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Nadie se esconde antes del Tour

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La temporada ciclista ha superado el ecuador de su transcurso y las sensaciones que han dejado las carreras disputadas son, por lo general, de absoluta satisfacción. Diversión y entretenimiento han sido la tónica a través de las estrategias que, acertadas o erróneas, han propuesto los equipos en las principales carreras. Exceptuando quizás las principales clásicas de primavera (Flandes, Roubaix y Árdenas), algo decepcionantes, el resto de competiciones se han caracterizado por una regla: nadie se esconde.

Durante este mes de junio han tenido lugar las principales vueltas por etapas centradas en la preparación del inminente Tour de Francia: Dauphiné en los Alpes franceses y el Tour de Suiza, a los que cada vez con más fuerza se une la Ruta del Sur en los Pirineos. Tres carreras en las que los principales favoritos para ganar la próxima e igualadísima Grande Boucle, han mostrado, con órdagos y faroles, sus primeras cartas.

Chris Froome eligió y dominó la abundante alta montaña en Dauphiné. Controló la situación en la etapa de Pra-Loup -calcada a la que se disputará en el Tour dentro de un mes- que ganó Romain Bardet con una exhibición en el descenso de Allòs; y venció los dos últimos finales en alto en Mont-Blanc y Valfrejùs para ganar la general final con una distancia mínima sobre Tejay Van Garderen, que obtuvo su margen en la crono por equipos.

 

Allí también estuvo Vincenzo Nibali, que junto a Valverde y Rui Costa protagonizaron una fuga de más de 100 kilómetros hasta Vilard de Lans, culminada por el portugués. Eso sí, menos Rui Costa, que terminó en el podio, los otros dos se desentendieron completamente de la lucha por la general. ¿Dudas o cartas marcadas? De cara al Tour destacó también la actuación del joven Simon Yates, mientras los Garmin Martin y Talansky, así como Joaquím Rodríguez, pasaron más desapercibidos.

Solo la gran esperanza francesa para el Tour de Francia, podio en la última edición, Thibaut Pinot, compitió en Suiza. Y destacó, claro: venció la etapa reina tras el brutal ascenso a Sölden, comparable por números al Mortirolo. Sin embargo, la contrarreloj final fue su gran lastre: Geraint Thomas y Tom Dumoulin, en plena forma, resistieron en la montaña con gran empeño, y ambos acabaron en el podio… por detrás de Simon Spilak.

 

El esloveno, consumado especialista en carreras de una semana, sorprendió a todos en la contrarreloj, fue segundo por detrás de Dumoulin y superó por cinco segundos a Thomas. Vencedor en Romandía 2010 (por descalificación de Valverde), Spilak ha sido segundo tres veces consecutivas en esa misma carrera -la última este año por detrás de su compañero y aparición estelar Ilnur Zakarin- y también en este 2015 subió al podio de París-Niza. Eso sí, con él no cuenten en el Tour: en los últimos cuatro años solo ha corrido una gran vuelta -Tour 2014- y ni siquiera lo acabó.

El gran duelo estuvo en la etapa reina de la Ruta del Sur, donde Nairo Quintana y Alberto Contador se enfrentaron en las rampas de Balès tras superar Peyragudes y Val-Louron. El combate se decidió en el descenso, cuando el español, que atacó sin éxito varias veces cuesta arriba, con el colombiano pegado irremediablemente a su rueda, se despegó de Quintana y venció en Luchon en solitario la etapa y la general.

Han sido los últimos cartuchos de fogueo: desde el 4 de julio habrá fuego real por las carreteras neerlandesas primero y francesas después. El que se presenta como uno de los Tour de Francia más abiertos de los últimos años, comenzará en Utrecht con el duelo a cuatro bandas Nibali-Froome-Contador-Quintana, más los invitados que se apunten. No va más.

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