Champions League

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Noche amarga en una temporada histórica

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El encuentro más esperado de los últimos 12 años en casa Juve terminó entre lágrimas. No solo las de Pirlo, en el que probablemente era su último partido con la Juventus, sino de los millones de aficionados juventinos en todo el mundo.

Pero lo cierto es que si, en pleno julio, cuando Conte ‘dejaba tirada’ a su Juventus y Massimiliano Allegri se hacía cargo del banquillo bianconero, nos hubieran dicho que la Juve conseguiría su cuarto Scudetto consecutivo dominado de principio a fin con cuatro jornadas de antelación, su décima Coppa Italia casi 20 años después y llegaría a la Final de la Champions League tras eliminar a equipos como Borussia Dortmund o Real Madrid y plantando cara en el último acto nada menos que al Barcelona, pensaríamos que nos estarían tomando el pelo. Y de qué manera.

Pero la realidad es ésa. La Juventus llegó el viernes a Berlín para jugarse el triplete tras una temporada magnífica. Una temporada que comenzó entre las dudas de todos los tifosi por el cambio de rumbo en el banquillo, con una campaña de fichajes que no terminó de convencer del todo a nadie y con más inquietud e incertidumbre de la debida, pero que a base de victorias los de Allegri han conseguido que pase a los anales gracias a un doblete histórico.

Y sin embargo, pese a que no tenía nada que perder y mucho que ganar, la Juventus salió algo atemorizada al Olympiastadion. Tanto es así que, antes del minuto 4, Rakitic ya había adelantado al Barcelona en una de esas jugadas made in Barça que parecen imposibles de parar y hacía presagiar lo peor. Tras unos primeros 15-20 minutos en los que los blaugrana arrollaron a la Juve, salvada por una prodigiosa mano de Buffon y por la falta de puntería del tridente barcelonista, los bianconeri empezaron a reaccionar buscando, entre otras cosas, las salidas rápidas a la contra, como la conducida por Pogba y finalizada en córner tras un genial pase del francés para Tévez que cortaba Mascherano en última instancia.

El Barça también pudo poner tierra de por medio si el disparo de Suárez cerca del 40′ no se hubiera ido a centímetros del palo derecho de Buffon. Aun así, el dominio abrumador del comienzo para los blaugrana ya se había disipado y ahora el partido estaba algo más igualado.

 

Tras el descanso, los de Allegri fueron con más decisión a por el partido, algo que repercutió en defensa, ya que los espacios atrás eran mayores. Buffon volvía a salvar a los suyos con una gran mano a disparo de Suárez y parecía que el Barça también quería dejar encarrilada la Final. Sin embargo, era Álvaro Morata en el 55′ quien igualaba el partido: Marchisio asiste con un taconazo precioso a Lichtsteiner en la derecha, que entra en el área y, en lugar de disparar, la deja al centro para Tévez, éste se zafa de Pique y dispara, ter Stegen rechaza y allí llega Álvaro para hacer el momentáneo 1-1.

Ahora el partido era otro totalmente diferente. Con el marcador igualado y la Juve viviendo su mejor momento, los bianconeri buscaban aprovecharlo para hacer el segundo. Sin embargo, y cuando peor lo estaba pasando, fue el Barça quien se volvió a adelantar en el marcador. En el 68′ Messi recibía el balón y sin pensárselo demasiado se sacaba un potente disparo cruzado que Buffon conseguía rechazar, pero Luis Suárez se anticipó a todos e hizo el 1-2 para los blaugrana en lo que suponía un jarro de agua fría para la Juve.

Allegri intentó cambiar las cosas metiendo a Pereyra y Llorente por Vidal y Morata, y pese a que los bianconeri consiguieron crear un par de ocasiones de peligro, el gol no llegó. Al final, el cuarto árbitro señalaba 5′ de descuento, de los cuales se jugaron aproximadamente 1’30”, y con toda la Juve volcada arriba en busca de la empresa, una contra letal del Barça concluida por Neymar ponía el definitivo 1-3 en el marcador.

Demasiado castigo para una Juve que supo poner en apuros a un equipazo como el Barça, pero el fútbol es así.

La Juventus se marchaba de Berlín derrotada solo en el marcador, con la cabeza alta y aplaudida por los más de 20.000 tifosi presentes en el Olympiastadion llenos de ilusión para animar y agradecer a su equipo por una temporada fantástica a la que solo le ha faltado la guinda, y recibida en Turín sobre las 4 de la mañana por una marea de aficionados que, conscientes del gran año realizado, saben que éste es el buen camino y que más pronto que tarde tendrán ocasión de redimirse.

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