Fútbol italiano

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Napoli ante la historia

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No pudo Maradona en los penaltis ante Karpin, Mostovoi y el último equipo de la actual Rusia que ha estado entre los cuatro mejores del continente. Y tampoco el cuadro de Mazzarri y Cavani en la prórroga disputada en el campo del posterior campeón dos décadas más tarde. El Napoli se halla por tercera vez ante su techo histórico en la mejor competición de clubes y para superarlo, tendrá que enfrentar de nuevo a un coloso. Y no a cualquier coloso, sino al más temible de todos. El que porta a sus espaldas once Copas de Europa capaces de amedrentar a los más audaces héroes.

El Napoli, que de la mano de Higuaín -y Benítez- nunca pasó de la fase de grupos, pertenece ahora a su técnico y a su bandera y capitán -por fin a su capitán- por encima del resto de sus componentes. Fue precisamente la dolorosa huida del artillero argentino la que ha propiciado que el primer proyecto de Maurizio Sarri en las faldas del Vesubio haya modificado varios de sus matices futbolísticos con respecto a la temporada pasada. Eso sí, sin alterar su esencia.

El nuevo Napoli tenía que ser mucho más de los centrocampistas para poder mantener el pulso consigo mismo. Todas las operaciones de su mercado estival y cada nueva idea sustanciosa inyectada por Sarri desde entonces, han estado encaminadas a convertirse en un equipo más ambicioso en su forma de rodear y encaminarse hacia el área desde segunda línea y a paliar el lógico déficit de productividad que dejaba un Higuaín totalmente absorbente en esta parcela.

Ataque

Es por ello que esta segunda versión del “sarrismo” en San Paolo, los extremos han pasado de posicionarse muy abiertos para dejar mucho espacio a su serial killer, a acercarse más a los picos de área para apoyar de forma más íntima al nuevo nueve. Una disposición ya vista con Milik y acentuada desde la magnífica instalación de Mertens en el centro del ataque. En parte, mérito de la propia inspiración, estado de gracia, predisposición e inteligencia futbolística del belga; y en parte, consecuencia principal de los nuevos matices adquiridos por el colectivo.

Mertens le ha dado y le está dando al Napoli un punto de apoyo ágil y una referencia para jugar de espaldas entre líneas muy rápida y habilidosa. Precisamente, la falta de características por las que Gabbiadini ha acabado abandonando el barco. Y es que Mertens entendió de forma casi intuitiva y a la perfección, la imperiosa necesidad de ser receptor activo de las múltiples líneas verticales interiores, pasador principal de las rupturas de Callejón -ahora más centrado, situado más arriba, menos fijo y no tan encorsetado en llegar al segundo palo- y socio ideal para el fútbol más asociativo de Hamsik e Insigne en el otro costado y para ir en busca de los propios envíos filtrados de éstos en dirección al arco rival. Además, evidentemente, de las diabluras que es capaz de hacer por sí solo en la media luna por su fantástica capacidad técnica y su tremenda facilidad de giro.

Todo ello, hace del Napoli en ataque un equipo prácticamente imparable si el rival decide ir a buscarlo adelantando sus líneas y no las ajusta al milímetro. Que se lo digan si no al Bologna y a su intento de colocar a su defensa casi a la altura del centro del campo. En tres toques, el equipo de Sarri es capaz de destrozarte una y otra vez si encuentra espacios, debido a su extrema precisión a campo abierto. Ateniéndonos simplemente a la fase ofensiva, este Napoli podría considerarse incluso favorito ante todo un Real Madrid: es el equipo que más tira de toda Europa en su liga (17.8) -superando al propio Real Madrid (17.6)- y el tercer máximo goleador de las cinco grandes ligas (57) tras Mónaco y FC Barcelona -también justo por encima del conjunto blanco (54). Datos que le han llevado a no perder desde el pasado mes de octubre y a acumular 18 resultados positivos consecutivos.

