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Nishikori naufraga en Sudamérica

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Cuando el japonés Kei Nishikori, top-5 consolidado en los últimos meses en el ranking de la ATP, planificó su calendario a principio de temporada, llamaba la atención que apostase por la gira de tierra batida de febrero en tierras sudamericanas, sacrificando, en cierta medida, la preparación de los dos primeros Masters 1000 del año, que se disputan en pista dura -Indian Wells y Miami-. Todo hacía pensar que el nipón buscaba dos títulos consecutivos -puesto que el nivel de ambos certámenes era realmente bajo- y un total de 750 puntos en el bolsillo que le hiciesen llegar a Indian Wells incluso en el top-3 de la clasificación.

Sin embargo, las expectativas creadas en torno a la gira sudamericana de Nishikori no se han cumplido, y sus resultados denotan un sonoro fracaso. Su derrota en la final de Buenos Aires -a la que le costó horrores llegar- ante Dolgopolov y el fiasco de primera ronda en Río de Janeiro ante Bellucci hacen que Nishikori se vaya con apenas 160 puntos de botín, cuando aspiraba a hacer pleno y conseguir un total de 750, que le hiciese afrontar los torneos importantes con mejor dinámica y un mejor ranking para evitar, sin ir más lejos, a Djokovic y a Murray hasta las semifinales.

El caso de Nishikori es el de un jugador extremadamente regular, pero del que hace años que se espera una explosión que le haga ganar varios Grand Slams y le incluya en la nómina de posibles relevos del binomio Djokovic-Murray en la cima de la ATP. Un proceso que parecía acelerarse cuando batió al serbio en las semifinales del US Open 2014, dos días antes de perder contra todo pronóstico la final contra Marin Cilic. Desde entonces, el japonés no ha vuelto a pisar una final de Grand Slam y ha perdido las dos de Masters 1000 que ha jugado, ambas ante Djokovic y ambas en 2016 -Miami y Toronto-.

El tenista, de 27 años, da la sensación de estar dejando escapar demasiadas oportunidades y de correr el peligro de que su tiempo pase sin haber ganado todo lo que se esperaba de él. Es sólo dos años menor que Murray y Djokovic, con lo que el declive de estos no debería distar mucho del suyo, y sus compañeros de generación, como Raonic o Dimitrov, parecen estar demostrando tener más argumentos para aspirar a grandes títulos. Por no hablar de la hornada que viene por detrás, con Zverev a la cabeza, que podrían lanzarse a por los éxitos en un par de temporadas como mucho. El cronómetro parece que corre en contra de Nishikori.

¿Y cuál es el problema real del japonés? Antaño lo eran las lesiones, pero es cierto que en el último año y medio le han respetado mucho. Obviando la retirada de Wimbledon 2016, -el Grand Slam que peor se le da y por el que no realiza esfuerzos extras- el cuerpo de Nishikori está aguantando a las exigencias que él se impone. Llega a muchas rondas finales, pero una vez allí, no remata la faena. De hecho, ha perdido las últimas seis finales que ha disputado -Miami, Barcelona, Toronto y Basilea en 2016, y Brisbane y Buenos Aires en 2017-. Así parece complicado que pueda aspirar a ser un futuro líder del tenis mundial.

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Ahora tiene un par de semanas de descanso, ya que este año no acude a su tradicional visita al torneo de Acapulco, antes de afrontar el doblete Indian Wells-Miami, donde, por las características de las pistas de ambos certámenes, debería tener oportunidades para brillar. De momento, ha dejado una oportunidad -otra más- de romper su sequía de títulos y llegar con mejor ranking a una etapa decisiva de la temporada, en la que tener buenos cuadros puede marcar muchísimo la diferencia.

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