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No hay lobo para el hombre

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Ya lo vaticinaba Cristiano, iba a ser una noche mágica para el Real Madrid. Por sexto año consecutivo, el Madrid estará en semifinales y tras 14 años de ausencias ya puede alardear de una remontada en el Bernábeu, bajo noche europea con estadio lleno y sin invocar nada ni a nadie. Cristiano se vistió de héroe para demostrar que no hay lobo para el hombre y que el miedo de la ida fue un susto y la remontada una realidad.

No hizo falta nada más que dar entrada a Carvajal para volver a ser los mismos que realizaron la gesta del Camp Nou. Con esos once, el Madrid saltó tranquilo y con una idea clara. Las ocasiones llegarían y por mucho que parezca que el tiempo vuela, son noventa. Con Benzema sentado en el sofá de su casa, la Copa de Europa y caído a banda, todo parecía más fácil. Le faltó el gol pero su primera media hora demuestran que la sencillez y la elegancia pueden ir de la mano. Con la única novedad respecto a Alemania, Carvajal llegando por banda, se gestó el primero. Cristiano con olfato y listo en posición, envió al fondo de las redes el servicio del canterano. Ronaldo pedía paciencia, tanto, que al minuto después, tras un servicio de Kroos desde el córner derecho de la portería de Benaglio, convertía e igualaba la eliminatoria. En quince, Benzema ya lo había intentado todo, Cristiano ya era héroe y todo parecía haber sido una mala pesadilla para el Madrid.

 

Desde ahí hasta el descanso, el Real Madrid fue cuesta abajo. Temeroso y cansado, permitió al Wolfsburgo hacerse con el balón y con ello alguna ocasión de verdadero peligro que puso nervioso al respetado. Keylor y los palos aguantaban de pie al descanso pero no había nada confirmado. Con los minutos no llegó el tercero, el miedo se apoderaba de los alrededores de la Castellana, recordaba a la Juventus o tantos otros en los últimos años. Un gol les dejaba fuera, les hacía caer sobre la lona sin casi tiempo de reacción. Benaglio que estuvo sobresaliente durante todo el encuentro, mantenía vivo el partido hasta pocos minutos del final.

Llegó el 77′ y Modric cayó al borde del área. Bale se perfilaba mientras Cristiano cogía aire. Con el doblete y la moral por las nubes, Ronaldo sería el encargado. La colocó suave para soltar un latigazo, justo por el espacio que Naldo y sus compañeros abrían hacia la libertad. Era la luz al final del camino. El balón entró y el bicho estallaba en éxtasis de alegría, con el todo un Bernabéu que no recordaba estas gestas, los más pequeños ni las conocían.

Hasta el final hubo tensión. Ni Benzema ni Jesé pudieron superar a Benaglio y tuvo que ser el pitido quién certificara el pase a semifinales. Fue un minuto más tarde pero llegó. Marcelo de rodillas y Cristiano con un grito al cielo confirmaban la gesta en realidad. Lo que era una obligación se convirtió en celebración. La pájara habitual de la ida fue una mala pesadilla y ahora dos partidos separan al Madrid de Milan. Los lobos rindieron pleitesía a los soldados de honor. Nadie más que Cristiano lo merecía. Una noche mágica para confirmarse lo que siempre fue, un ganador nato, ambicioso y poderoso. Cristiano y nada más.

cristiano

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