Medular

Como decíamos, la marcha de Higuaín afecta a todo el bloque. El Napoli ha redoblado su apuesta por jugar en la frontal, es más dinámico y ante la falta de una referencia de área, apenas se sitúa en zona de gol, sino que prefiere hostigarla entrando y no estando. Motivo por el cual, los laterales ya no son tan largos por norma, pues el equipo no tiene necesidad de tanta amplitud. En cambio, sí están siendo cruciales para asentar las posesiones en campo propio. Faceta, esta última, que ha cambiado de forma notable a raíz de los cambios más sustanciales de todos: los que han tenido lugar en la medular. El fichaje de Grassi el invierno pasado y el de Rog este verano -evolucionando cada vez más hacia un rol más agresivo-, hacía pensar que a Sarri le rondaba la idea de un segundo gestor de juego que acompañase a Jorginho. Y, sin embargo, el primero tuvo que volver por donde vino, el segundo apenas ha participado y el tercero ha pasado de indiscutible a suplente.

¿Cómo se reparten ahora los más de cien pases de promedio que realizaba Jorginho en cada partido? ¿Quién los ha absorbido? La respuesta es nadie. Sarri ha prescindido de su regista, seña de identidad de su fútbol, para introducir a un futbolista como Diawara (58 pases por juego en Serie A) en funciones de eje. Un jugador también con buen pie, pero de ritmos más altos, infinitamente más físico y con gran capacidad para hacer coberturas, algo de lo que carece el estático italo-brasileño. El nacido en Conakry puede ser menos preciso y cerebral, pero su fútbol es mucho más revolucionado y solidario. Representa al unísono, la búsqueda y la red a la propia nueva búsqueda que ha llevado a cabo Sarri.

El porqué de esta decisión son los propios matices de estilo impuestos y el nombre que provoca las reformas, más allá del de Higuaín: Piotr Zielinski. El polaco es la figura por la que el técnico del Napoli ha decidido prescindir de forma habitual del mejor doble trabajo de Allan para redoblar las virtudes y funcionalidades de Hamsik: pegada exterior, conducciones, asociación vertical, último pase, facilidad para pisar área… Una posición de interior que es ahora mucho más larga en su posicionamiento, más profunda en sus intenciones y muchísimo más importante en su productividad, hasta el punto de que es el rol que define al nuevo Napoli y al nuevo Sarri. El lugar adonde ha llegado el técnico desde la incidencia absoluta del trequartista + regista de sus días en Empoli y la importancia crucial de jugar desde los extremos hacia el nueve de su primer curso en San Paolo.

Por ello, por mantener, explotar y explorar su nueva esencia en el reto más arduo y apasionante de su particular carrera en los banquillos, sería decepcionante -aunque comprensible, especialmente en el Bernabéu- que Sarri prefiriese a Allan, un “pitbull” más al uso, antes que a Zielinski. Y es que los interiores son su nueva marca. El rediseño de Sarri de su idea primigenia del doble playmaker, ahora de intenciones radicalmente ofensivas y no de control. Los elementos a los que el equipo les da el balón en cuanto puede para que éstos verticalicen. Especialmente a su líder, Hamsik, quien ejerce también de organizador alto y que anhela en este cruce dar ese salto que le falta en la más pura élite para pasar de tótem a leyenda en la ciudad que le ha visto crecer. En definitiva, ellos eligen -Hamsik primero, y Zielinski en menor medida- cómo quieren que sea cada ataque.

Defensa

La salida desde atrás es limpia y precisa, la movilidad y frescura en la medular le otorgan una fluidez vertical muy peligrosa al equipo, Mertens genera muchos espacios y apoyos para las llegadas desde segunda línea y para los extremos, el equipo cuenta con numerosas soluciones posicionales y de contragolpe en ataque… Por su parte, en defensa, es un conjunto al que es complejo hacerle daño. Especialmente, si se encuentra bien de piernas, ya que imprime un pressing alto a la primera circulación del rival, busca robar arriba y es capaz de anticiparse con sus centrales si el adversario llega a zona de tres cuartos. Y también, de romper líneas con ellos, sobre todo y en ambos casos, con Koulibaly. Entonces, ¿cómo se le hace daño a este Napoli?

Hay un dato muy llamativo en la temporada partenopea: las tres derrotas que ha sufrido el Napoli en Serie A han tenido lugar ante equipos que han utilizado carrileros largos. La tremenda intensidad en fase de recuperación del Atalanta por todo el campo fue la primera piedra en la que tropezó. Después, una Roma que centró a Salah para abrir mucho el campo con Florenzi y Perotti y que con un doble pivote pasador (De Rossi – Paredes), lanzó a los tres y buscó a un nueve como Dzeko, que tanto hace trabajar a los centrales por su envergadura. Y por último, una Juventus con su archiconocido 3-5-2 con todo el aplomo que aun le da la ‘BBC’ y con Hernanes y Pjanic juntos, para tener siempre mecanismos para liberarse de la presión napolitana.

