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NFL – Un muro y una apisonadora

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Sin demasiadas sorpresas en la ronda divisional, llegaban a las finales de conferencia los mejores seed de cada conferencia. Los Patriots visitaban Denver y los Cardinals hacían lo propio en Carolina. Parecía que tanto los de Brady como los de Cam Newton llegaban con cierto favoritismo de cara a clasificarse para la Super Bowl del próximo 7 de febrero, sobre todo tras ver las actuaciones de los cuatro equipos una semana antes. Pero si algo tiene el football es que es impredecible, y si algo tienen los playoffs es que son a un solo partido. El todo o nada. Por eso esta es la mejor competición deportiva que existe.

El muro de Denver

 
Pese a jugar en Mile High, a que los Broncos eran el único equipo frente al que Brady registraba un récord con más derrotas que victorias, y a que el último precedente acabó con victoria de los locales, los Patriots llegaron a Denver como muy favoritos. Y no sin razón. La recuperación de jugadores como Edelman y Amendola, unida al bajo nivel que presentaba el ataque de los de Kubiak, hacían prever que la única manera posible de que los Broncos ganasen sería con una actuación defensiva descomunal y un ataque que aprovechase sus oportunidades. Y eso fue lo que ocurrió…

La defensa de los Broncos jugó a un nivel espectacular. Cierto es que la línea ofensiva de los Patriots no es la octava maravilla del mundo, pero eso no puede restarle méritos al planteamiento de Wade Phillips ni a la ejecución de sus jugadores. Con tan sólo cuatro en la presión, lograron irrumpir en pocket una vez tras otra, consiguiendo que Brady acabase tumbado en el césped hasta en una veintena de ocasiones, además de hacerle lanzar dos intercepciones. Los otros siete se organizaban para cubrir a los receptores y posibles zonas de corte, haciendo dobles (e incluso triples) marcajes a Gronkowski, quien aun así fue el único de su ataque que pudo hacer algo. Pero es que este tío es de otro planeta.

La falta de tiempo para lanzar y la gran cobertura de la defensa hicieron que Brady acabase lanzando a White, situado como receptor abierto y cubierto siempre por un linebacker. Lo que da una idea de la falta de recursos con la que se encontraron.
 

 
Dentro de la tremenda actuación defensiva, el partido de Von Miller fue una salvajada, y no sólo por esos 2.5 sacks y la intercepción, que ya de por sí son una tarjeta de presentación más que interesante.

Pues después de todo esto que he comentado, los Patriots estuvieron a una conversión de 2 puntos de ganar el partido. ¿Cómo puede ser? Pues no sólo porque Gronkowski sea una máquina capaz de cualquier cosa o porque Brady, aun después de haber comido hierba toda la tarde, pueda sacarse algún as de la manga. Incluso tampoco porque la defensa de New England jugase un gran partido, pese a algún error de Collins en la defensa sobre Olsen. El motivo principal fue gracias al ataque de los Broncos.

De no ser por la inoperancia de Manning y compañía durante la segunda mitad, el final no hubiese tenido la emoción que tuvo. Y es que en los últimos minutos fueron incapaces de mantener el balón y vieron como los Patriots se jugaban un cuarto down tras otro en busca de ocho puntos que les llevasen a la prórroga. Y a punto estuvieron de conseguirlo de no ser por la conversión de dos puntos fallada al final.

La apisonadora de Carolina

 
Para la gran mayoría, entre los que me incluyo, éste era sin duda el partido más deseado de la temporada. Se enfrentaban los dos equipos que habían demostrado una mayor regularidad y ser más completos en la mayoría de los aspectos del juego durante toda la temporada regular. Sólo las dudas que dejaron los visitantes en sus partidos ante Seattle y Green Bay, hacían que Carolina llegase con más vitola de favorita de lo que lo hubiese hecho un par de semanas antes.

Nunca hubo partido. Con esa frase se podría definir perfectamente lo que ocurrió en Carolina el pasado domingo, y es que en el primer cuarto ya se vio de qué iba la película. Unos Cardinals que no conseguían proteger a Palmer y acababan cada drive con un punt, y unos Panthers que atacaban como querían y no encontraban ningún tipo de oposición. Ese fue el guión.

Sólo durante una parte del segundo cuarto pareció que Arizona podría meterse en el partido, pero las pérdidas los condenaron. Hasta siete veces cambió el balón de manos en favor de Carolina a lo largo del encuentro, seis de ellas con Palmer como protagonista. El “todavía” aspirante a MVP de la temporada tuvo una actuación muy deficiente, aunque no sería justo crucificarle ni cargarle con todas las culpas. Ni la línea ofensiva, ni los receptores, ni tan siquiera la defensa estuvieron al nivel exigido. Los playoffs no pueden empañar la gran temporada de Palmer, uno de los grandes culpables de que su equipo haya llegado a esta final de conferencia. Tan sólo David Johnson, su RB de primer año fue capaz de hace algo de daño a la tremenda defensa de Carolina. Pinta muy bien ese chaval.
 

 
El partido de los Panthers fue abusivo. En defensa fueron capaces de anular a cada uno de los receptores, destrozar la línea de Arizona y ser la peor pesadilla de Carson Palmer. Y en ataque hicieron lo que quisieron, ejecutaron jugadas de todo tipo, corrían  y pasaban como les venía en gana. Se les veía disfrutar sobre el campo, les salía todo, y si fallaban en una jugada lo arreglaban en la siguiente. El nivel de confianza de ese equipo es brutal. Sólo hay que fijarse en las jugadas que fue capaz de hacer un jugador como Ted Ginn Jr. Y ya a nadie sorprende que Luke Kuechly, Kawann Short o Thomas Davis jueguen a un nivel que roza la perfección.

A estas alturas del artículo estaréis pensando…a este tío se le olvida algo. No me olvido, simplemente me gusta dejar lo mejor para el final. Y lo mejor de la NFL ahora mismo se llama Cam y se apellida Newton. Vaya recital dio el amigo. La sensación de superioridad sobre el césped es cada vez más insultante. Si se queda en el pocket es capaz de lanzar pases a 50 yardas sin inmutarse, si ve que lo mejor es la carrera da el handoff, si piensa que puede ganar él las yardas a ver quién es el guapo que lo para, y va tan sobrado que es capaz de hacer todo esto riéndose en cada jugada. Puede caer mejor o peor, pero lo que no se puede discutir es que es, a día de hoy, el jugador más determinante de la NFL.

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