Fútbol francés

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Niza y el club de los imposibles

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Aquellos a los que nos gusta el rock español tenemos difícil distanciarnos de la siempre polémica figura de Enrique Bunbury, tan excéntrico como brillante. El aragonés, que fuera líder de ‘Héroes del silencio’, tiene canciones para casi todo. Y hay una frase en la que da nombre a este artículo que encaja a la perfección con el equipo que está revolucionando Francia: ‘Bienvenido al club de los imposibles, de balas perdidas con siete vidas…’.

Es innegable que todos aquellos conjuntos que rompen con la lógica imperante acaban conquistando el corazón de los aficionados. Sucedió el pasado curso con el Leicester y está pasando este, a menor escala, con el Niza. El conjunto de la Costa Azul parece haber afianzado el proyecto que llevaba construyendo durante años y por fin está en condiciones de competir de igual a igual con los grandes del país.

Sin embargo, y aquí viene lo singular, lo ha hecho de la manera más impensable. En lugar de ir a la tienda a dejarse el dinero en caras que están de moda ha preferido pasarse por el desguace para sacar de allí oxidadas piezas de lujo que le han permitido potenciar un utilitario hasta el punto de correr con garantías contra los potentes bólidos.

VALERY HACHE/AFP/Getty Images

Tres nombres propios, uno por línea, llaman la atención en el grueso de un elenco con proyección que parecía haber perdido fuelle con la salida de Ben Arfa. Uno es el central brasileño Dante, que tenía cuentas pendientes con ‘el hexágono’ desde que el Lille le trajera Europa pero no le diera oportunidades. A sus treinta y tres años, ya asentado en Alemania, parecía muy complicado sacarle de allí. Fue entonces cuando apareció la figura de Lucien Favre, el técnico que despertó su mejor rendimiento en el Borussia Mönchengladbach, para convencerle y reclutarle en el proyecto.

El marroquí Younès Belhanda estaba llamado a comerse el mundo cuando conquistó la Ligue 1 con el Montpellier junto a nombres como Giroud o Cabella. Rápido, habilidoso y vertical; no hacía demasiado que había cumplido los veinte años. Pero tan importante como poseer el talento lo es conducir con acierto el destino. Un volantazo inesperado le llevó al Dinamo de Kiev, quizás el lugar menos apto para sus cualidades. Tras pagar, con mucho dinero en su bolsillo, el peaje vivió una breve etapa de transición en el Schalke 04 antes de retornar.

PASCAL GUYOT/AFP/Getty Images

Y luego está el caso de Mario Balotelli. Lo suyo es un auténtico ‘expediente X’. Considerado uno de los futbolistas con mayores cualidades para llegar a donde se le antoje, su cabeza siempre se ha movido en una dimensión ajena a la del resto de mortales. Muchos han sido los clubes grandes que confiaron en poder cambiarle antes o después, en ser quienes sacaran lo mejor de él a fin de disfrutar de un delantero único. Ninguno lo había conseguido. Lo que en realidad necesitaba era destacar como el centro de atención. El italiano es ahora relevante porque se siente único. Disfruta con el sol, con la vida tranquila y al parecer es víctima de una cláusula por la que verá mermado su salario si saca los pies del tiesto.

VALERY HACHE/AFP/Getty Images

Todos han revolucionado a una plantilla que se encuentra mucho más fuerte con ellos a su lado, como si sus cualidades se hubiesen multiplicado sin saber muy bien el motivo. Hombres como Mathieu Bodmer, que parecía siempre equivocar sus pasos y llegar a los equipos antes o después de que ganarán la liga, aspiran a sumar un título a su carrera cuando menos lo esperaban.

Su influjo, además, está ayudando a crecer en confianza a los jóvenes. Cardinale o Sarr, canteranos ambos, demuestran un nivel altísimo. Tienen oportunidades asimismo otros talentos extraídos de las inferiores como Koziello o Walter. Ambos se engarzan en un centro del campo cuya media de edad es insultantemente baja y que potencian los prometedores Cyprien o Seri. Y arriba, Alassane Pléa lleva en once jornadas casi tantos goles como los que marcó en sus dos temporadas anteriores.

VALERY HACHE/AFP/Getty Images

Todo acontece además en un momento inmejorable. No hay goles, por importantes que sean, que puedan devolver la sonrisa tras la pérdida de una vida humana. Pero después del trágico atentado terrorista sufrido por la ciudad el pasado catorce de julio en el Boulevard de Los Ingleses, hacía falta una inyección de orgullo y un motivo que llamara a la unidad de los habitantes de la urbe gala.

Queda mucha competición doméstica por disputarse y el Mónaco o el PSG, equipos con gran presupuesto y que juegan en la Liga de Campeones, van a poner las cosas muy complicadas. A los primeros ya les dieron un repaso hace pocas semanas. Contra los segundos, si todo siguiera así, podrían tener que jugarse el título a falta de tres fechas para la conclusión del torneo.

Volvería así la época reciente en la que otros clubes ajenos a los poderosos se llevaron el trofeo y, en el caso concreto de ‘Los aguiluchos’, el recuerdo de una gloria que fue habitual en los años cincuenta. En esa década prodigiosa se alzaron cuatro veces por encima del resto con Just Fontaine como goleador. Por entonces la ciudad comenzaba a asumir su estatus turístico de la mano del histórico alcalde Jean Médecin, también conocido como ‘El Rey Jean’. El equipo donde se retiraron Samitier y Zamora vive ahora una segunda juventud gracias a sus héroes inesperados. Arriesgar, a veces, merece la pena.

 

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