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La NBA dijo adiós a ‘Los Cuatro Fantásticos’

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2016 fue un año de récord para la NBA, pero también de tristeza tras las retiradas de ‘Los Cuatro Fantásticos’. Los aficionados ya no podrán disfrutar de aquel póker de jugadores que ponían la piel de gallina al contrario nada más saltar a la cancha.

Para despedir el año y saludar al 2017, qué mejor forma de escribir sobre estos grandes del baloncesto. La cronología del triste suceso fue así: Primero lo anunció la estrella de Los Ángeles Lakers, Kobe Bryant, y, después, todos los focos fueron directos a parar a San Antonio, con Tim Duncan. Tras el verano, dos leyendas más dijeron adiós al baloncesto: Kevin Garnett y Ray Allen.

Gracias, Kobe

Uno de los mejores jugadores de la historia decía adiós tras 20 años al servicio de un deporte que enamora, tras dos décadas deslumbrando en Los Ángeles Lakers y tras estar, desde que naciera en 1978, ligado al baloncesto gracias a su padre Joe Bryant.

El 30 de noviembre de 2015 la Mamba Negra anunció su retirada a través de un tuit que empezaba “Querido baloncesto…” y proseguía con un enlace a una página, The Players’ Tribune, donde se despediría con las letras más emotivas de quien ama algo con lo más profundo de su corazón y en forma de poema. “Desde el momento en el que empecé a ponerme los calcetines de jugar de mi padre, disparando mi imaginación con tiros ganadores en el Great Western Forum, supe que una cosa era verdad: quedé enamorado de ti”.

Puede sonar cursi, sí, pero cualquier persona que leyese el escrito comprendería que lo que Kobe Bryant sentía por el baloncesto era mucho más que lo que se puede expresar con palabras.Un amor muy profundo al que le entregué todo, desde mi mente y mi cuerpo hasta el alma y el espíritu”. 20 años dieron para muchos recuerdos y emociones y, sobre todo, infinitud de méritos por parte de esta leyenda que nadie olvidará jamás.

Desde que debutase el 3 de noviembre de 1996 con la elástica de los Lakers – contra los Timberwolves –, no paró de ganar y de conseguir. El ‘24’ se va, pero se va con la mochila llena y siendo el tercer máximo anotador de la historia (33.663), superando a Michael Jordan, a pesar de ir siempre al rebufo porque ‘Air’ Jordan era mucho ‘Air’. Cinco anillos, dos MVP de las Finales (y uno de Regular Season), 17 All Star con cuatro MVP del mismo, 11 inclusiones en el mejor quinteto de la temporada, nueve en el mejor quinteto defensivo, dos trofeos de máximo anotador de campaña y un concurso de mates ganado en 1997. ¡Una barbaridad para el mejor tirador de la historia de los Lakers!

A partir de su retirada aparecieron multitud de despedidas individuales así como ceremonias cada vez que pisaba una cancha de baloncesto en la que iba a jugar. Kobe disputaba el balón fiel a su estilo, siempre respetuoso con el rival, tirador y driblador nato – un escollo para los contrarios – escabulléndose para meter canasta. Le vimos jugadas imposibles, step backs únicos, crossovers que dejaban sentado al oponente y reversos de locura. Kobe lo tenía todo. Todo para ser el mejor. Y lo fue.

(…) Y los dos sabemos que no importa lo que haga después, siempre seré ese niño con los calcetines y cubos de basura en la esquina: ‘05 segundos en el reloj, balón en mis manos 5… 4… 3… 2… 1’. Siempre te amaré”. Gracias, Kobe.

 

Siempre Tim

Después de Kobe, a la NBA se le encogió el corazón al conocer el adiós de uno de los mejores ala-pivot de la historia: Tim Duncan. Un jugador excepcional tanto dentro como fuera de la cancha. El cuatro estuvo un año menos que la Mamba Negra en este deporte, pero la huella que dejó fue inmensa. Un 31 de octubre de 1997 debutó este joven al otro lado del charco con San Antonio. Ese curso terminó siendo nombrado novato del año gracias a su promedio de 21,1 puntos y 11,9 rebotes por encuentro.

