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NFL – Al César lo que es del César

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Los Dallas Cowboys, tras su gran temporada en 2014, eran uno de los principales candidatos a ganar la NFC Este. Pese a la pérdida de DeMarco Murray, mantenían línea ofensiva que rindió un nivel espectacular el año anterior y que podría ayudar a McFadden a mantener, dentro de lo posible, a mantener el juego de carrera.

Con lo que no se contaba era con que Dez Bryant y, sobre todo, Tony Romo estuviesen lesionados durante gran parte de la temporada. Incluso con 2-7, seguían siendo favoritos en el este con la vuelta de su QB. Pero una nueva lesión de clavícula acabó con su temporada y con la del equipo.

Los otros claros aspirantes eran los Eagles, construidos al gusto de Chip Kelly. Desmanteló la línea ofensiva para desarrollar su juego y mandó a LeSean McCoy a Buffalo para hacerse con DeMarco Murray y Ryan Matthews. Además también envió a Foles a Saint Louis a cambio de Sam Bradford.

Las lesiones en los Cowboys parecían dejarles el camino hacia la división totalmente despejado, pero el mal juego en ataque desde el primer partido y el bajón de la defensa la segunda parte del campeonato los dejaron sin opciones.

Con los dos favoritos tan mal, todo hacía indicar que los Giants volverían a tener una de esas temporadas donde, sin hacer mucho ruido, se acaban metiendo en playoffs y dando la campanada.

Pero tampoco fue el caso, su desastrosa defensa (27 puntos y 420 yardas encajadas por partido) y su pobre juego de carrera (por debajo de las 100 yardas de media) unidos a una mala gestión del reloj en ciertos partidos dieron al traste con las opciones de los de New York. Este año les faltó esa “potra” ya mítica en los Giants.

¿Entonces los Redskins han ganado por descarte? Pues sí…y no. Me explico. Es evidente que la mala temporada de sus rivales de división les han beneficiado enormemente a la hora de hacerse con la NFC Este. Pero si echamos la vista atrás, allá por el mes de agosto los Redskins eran claros candidatos a peor equipo de la temporada, a escoger un quarterback con el pick 1 del draft, a echar al entrenador… a poco menos que hacer el ridículo durante 17 semanas de competición.

Pues Jay Gruden ha conseguido montar un equipo que, pese a no ser ninguna maravilla, compite siempre. Ni el ataque ni la defensa destacan demasiado, pero ni para bien ni para mal. El juego de carrera ha sido flojo y sí que ha funcionado mejor el de pase. Mientras que en defensa, aun permitiendo bastantes yardas, han sido capaces de minimizar daños no concediendo muchos puntos.

En una plantilla muy limitada en cuanto a calidad, jugadores que acaban de llegar como Knighton, Goldson o el rookie Preston Smith han jugado a buen nivel, dando a la defensa un punto más de competitividad. Además, el TE Jordan Reed se ha mostrado imparable en un año en el que ha rondado las 1000 yardas y ha superado los 10 TDs sin jugar todos los partidos.

 

Pero el mayor acierto de los de Washington ha sido el solucionar su mayor problema, el puesto de quarterback. Con RGIII en el roster, Gruden decidió apostar desde el principio en Kirk Cousins. Y no le ha ido nada mal. Cousins ha demostrado que, a medida que iba disputando partidos y ganando confianza, su rendimiento iba a cada vez a más. Esto no sólo es importante por la temporada, sino por el futuro. Y es que, el próximo mes de abril, los Redskins pueden tener a su QB titular ya definido y aprovechar sus picks más altos para reforzar esa plantilla.

A día de hoy se pueden dar por satisfechos y en los playoffs deben ir a por todas, no tienen nada que perder. Nadie daba un duro hace unos meses por su clasificación para playoffs y tampoco ahora por una victoria en la ronda de wild card. Los Redskins ya han cumplido y, pese a lo mal que lo han hecho sus rivales, al César lo que es del César.

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