Ciclismo

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Nadie contra Froome

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Un año más, parece que no hay nada que hacer contra Chris Froome en el Tour de Francia. Aunque el guion esta vez ha cambiado, el resultado tiene pinta de que va a ser el mismo. Esta vez, Froome no ha realizado ninguna exhibición montañera para dejar claras las distancias desde el principio. Pero lo peor es que no le ha hecho falta.

La bajada del Aspin, el caos de Mont Ventoux y la contrarreloj. Sin ‘sudar’, Chris Froome tiene su tercer Tour de Francia en la mano, ha vuelto a demostrar que es el mejor con bastante diferencia y ni siquiera ha tenido que demostrarlo como en años anteriores. Esta vez está siendo suficiente la incomparecencia de sus rivales.

El primero, Nairo Quintana: el conservadurismo del colombiano ha mutado en una increíble falta de forma después de estar todo el año preparando el asalto al Tour. Se salvó gracias a los tumultos en Mont Ventoux, perdió lo esperado en la contrarreloj y la primera etapa alpina con final en alto le ha terminado de matar de cara el triunfo final. Más que por tiempo perdido -menos de un minuto-, por las horribles sensaciones. Tras el ataque ‘pancartero’ de Porte, no solo no pudo seguir la rueda del australiano y Froome, si no que se tuvo que abrir ante el ritmo de Aru o Yates en el último kilómetro.

 

Sin Contador, fuera tras su caída, no hay mucho más para hacerle frente a Froome: Porte, el único que ha estado a su nivel en la montaña, perdió todo con un pinchazo en la primera semana -y la inexplicable actitud de su equipo- y en su horrenda crono; Mollema, aun segundo clasificado a dos minutos y medio, es un ciclista regular pero no destacado; Yates, tercero, solo piensa en reservar para aguantar su podio y su maillot de mejor joven. Bardet apenas ha dado la cara con ataques ‘de peseta’ y Fabio Aru ya está demasiado lejos pese a que va de menos a más. Y aun así, tampoco arriesga.

El plan de control de Sky lo está siguiendo todo el mundo a la perfección. No solo el propio equipo inglés, que en gregarios como Poels y Nieve cuenta con ciclistas en bastante mejor forma cuesta arriba que los rivales de Froome; el resto de escuadras se ciñen al plan Sky, e incluso voluntariamente colaboran con él, como en el caso de Movistar o Astana, tirando del pelotón sin culminar el trabajo en ningún ataque al líder por parte de Quintana o Aru, situación que ya se ha repetido varios días.

 

La consecuencia es que no hay ataques: nadie se ha atrevido a atacar desde lejos, la única forma de desmantelar la interminable fila de gregarios del Sky, por miedo a fracasar y perder tiempo por el podio, el top-10, la clasificación por equipos o cualquier otro objetivo ‘menor’ comparado con el triunfo final. Por otro lado, esperar al último puerto de montaña para atacar cada día es un suicidio: la facilidad con la que Poels o Nieve responden a los pocos ataques que ha habido es absolutamente insultante.

Solo los segundos espadas están dando algo de salsa a un Tour tedioso: el carácter de Valverde, el ritmo de Nibali, el navajeo de Majka, la emoción de Pantano, los zapatazos de Zakarin, el carisma de Alaphilippe, la valentía de De Gendt, la fuerza de Dumoulin o Peter Sagan en general. Sin embargo, la (no) lucha por la general está dando como resultado uno de los Tours más aburridos de los últimos tiempos.

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