Judo

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Nati, un cinturón negro que brilla

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En judo de continuo hay que levantarse tras caer, es una de sus máximas que también vale para cualquier ámbito o situación que requiera de superación, la vida sin ir más lejos. Lo decía su creador el Profesor Jigoro Kano, más que un arte de ataque y defensa es un estilo de vida, lo corroborará en el acto cualquier judoka o practicante.

Con esta filosofía de valores tampoco es lo mismo tener cinturón negro de judo que serlo, hay una distancia abismal que separa el territorio de la vanidad del de la humildad. La historia de Nati Ocaña es una épica de valor que da lustre y brillo a tan solemne institución dentro de las artes marciales.

Esta remontada vital de caer para tomar un impulso mayor comienza a los 18 años cuando un accidente de tráfico le paraliza de pectoral hacia abajo. Lo suyo con el judo no fue amor a primera vista, sino a través de los ojos de su hijo Joel y su marido Francisco Alarcón que recibían clases en el Club Associació Judo Cardedeu impartidas por Jordi Yuste.
Con decisión y alevosía se plantó sobre el tatami para desarrollar un programa dentro del proyecto “Judo para Todos” allá por el 2011 y con la perseverancia de ella unida a los conocimientos del experto en judo suelo del profesor Yuste Gutsem, el mismo hubo de experimentar con la sensación de tener paralizado el tren inferior para empatizar con la situación de Nati y poder programar un trabajo específico para ella.

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A base de esfuerzo y tesón se llega a logro incluso de ponerse de rodillas para realizar el saludo ceremonial, después vinieron los desplazamientos, los encadenamientos continuos de diferentes técnicas, la constancia ha jugado un papel primordial logrando pasar con éxito y obtener todos los colores de cinturones hasta llegar al marrón que es cuando se observa el trabajo ya realizado, y se da cuenta del camino recorrido que es pleno y no lleva a otro sitio más que a dar el paso necesario de enfrentarse a un tribunal federativo para lograr el color negro, un color que aparte de premio y orgullo abre una puerta mayor al ansia de conocimiento y práctica o así lo predicaba el Profesor Kano.

La gesta de Natividad Ocaña a través del judo como herramienta de desafío y reto muestra lo mucho que puede aportar una disciplina como el judo pero también al resto nos enseña que personas con esta valentía y arrojo aportan mucho a un deporte como este que a día de hoy es el único recomendado por la UNESCO por su valor educacional y pedagógico.

Rebasar este territorio y adentrarse como lo han hecho Nati Ocaña y el Maestro Jordi Yuste para llegar a los parámetros de valores personales y formativos es abrir la caja de las esencias.

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