Un dato: Jorginho estuvo presente en tres de las cuatro derrotas del Napoli esta temporada (la cuarta fue ante el Besiktas en Champions en la más accidental de todas ellas y plagada de errores defensivos individuales). El poso y la pausa excesivos en salida le hace mucho daño a los de Sarri ante este tipo de equipos, porque con el internacional azzurro como titular, bloqueando a un hombre, se ralentiza todo su sistema en su fase inicial. Además, el Napoli también se dejó puntos ante el Genoa, la Lazio y la Fiorentina. Todos ellos, formaron con tres centrales en dichos encuentros.

No es casualidad, por tanto, que Zinedine Zidane haya estado probando la misma variante en los últimos encuentros del Real Madrid y que sea plausible que pueda utilizarla en la eliminatoria, ya sea en un 5-3-2 / 3-5-2 o insertando de forma continua a Casemiro entre sus dos centrales para desplegar y lanzar a los laterales a la jugosa espalda de Callejón y, la más jugosa aún, de Insigne. Una zona izquierda del Napoli que, con la menor disciplina y retorno del citado jugador italiano y con la cantidad de pelota que acumula Hamsik en cada ataque por ese sector, sigue siendo, más si cabe, la zona débil defensivamente.

Los problemas del equipo de Sarri surgen ante equipos con una ocupación de los espacios excelente a lo largo de todo el rectángulo de juego, fuerted posicionalmente, que no permiten vértigo entre líneas, con habilidad para superar su primera línea de presión a través de la circulación o el regate, con capacidad de gestión de la posesión en distancias reducidas, que amplíen mucho el campo desde los primeros pases y que sepan aprovecharse de esa zona débil del Napoli y de su mal endémico a la hora de bascular su zaga en repliegue, lo que genera espacios con los que cualquier equipo que se sienta más o menos cómodo en transición puede castigar con dureza. Un balón diagonal bien servido a la zona despoblada puede bastar para desestabilizar todo su entramado defensivo.

Leer más: Maurizio Sarri, de empleado de banca a prestidigitador de los banquillos

Un equipo con nombres como los de Sergio Ramos, Marcelo, Kroos, Modric, Isco, Lucas Vázquez… sabe leer y qué hacer sobradamente ante ese tipo de situaciones para aprovecharse de ellas. Ni que decir tiene si Gareth Bale está recuperado para el partido de vuelta como pretende. Por tanto, la concentración defensiva del Napoli será un aspecto vital si quiere competir por el pase a cuartos. El otro punto débil de la retaguardia partenopea es la portería. Pepe Reina es el cuarto portero titular del Calcio al que menos veces hay que disparar para conseguir hacer gol. ¿Por qué? Por su escasa plasticidad para llegar a los ángulos y también, porque las ocasiones rivales acostumbran a ser infinitamente más claras que numerosas, por la falta de atención y aptitud ya comentada en los ajustes y distancias defensivas.

El Napoli, su entorno, su técnico y sus jugadores llegan con la confianza por las nubes, sabedores de estar ante una oportunidad para pasar a la historia del club ante el equipo más dominante de la competición que fabrica a las leyendas. Si encuentra a un Real Madrid titubeante, al que le cueste aprovechar las debilidades italianas y con dificultades para conectar con sus delanteros por la presión partenopea, el Napoli puede escribir una gesta, pues tiene múltiples recursos en tres cuartos (disparo, pase atrás, circulación, desmarque, uno-dos…) y llega a ellos de forma muy vertical para explotarlos. En cambio, si no incrementa su concentración a la hora de replegar, entonces puede sufrir y acabar dando la razón a aquellos que decían que era un rival asequible para el vigente campeón.

Para el equipo azzurro, la eliminatoria de octavos ante el Real Madrid es una encrucijada. El momento del gran salto. La ocasión de convertir el techo ya conocido en un nuevo horizonte por descubrir. Un límite o una frontera. Un camino o una etapa. Una barrera o una estación. Un hasta aquí o un hasta dónde. Un acceso a la verdadera y desconocida superélite contemporánea. Un brindis a Maradona. Una puerta abierta a la consolidación entre gigantes. Un momento cumbre y concluyente. Para Sarri. Para Hamsik. Para el Napoli. Para Napoli.

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