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Nadal, tú eres mi bandera

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Tuvo que poner el freno de mano. Un partido más y la muñeca diría basta. La anestesia le hizo competir hasta tercera ronda donde tuvo que poner punto y final. Era París, su Grand Slam favorito, donde hasta en nueve ocasiones alargó su longevidad, el punto y aparte en su carrera llegados a los 30 años. El polvo de ladrillo que tantas batallas le vio conquistar, le veía claudicar aún sin antes saltar al campo de batalla. Con la muñeca inmovilizada y sin conocer la fecha de su vuelta, Nadal abandonaba y dejaba muchas dudas sobre su participación en Wimbledon.

 

Días más tarde, era Juan Martín vestido de cenicienta, quién le aconsejaba reposar, aún sin saber lo que el futuro les depararía. “Mi recomendación es simplemente tomarte tu tiempo. No te presiones a ti mismo y no corras riesgos. La muñeca sufre cuando juegas y entrenas. Si no te sientes al cien por ciento entonces necesitas esperar”.  Un jugador que se operó tres veces de la muñeca izquierda por una lesión que casi lo lleva a colgar la raqueta.

El tenista balear decidiría no disputar Wimbledon por precaución y centraría todos sus esfuerzos en llegar a tope al inicio de los Juegos. En el día de la apertura, ahí estaba. Listo, puesto y elegante. Con una sonrisa de oreja a oreja. Él mucho más tranquilo que el resto de españoles que parecían observarle como el muchacho de su derecha con una mirada inquietante. Todos conocíamos al mejor Nadal, también al Rafa lastrado por sus lesiones. Llevaba mes y medio sin pisar una pista en competición oficial y nuestros ojos ante el televisor eran una mezcla de agradecimiento, culpa y devoción. Profundo respeto hacia la figura que mejor podía representar a nuestro país bajo el remolino de muchas dudas inciertas que solo se podían resolver una vez cogiera raqueta y saltara a la pista. Mientras, silencio y devoción. El mejor español de todos los tiempos abanderaba a nuestra nación.

 

Un día después de anunciar que jugaría en las tres categorías (individual, dobles y mixto) de los Juegos Olímpicos de Río, Rafa Nadal salió a rueda de prensa para dar muestra una vez más de su humildad, compromiso y patriotismo. Casi sin importar su condición física, Nadal se comprometía en las tres categorías. Era el abanderado y por tanto, uno de los mejores guerreros del combinado nacional. Luchar hasta el final no era un deseo, era una obligación.

“Si no fueran unos Juegos Olímpicos no estaría aquí porque los plazos han sido muy justos. La recuperación es más acelerada de lo que a todos nos hubiese gustado. Sigo jugando con molestias cada día en la muñecaEs evidente que es un plus más el ser el abanderado y que ya tuviese que renunciar en Londres (2012 por lesión). Dos veces seguidas hubiese sido muy duro y por supuesto ha influido en mi decisión” de competir en el cuadro individual y en dobles, tanto masculino (con Marc López) como mixto (con Garbiñe Muguruza). Lo más duro fue irme de Roland Garros, el torneo que es una referencia en mi año fue el momento más duro. Después lo más duro fue la incertidumbre de saber si podría llegar aquí”. 

Delbonis, Seppi y Simon hasta cuartos. Las sensaciones eran mejor de lo esperado. Arrollando a Delbonis, sin dificultades ante Seppi y sabiendo hacer frente a la adversidad ante Simon. Mientras avanzaba en dobles también lo hacía en individual y sin ceder ni un solo set. Fue ante Bellucci, ídolo local y en una pista central a rebosar con todo el apoyo incondicional hacía el tenista brasileño, cuando comenzamos a ver sudar a Nadal.  

Bellucci salió sin miedo, confiado y con el respaldo de toda la central. Violento y atacando, dio un paso adelante y se puso set arriba ante un no tan inspirando Nadal. Brasil se lo creía y mientras inyectaba una dosis de miedo al aficionado español. Cada primer servicio de Nadal a la red era motivo de festejo y un constante abucheo hacia el abanderado español.

Miedo no era su sentimiento. Podía tener respeto hacía su muñeca, podía estar fatigado después de clasificarse para la final en dobles o podía haberse levantado con el pie izquierdo pero Nadal nunca tiene miedo. Al inicio de la segunda manga, el ídolo local fue menos monstruo y por tanto menos violento. Al otro lado de la red, la cabeza del balear cuadraba mejor los tiempos y su muñeca comenzaba a dibujar. Nadal tiraba de corazón a falta de gasolina y mientras toda la central iba conociendo el silencio y ahora sí, el miedo. 6-4 en el segundo set y 6-2 en el tercero. Lo que presagiaban al comienzo solo fue un idílico encuentro entre ídolo y afición que duró poco más de media hora hasta que Rafael despertó.

