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No te rindas, Gonzalo

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Llegó el dia de ser sinceros. Gonzalo Higuaín no gusta a las primeras de cambio. No es ninguna mentira pero siempre lo hemos intentado disfrazar, al menos servidor, fiel seguidor de Napoli y Real, que siempre ha creído que lo suyo por poco que sea, es lo mejor. Higuaín no dedica las horas que Cristiano ni ha nacido con el talento de su amigo Lionel. Ha fallado en repetidas ocasiones y justo fue cuando tu abuela y el resto de toda la familia se sentaba frente al televisor.

 

La tradición de la familia madrileña con su Madrid en Champions, la abuela argentina después de tantos años con su país en la final de un Mundial y más tarde con dos oportunidades fallidas de levantar algún título internacional. Todos esos días, el balón y la bota del argentino no conectaron y por ende, defraudaron. Nadie quería oír nombrar a Gonzalo. Casi por una especie de herejía, tener a Gonzalo, era síndrome de mala fortuna. El éxito y el delantero no se habían conocido. Y al parecer, uno de los dos no tenía la intención de hacerlo por el momento. Mientras, el otro nunca desistió y eso le hace grande sin conocer la grandeza.

La cruz que lleva puesta no es creación de este planeta. Quién sabe de donde haya venido.En el día que Ramón Calderón anunció su contratación por el Real Madrid, Fernando Rubén Gago, su nuevo compañero en la aventura blanca fue mejor sin tocar un balón. Fue el patito feo y justo al tiempo cuando se ganaba al pueblo madrileño, hubo cambio de presidente y un nuevo ojito derecho de este, Karim Benzema. En cambio, hay un rincón del mundo, donde nunca había sonado tan bien el nombre de Gonzalo.

 

Al sur, donde el Vesubio duerme y la gente no descansa, se encuentra el San Paolo. Templo de culto y religión para todo ferviente napolitano. Los días más felices de su vida y los más tristes también, se vivieron entre esas butacas rojas ya usadas. Esa caldera no es tierra virgen, sus paredes aguardan años de historia, años de gloria, pasajes donde el equipo fue grande y un aroma especial entre los lazos de unión entre los napolitanos y un argentino. La razón, como casi el diseño y las aspiraciones de toda la ciudad, Diego Armando Maradona.

En estos tres años, se ha vuelto a sentir esa devoción. La unión por ese azul esperanza y la salida del sol cada mañana cargan a la espalda de Gonzalo Higuaín. Cada partido cuando Higuaín marca, los napolitanos acompañan al speaker del equipo, Decibel Bellini, hasta nueve veces con el nombre del delantero. Ritual ya habitual en toda la ciudad, el grito supone un canto a la vida. un aleteo de esperanza y una lágrima de nostalgia. Esta temporada también se puso de costumbre, el agradecimiento y la unión equipo-afición. Al acabar, los jugadores rinden pleitesía a sus aficionados, que les acompañaron durante el encuentro.

Aquella noche marcó un antes y un después. El Napoli era líder de la Serie A. Había ganado al Inter de Milán, segundo de la clasificación y la ilusión era una bomba de relojería. Los ojos de los aficionados eran lo más parecido a cristales rotos y piedras preciosas. A Higuaín se le veía feliz, botó y cantó bajo la curva. Se había forjado un lazo de unión. Aquel día, sin importar el ayer ni el mañana, una ciudad entera se sintió querida y para colmo, la fortuna les colocó un argentino en el camino.

De ahí al final, Higuaín mantuvo un ritmo descomunal. El mejor Higuaín de todos los tiempos pero la Juventus como equipo fue mejor. No sirvió aquel desgaste y fruto de ello, acabó perdiendo los papeles en el partido frente a Udinese. En su vuelta a los terrenos de juego, solo le quedaba igualar o batir a Nordahl como el mejor capocanonnieri de la Serie A. Lo hizo, con un hat trick en la última jornada no solo igualó los 35 del sueco sino que los superó con 36. Fue el broche de oro a la mejor temporada de Higuaín como jugador y la mejor del Napoli en muchos años.

Desde entonces, Higuaín no volvió a pisar Nápoles, incluso algunos aseguraron que nunca más lo volvería a hacer con la camiseta azzurri. De Laurentiis en nombre del Napoli ya ha hablado, Marotta en nombre de la Juventus, también. Hasta su agente y hermano, Nicolás Higuaín ya lo hizo tiempo atrás. Solo falta que hable el ídolo napolitano. El 25 de Julio se espera su llegada a Dimaro para reincorporarse a las órdenes de Sarri. Pensador y obra, el hombre que le aseguró hacerle mejor de lo que pensaba e Higuaín que confió en su palabra se volverán a ver las caras. Quién sabe lo que pueda pasar. En el recuerdo, la mejor temporada a nivel personal y ahora como premio, la Copa de Europa aguarda en el horizonte.

Uno nunca debería de irse de donde es querido y más donde es ensalzado y en ocasiones, maradonianizado. Nápoles hace tiempo que tiene nuevo héroe e Higuaín, una casa donde es querido, respetado y valorado. La gloria siempre es más fácil alcanzarla en estas condiciones. Y nunca en ningún lado sería tan especial como en el San Paolo, en esas paredes que tanto tienen que hablar. Para cualquier napolitano, Higuaín no es grande, es gigante. Ahora juntos deben caminar hacia la grandeza. El éxito no puede ser en otro lugar.

 

 

 

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