Ciclismo

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Nairo Quintana, podio de alegría y rabia

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Son las dos sensaciones que desprende el Tour de Francia de Nairo Quintana. Por un lado, la alegría y la ilusión, su capacidad y el futuro que aun le queda por delante. Por otro, la rabia, decepción en gran parte, al ver cómo se le escapa un triunfo que estaba en inmejorable momento para conseguir.

Tras una temporada centrada única y exclusivamente en la gran cita de julio, Nairo Quintana llegaba en inmejorable forma al Tour de Francia. El resultado: segunda participación y un nuevo segundo puesto, como el que consiguió en su esplendoroso debut en 2013, con las ascensiones a Pailhères, Mont Ventoux y Annecy para el recuerdo. En sus cinco participaciones en grandes vueltas, a parte de su doble podio en el Tour de Francia, ganó el Giro el año pasado, abandonó la Vuelta tras una caída como líder y en su debut en la ronda española realizó una gran actuación con 22 años como gregario.

Excepcional, sin duda, en su tercera temporada en la élite, juventud que atestigua también el maillot blanco como mejor joven del Tour, conseguido por segunda vez. Unos éxitos que son además celebrados por todo un país que llevaba demasiado tiempo lejos de vivir grandes momentos así, por una afición tan apasionada con este deporte como la colombiana.

La actitud ofensiva, tanto de Nairo Quintana como de su compañero Alejandro Valverde en la última etapa en Alpe d’Huez son absolutamente dignas de elogio, dejando momentos emocionantes para el espectador aunque a la postre no fueran suficientes para desbancar al poderoso Chris Froome y su equipo. El equipo Movistar se llevará la imagen histórica de sus dos ciclistas, colombiano y español, en el podio de París.

Tour de France 2015 -

Sin embargo, una mezcla de decepción y rabia queda como regusto amargo del Tour de Nairo, visto con perspectiva. Y no precisamente por los dos momentos en los que pierde la carrera con Froome, el minuto y medio en los llanos de Zelanda y el minuto en la Pierre de Saint-Martin, más achacables a méritos de otros que a deméritos suyos. Esa sensación llega más por las oportunidades perdidas para ganarlo.

Lógicamente, por su edad y potencial, Nairo Quintana tiene tiempo para conseguir mayores éxitos en esta carrera -o igual no, que se lo digan a Andy Schleck-. Pero pocos recorridos del Tour van a estar tan de cara para sus características. Sin apenas contrarreloj y con numerosos finales en alto y puertos de paso que se adecuan perfectamente a su estilo de escalador más puro.

Además, Quintana demostró, especialmente en las etapas finales de los Alpes, que tenía mejores piernas que Chris Froome. Al inglés se le vio, si no estrictamente sufriendo -tuvo siempre a sus rivales bajo control, gracias también a sus compañeros Thomas, Poels y Porte-, más débil que en su exhibición pirenaica.

Sin embargo, no lo aprovechó. Hubo momentos, como los pasos por los puertos de Allos, Glandon y el primero por la Croix de Fer en los que un ataque lejano hubiera desarbolado al equipo Sky y aislado a Chris Froome. Especialmente flagrante fue este último, ya que luego atacó en el ascenso final a La Toussuire, consiguiendo una exigua ventaja de medio minuto, insuficiente para el triunfo final. La magnífica estrategia y despliegue el último día en Croix de Fer y Alpe d’Huez fue inmejorable, pero excesivamente tardío.

Evidentemente, el mérito del segundo puesto de Nairo Quintana, unido al tercero de Valverde, es incuestionable. Pero esperemos que no se convierta en una bonita historia de lo que pudo ser y no fue por falta de valentía.

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