Con David Robertson formó la dupla, a la que nadie quería enfrentarse, conocida como las ‘Torres Gemelas’. Tan solo un año después, los Spurs ganaron el anillo con Tim como MVP. Rodeado siempre de gente como Gregg Popovich, Tony Parker y Manu Ginóbili, Duncan consiguió cinco campeonatos y tres MVP en total, siendo 15 veces All Star (y MVP compartido con Shaquille O’Neal), además de estar 15 veces incluido en el cinco ideal defensivo de la liga, de ser 15 veces elegido en los All-NBA Team y de convertirse dos años consecutivos en el mejor de fase regular (2002 y 2003).

Una maleta llena de reconocimientos a los que se sumó la de máximo anotador de la franquicia texana, con un récord de 1.072 victorias y 438 derrotas en temporada regular (71 por ciento de triunfos, es decir, la mejor marca durante los 19 años que estuvo en las grandes ligas del deporte estadounidense y récord de cualquier equipo en la historia de la NBA). Además, en 2016 ‘Timmy’ se convirtió en el tercer jugador en todos los tiempos, tras Kareem Abdul-Jabbar y Robert Parish, en ganar 1.000 partidos en temporada regular, y el primero en ganar esos encuentros con un mismo equipo, los Spurs.

El joven de Wake Forest se marchó siendo el líder absoluto de San Antonio en la NBA con un total de 26.496 puntos, 15.091 rebotes y 3.020 tapones. Todo ello en 47.368 minutos y 1.392 partidos jugados. También fue el único jugador en la historia en disputar más de 9.000 minutos en los Playoffs. Para rematar la faena, Duncan es el quinto en el ranking de dobles-dobles con 841, el sexto en rebotes (14.969, uno más que Karl Malone) y el quinto taponador de la historia tras rebasar los 3.000 (3.020 en total).

Duncan es un hombre sin límites capaz de superar cualquier traba. El pasado 18 de diciembre frente a New Orleans Pelicans, la franquicia de plata y negro vio cómo se colgaba del AT&T Center la octava camiseta – en este caso el número ‘21’ – en la historia de los Spurs. El homenaje al ala-pívot fue muy emotivo, sobre todo las palabras que le brindaron sus compañeros. Incluso el técnico más serio de toda la NBA, Gregg Popovich, se emocionó como nunca.

El hombre que hay aquí hoy es exactamente la misma persona que entró por estas puertas hace casi 20 años”, aseguró con todo conocimiento, como si le hubiera parido (con perdón de la expresión), el entrenador de los Spurs. “Su empatía, su habilidad para hacer que todos se sintieran bienvenidos, su forma tranquila de ser el líder con tanta dignidad… todo eso le ha hecho mucho más especial de lo que nadie pueda imaginar”, alabó el Popovich más humano.

En resumidas cuentas, esto y más es el legado de Tim Duncan tras su largo paso por la NBA. 19 años, pero muchísimos momentos que guardaremos todos los aficionados. Y como bien dice el propio jugador: “No veo esto como el final sino como un nuevo comienzo. No existen las despedidas”. Hasta pronto, Tim.

 

¡Defensa, defensa, defensa!’, gritaba el entrenador

Otro que dijo adiós en 2016 fue Kevin Garnett. Considerado el mejor defensor y luchador de la historia de la NBA, a sus 40 años puso fin a toda una trayectoria brillante (21 temporadas), a pesar de ser campeón de la competición solo una vez con los Celtics en 2008. El ala-pívot fue seleccionado por Minnesota en 1995 y fue la cara de la franquicia durante 12 años. En 2007 fue traspasado a Boston. Después jugó en los Nets dos temporadas (2013-2015) y regresó a los Timberwolves para retirarse en el equipo que le vio crecer dentro y fuera de la pintura.

El estadounidense ganó trofeos individuales como el de Jugador Más Valioso (MVP) de la liga en 2004, el de jugador defensivo del año en 2008 y fue elegido 15 veces para el All Star (donde le nombraron MVP en 2003). Con su selección consiguió la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000. Sus números lo dicen todo.

El jugador se retiró con una media de 17,8 puntos, 10 rebotes, 3,7 asistencias y 1,4 tapones en 1.462 partidos de Regular Season (el quinto en la lista de la historia). Además, en la competición de Playoffs disputó 143 encuentros con un promedio muy parecido al que consiguió en liga: 18,2 tantos, 10,7 rebotes, 3,3 asistencias y 1,3 tapones. En total se embolsó 26.071 puntos que le sitúan en decimoséptimo lugar del ranking de todos los tiempos. Es, ha sido y será el mejor jugador defensivo de la NBA, tanto es así que se sitúa en primer lugar con 11.453 rebotes bajo su aro. Y es que las estadísticas del ala-pívot hablan por sí solas.

