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Napoli, Milan y la ‘monetina’ de Alemão

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Cuando éramos menos viejos, éramos más felices y no lo sabíamos. En la década que nos conectó, los noventa, Italia era cuna de talentos y el Calcio era la niña bonita del fútbol mundial. Por aquel entonces, el fuera de juego era posicional, no existía la cesión al portero y las victorias no eran significado de tres puntos, sino de dos.

Nápoles como siempre tan entregada al fútbol había vivido una temporada donde se había llegado a la final en Coppa, se había conquistado la UEFA pero en Liga jamás pudieron alcanzar al todopoderoso Inter. Durante la 88-89 estuvo mordiéndole la cola a un Inter excepcional, hasta que una serie de malos resultados le dejaron sin opciones de título haciendo que los interistas se coronaran plácidamente campeones por decimotercera vez en su historia.En la 89-90 con un inicio algo convulso, Ottavio Bianchi salía de la banca partenopea cediendo su lugar a Roberto Bigon y a un Maradona que no volvió a la ciudad del Vesuvio hasta la quinta jornada del campeonato por prolongar su estancia en Argentina. Mientras tanto, el equipo se reforzaba con Altomare, Baroni y un joven Gianfranco Zola. Si Italia era el país del fútbol, Nápoles era su capital. Con un San Paolo abarrotado jornada tras jornada que no bajaba de los 60.000 espectadores, el jugar como visitante en el San Paolo se convertía en un handicap añadido, el escenario se convertía en un auténtico fervor, un hervidero de gente entregada a un equipo y en especial a un jugador, Diego Armando Maradona. Prueba de ello, queda relatada en los partidos jugados del Napoli como local con un balance de 16 victorias y tan solo un empate frente a la Sampdoria por 1-1 en la jornada 12. Nunca se perdió en aquel estadio en el campeonato doméstico. Si lo hicieron frente al Milan de Sacchi en semifinales de Coppa y frente al Werder Bremen en Octavos de Final de la Copa de la UEFA.

El campeonato liguero tuvo resultados magníficos, dieciséis partidos invicto desde el inicio del campeonato. La primera derrota llegó en el último partido de la primera vuelta en la visita a Roma para enfrentarse a la Lazio por 0-3. Un Nápoles que desde la jornada  siete hasta la veintitrés se mantuvo líder en solitario en lo alto de la cima. Aquella jornada 24 se verían las caras Milan y Napoli en una preciosa batalla para el recuerdo en el campo de San Siro. El glorioso conjunto de Sacchi acaba ganándole la partida por un contundente 3-0 con goles de Massaro, Maldini y Van Basten. Un equipo pionero en el fútbol moderno y que marcaría un antes y un después plantaba sus primeras semillas en la bella Italia. Primero la batalla perdida en San Siro y justo dos jornadas después la batalla perdida en el Giusseppe Meazza -que viene a ser lo mismo- permitieron al Milan distanciarse en la tabla respecto al Nápoles por diferencia de dos puntos y generar por primera vez en la temporada aquellos tenebrosos pensamientos que hicieron mella en la temporada pasada. Parecían que volvían los fantasmas y por ende un sinfín de malos resultados que descarrilarían al Nápoles de la batalla por el Scudetto.

En la jornada 28, el empate conseguido por los de Bigon en el campo del Lecce sabría a victoria después de conocer la derrota del Milan por 3-0 frente a la Juventus de Turín. A la jornada siguiente, el Napoli seguiría sin conocer la victoria, esta vez frente a la Sampdoria, único equipo junto a la Lazio que en la primera vuelta fueron capaces de arrebatarle al Napoli algo de puntos. Esta vez, Nápoles perdía en Génova por 2-1, en una derrota que no cambiaría nada puesto que el Milan hizo más de lo mismo en el Derby de la Madonnina donde un Inter comandado por Matthäus y Serena se llevaron los dos puntos.

