociedad o Celta – Dépor son partidos que mantienen viva toda la esencia del fútbol. Esperemos disfrutar de un buen espectáculo, sin incidentes y que sea un día para sentirnos orgullosos de Galicia y de nuestro fútbol, porque aunque ahora no vivamos nuestro mejor momento, hubo un tiempo en el que fuimos reyes.

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