Por la noche cuando gran parte de España dormía y otra se le cerraba ojo y medio, Rafa hacía oro junto a su amigo y compañero, Marc López, frente a Rumanía, en un partido igualado que se acabó decidiendo en la tercera manga. La gasolina en el cuerpo del tenista era una utopía. Había decidido no disputar los mixtos junto a Garbiñe, seguramente por asegurar las otras dos. No descansaba, apenas dormía y siempre ganaba. Después de mes y medio sin verle competir. Nuestro Rafa, había vuelto y solo hacía que competir por España. Levantarse, rugir y competir. En bucle y con mucho sudor.

Semifinales ante Juan Martín, otro hombre que estuvo mucho tiempo alejado de las pistas pero con esfuerzo, trabajo y dedicación había vuelto al ruedo y del mismo modo que el balear lo había hecho de una forma ejemplar. Nada más y nada menos había derrotado por el camino a Novak Djokovic y a uno de los nuestros, Roberto Bautista. Nadal en su camino, buscaba cobrar venganza, asegurar medalla y en el intento, repetir oro como único tenista del mundo capaz de lograrlo junto a Andy Murray al otro lado del cuadro.

Nada más empezar, break abajo. Contra un tenista antagonista al balear, los zambombazos del argentino serían una constante durante toda la noche y la cabeza del balear siempre de acero, debía resistir, ser paciente y esperar ahora más que nunca. Y lo hizo. 5-7 a favor del español al final del primer set. Golpe anímico cuando ya todos esperaban el primer tie break de la noche, el balear rugía primero. Solo un set le separaba de la final. El argentino entró con mejor pie en la segunda manga y tras volver a conseguir el break, no cayó en el mismo error y no dejó lugar a la remontada, igualando el marcador con un set para cada jugador. Todo se decidiría en el tercer set. Después de 15 horas de conseguir el oro en mixtos, Nadal daría el todo por el todo en una tercera manga por hacer final en individuales. Pasara lo que pasara, su legado era inmortal. Los ojos con los que mirábamos aquella noche de apertura, serían una constante en todos los año que nos quedarían por vivir.

En el tercer y definitivo set, no hubo break hasta el 4-4. Si alguna opción de break con anterioridad pero que ni uno ni otro pudo materializar. Fue Del Potro quién se puso 5-4 y saque para ganar. Y ahí en el décimo de juego, después de la anestesia, de abandonar Roland, de retirarse en mixtos y ganar el oro en dobles, Rafa decidió volver a sentirse inmortal. Quizás sea su mejor juego al resto en toda su carrera. Una secuencia magistral de golpes. Su muñeca trastocada, soltada al viento y en un canto a la libertad sin miedo, comenzaba a dibujar, sus piernas se movían mucho más rápido que de normal y Del Potro, al otro lado de la red suspiraba ante la incredulidad. 

 

Tras devolver el break en blanco. Al saque 0-40 y vuelta a sudar. Ahora sí, el miedo era el sentimiento de todos y cada uno de los españoles. Después de la gesta que acabábamos de visualizar con los mismos ojos de la santísima devoción, la muerte llamaba a la puerta, por segunda vez y mucho más fuerte. Visto el final de juego, se decía que le había dejado ponerse 0-40 para destrozarlo todavía mucho más mentalmente. Un auténtico sádico, una leyenda inmortal, un tenista sin límites y para colmo, era español, abanderado y sin miedo a la muerte. Enajenado en pista con raqueta en mano y dando brincos como semejante animal, Nadal alargaba su longevidad. Quienes le dieron por muerto, se escondieron y aun no salieron.

Llegados al tie break, todo podía pasar. Del Potro consiguió el mini-break y a base de zambombazos intentó destrozar a Nadal. Así lo hizo hasta el 6-4. Nadal consiguió el mini-break para el 6-5 y al saque para igualar la contienda y en la segunda bola de partido para el argentino, esa misma muñeca dibujó una diagonal perfecta que nunca llegó a entrar. Nadal murió de pie. Cayó 7-5 en la tercera manga de un partido agónico apenas 15 horas de haber conseguido el oro. España ha dormido en buen lugar. Cualquier deportista y persona debería caer varías veces al año, supongo que a la semana y recomendable que al día como Rafael Nadal, entonces uno sabría la grandeza de su persona, del físico y del potencial del ser humano. Ayer, lo hizo nuestro abanderado, Rafael Nadal. Un inmortal.

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