A cuatro jornadas para el final, en la jornada 31 se marcaría un punto de inflexión. Durante toda la campaña fue una guerra a mano armada, punto a punto, pulgada a pulgada, partido a partido, una persecución constante entre goleadas, pruebas de fuerza, de táctica, de supervivencia, la venganza estaba servida con 3-0 favorables para cada uno en sus partidos como local. Sacchi contra Bigon, van Basten, Rijkaard y Gullit contra Maradona, Alemão y Careca, Norte contra Sur. Y finalmente la diferencia la hizo una moneda.

 

Era 8 de Abril de 1990, hace 25 años de eso y el Nápoles visitaba Bérgamo con la intención de recortar distancias. En un partido correoso donde no fraguaron las ideas en los pies de Maradona y los brasileños Careca y Alemão el marcador no se movió durante los noventa reglamentarios. Sin embargo, a quince para que se diera por concluido el encuentro, el estadio no cesaba y con el paso de los minutos, en un estadio lleno hasta la bandera los insultos y el nerviosismo fue aumentando con el pase de los minutos. Una moneda golpeó sobre la moneda de Alemão, brasileño y jugador napolitano que se fue al suelo sin pensarlo siendo trasladado posteriormente al hospital. En aquellos tiempos, en casos como estos, la victoria era automática para el equipo dañado por los incidentes y con ello el Nápoles automáticamente ganó 0-2. Mientras, el Milan no consiguió pasar del empate, resultado polémico aquí también puesto que el balón que chutó Marronaro si debió subir al marcador y por ende llevarse la victoria el conjunto local. Un gol fantasma que hizo que el Milan consiguiera al menos un punto, manteniendo el liderato en la tabla empatado con 45 puntos con el Napoli a falta de tres jornadas y con todo por decidir.

En la penúltima jornada, el Milan perdía por 1-2 en Verona y Napoli que no fallaba y ganaba por 2-4 en su visita a Bologna. A falta de una jornada, el equipo del sur era el líder del Calcio y le servía el empate para alzarse con su segundo Scudetto. En la última jornada, el Milan que no falló, goleó al Bari por 4-0 a la espera de lo que sucediera en el San Paolo. Baroni recién llegado en aquella misma temporada era el encargado de certificar el Scudetto dando la victoria al conjunto napolitano por la mínima frente a la Lazio. La 89-90 fue la última temporada completa de Maradona en el Napoli y el último gran éxito de su carrera deportiva. Único equipo que repitió Scudetto en el segundo lustro de la década de los ochenta. Con la llegada de Bigon, el equipo sólido y experto al contragolpe supo competir y pese a sus excepcionales resultados en una primera vuelta de ensueño volvieron a aparecer los fantasmas de la 88-89 con sendas derrotas a domicilio en Milan. Pese a que en las últimas jornadas la brecha de puntos se hiciera más larga con la derrota del Milan en Verona. En una temporada donde los estadios siempre estaban llenos, Italia relucía todo lo que tenía, era año de Mundial, los mejores jugadores querían jugar en Italia, Maradona daba sus últimos alientos de buen fútbol, Sacchi comenzaba a cuajar algo grande y con todo eso, lo más decisivo fue una moneda.

 

Cuenta la leyenda que incluso se contrataron expertos en la lectura de labios por parte del Milan, descifrando las palabras de Carmando, masajista del Napoli, obligando a Alemão a permanecer en el suelo puesto que el jugador estaba en disposición de levantar y continuar. Por parte napolitana, el reglamento durante la época, otorgaba la victoria de manera automática en caso de incidencia similar a la ocurrida.

En lo anecdótico entra en escena, Corrado Ferlaino, presidente del Napoli, cuando abandonaba el hospital de Bérgamo, después de visitar a Alemão. “El jugador no me reconoció.” Años más tarde, un jugador del Atalanta hospitalizado por pruebas en el mismo recinto de salud reveló: “Escuché lo que decía Alemão. Estaba gritando, él quería ser dado de alta, dijo que no tenía nada”. Años más tarde Alemao jugó en Bérgamo y admitió, sí, haber exagerado un poco. Para cerrar, el gol fantasma de Marronaro en aquel Bologna-Milan. No se dio por válido pese a la buena visión del juez de línea, un juez de línea llamado Marcello Nicchi qué a día de hoy es el presidente de los árbitros. La edad de oro del fútbol italiano. Nostalgia.

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