Siempre se caracterizó por su carácter en la cancha. Será recordado por la provocación permanente que reportaba a sus rivales cuando estaba en la pista con un lenguaje singular que le hizo ser temido por muchos jugadores. A pesar de eso, Garnett aseguró estar “agradecido” por todo “el amor” que recibió. El de Carolina del Sur, al igual que el resto de mitos retirados, quedará grabado en la mente de todos los aficionados al baloncesto.

 

Desde el perímetro

‘¡Tri-tri-tri-triple de Allen!’ Y así sucesivamente en cada cancha que jugaba se narraba eso. Ray Allen nació por y para el baloncesto pero, sobre todo, para lanzar desde la línea de tres. Fue la cuarta leyenda que se retiró en el 2016 y de nuevo los espectadores de la NBA lloraron otra despedida. A sus ¡41 años! tomó las riendas de su vida, después de tantos años con una pelota entre sus manos, y las viró hacia el camino de la retirada y hacia la vía por la que acababan de pasar Kobe, Durant y Garnett.

Allen se convirtió en el máximo triplista de toda la historia de la mejor competición del mundo con 2.973 tiros desde el perímetro. No consiguió más porque dejó de jugar el 15 de junio de 2014 y, tras el verano de 2016, decidió poner tierra de por medio y terminar su carrera baloncestística. Al igual que lo hiciera meses antes Bryant, el escolta redactó una carta en The Players’ Tribune comunicando su retirada.

El de California fue el rey del ‘catch and shoot’. Esa técnica de recibir y lanzar en suspensión le hizo coronarse como el mejor tirador de toda la historia. Definía de forma perfecta con una soltura magnífica de muñeca para mandar el balón dentro del aro. Una habilidad que llevaba a cabo en sintonía con su juego de dos. Ya lo decía él mismo: “Dios te da muchas virtudes, pero no la del tiro en suspensión. Esa te la tienes que trabajar cada día“.

Sugar Ray’ no se fue de vacío. Jugó en la NBA entre 1996 y 2014. En el Draft fue seleccionado por los Timberwolves, pero directamente le mandaron a Milwaukee Bucks. En Wisconsin estuvo hasta 2003 y le traspasaron a los Seattle Supersonics. En 2007 aterrizó en Boston donde formó el ‘Big Three’ junto a Paul Pierce y Kevin Garnett. Con ellos en pista, los Celtics ganaron el anillo en 2008 (el primero para Allen). Ya en 2012, y con ganas de más, marchó a Miami Heat con ‘The King’ James para meter en su maleta otro anillo que logró en las Finales de 2013.

Entre todas estas franquicias Ray logró ser 10 veces All Star y oro con Estados Unidos en Sidney 2000. En todas esas temporadas disputó 171 partidos de Playoffs en los que promedió 16,1 puntos con el 40 por ciento en triples, el mismo porcentaje que en Regular Season, donde consiguió 24.505 puntos (18,9 tantos de media en 1.149 encuentros de temporada regular). Desde Milwaukee hasta Seattle enlazó ocho cursos anotando más de 20 puntos por partido.

A los 41 años, Ray se despidió con un emotivo escrito a su ‘yo’ de 13 años: “Lo que quiero que hagas es esto: sal a la cancha. Quédate en la cancha. Puedes construir tu existencia completa en ella. En el instituto te creerás que ya sabes lo que es ser un gran jugador de baloncesto pero en realidad no tendrás ni idea”. Y a lo largo de todos estos años se convirtió en lo que es a día de hoy: un triplista de categoría.

De estas cuatro leyendas se podrían escribir hojas y hojas sin parar, pero para ello se necesitaría el año que acaba y el que está por llegar. Con ellos fuera de las canchas se termina una era en la NBA. Los cuatro se marcharon por la puerta grande dejando una estela con olor a mito. Se fueron ‘Los Cuatro Fantásticos’. Todos ellos llenaron la NBA de momentos, de jugadas, de mates, de sensaciones, de recuerdos y de años, sobre todo de años en los que los aficionados disfrutaron como niños de las jugarretas de estos cuatro ‘monstruos’ de la canasta. Solo le pedimos a 2017 que la NBA no deje escapar a ninguna leyenda más.

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