Fútbol francés

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Nabil Fekir, el renacer del eterno olvidado

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El 4 de septiembre de 2015, Nabil Fekir (23 de mayo de 1993, Lyon) salía por su propio pie del estadio José Alvalade en el amistoso que jugaban Francia y Portugal y que servía a los galos como preparación directa para la Eurocopa que meses después acogerían como anfitriones, toda vez que el ser organizadores del torneo les eximía de tener que jugarse el pase en rondas clasificatorias y por tanto no poder hacer ensayos oficiales cara al once titular. En su lugar entraba quien peleaba por él con un puesto, recogería el testigo y lideraría al país dando un paso adelante ante la polémica que más tarde iba a surgir con Benzema: Antoine Griezmann. Y ciertamente, aquella lesión supuso un punto de inflexión en el camino del jugador del Atlético de Madrid, que creció como la espuma, y otro al mediapunta del Olympique de Lyon, que se vio durante meses en el fondo del pozo más oscuro.

Porque Nabil Fekir, que acababa de recibir el premio al Jugador Joven del Año en Francia* apenas unas semanas antes, se rompió el ligamento cruzado de su rodilla derecha en el momento en el que su carrera parecía directa al estrellato. Hoy, con la eclosión de Mbappé y Dembélé (quienes ganaron el jugador joven del año en 2016 y 2017), la importancia de Griezmann, el retorno de Ribery y la regularidad y consistencia de jugadores como Coman o Payet han privado al jugador del Lyon de volver a la selección, haciendo que Deschamps se olvide de aquel que un día fue el niño maravilla de Francia.

Nabil Fekir tuvo una aparición tardía en el fútbol profesional, sobre todo para los tiempos que corren y teniendo en cuenta el equipo para el que juega, acostumbrado a dar la alternativa a los más prometedores cuanto antes. Y es que aunque llegó al Olympique de Lyon a los 12 años, no fue hasta 2013, cuando ya había cumplido los 20, cuando Remí Garde le dio la alternativa con los mayores. Apenas con una decena de partidos en esa primera temporada, fue su segunda, la 2014-2015, la que hizo que todas las miradas se fijaran en él. Tras 15 goles y 13 asistencias jugando tras Lacazette y llevando al equipo a una inesperada segunda plaza llegaron los reconocimientos individuales, la llamada de la selección y los cantos de sirena. Pero también la lesión, que tuvo lugar justo después de una exhibición ante el Caen (0-4) donde marcó un hattrick y asistió en el restante. Parecía imparable. Fekir reapareció un mes antes del final de la temporada, como una sombra de lo que era y se quedó fuera de la Eurocopa que se jugaba en el país.

El curso pasado le costó volver a su nivel. Es una lesión con un alto componente psicológico y que niega a muchos futbolistas volver al nivel que una vez tuvieron. Recayó durante alguna semana con algún dolor menor en la misma rodilla hasta que de un golpe se despojó de todos los fantasmas. Fekir acabó la temporada cuajando grandes actuaciones, volviendo a convertir, asociándose, siendo crucial en el último pase. Recordando al jugador que apuntaba y que se había quedado un año en la nevera y al que otros habían adelantado por la derecha.

Hoy, ante la salida de Lacazette destino Arsenal, Fekir ha recogido el brazalete de capitán y es el auténtico líder del Olympique de Lyon. Esa responsabilidad que se le exigía le ha hecho ser el auténtico líder del equipo, el jugador que cada técnico desea tener en la plantilla. Fekir juega por detrás de Mariano y en el centro, flanqueado en los costados por Depay y Traoré. Su neurálgica omnipresencia en todas las facetas del juego y en todos los centímetros del campo le hacen ser el faro del equipo que dirige Bruno Génesio.

Fekir, zurdo exquisito, posee un golpeo con la derecha envidiable. Destaca en él su regate en corto, elegante, tan propio de los jugadores de ascendencía magrebí, como Ben Arfa, Mahrez, Feghouli o Afellay y quizás la regularidad, la capacidad de liderazgo y la incidencia en el juego a alto nivel durante un tiempo prolongado, de lo que más adolece este tipo de mediapuntas, es de lo que puedo presumir el del Lyon para diferenciarle del resto. Su facilidad para ver líneas de pase, la naturalidad con la que baja al centro del campo, se incrusta entre los dos mediocentros puros y los libera de presión. Cómo aligera la transición defensa-ataque o cómo es tan versátil como para cae a cualquiera de los costados para superar a su rival en número. Fekir ha perdido comba, porque se perdió el año vital en el que Francia volvió a ser Francia en el panorama futbolístico después de muchos años de ridículos con el balón y escándalos sin él.

Si el fútbol es justo, Nabil Fekir debería recibir dentro de no mucho la llamada de la selección. Al menos, tener la oportunidad de demostrar que aquel que hace dos años se erigía como candidato a liderar al país aún puede tener sitio en la plantilla. La Ligue 1, que cada día tiene más miras por la llegada de estrellas como Neymar, por la aparición de un Mónaco competitivo, necesita que equipos como el Olympique de Lyon asomen de nuevo la cabeza. Nabil Fekir suma 10 goles y tres asistencias en este inicio de temporada (12 partidos) y en toda su carrera ha logrado 45 dianas y 32 pases de gol. Cifras sobresalientes para un jugador que no es delantero.

Si el club, eterno vendedor, quiere volver a ser un equipo grande y temible en Europa (no hace tanto que jugaba Cuartos de Final de Champions League y era un coco a evitar en los primeros cruces), debe mantener a su mejor jugador y capitán exactamente donde está. Rodeado de una camada de jugadores jóvenes con futuro y con un proyecto ilusionante. Si él quiere ser mejor jugador, a sabiendas que su club no dice que no a una buena oferta, debe buscar lo mejor para su futuro. Novias no le van a faltar.

*El Premio al Mejor Jugador Joven del año en Francia lo han ganado, entre otros: Zinedine Zidane, Thierry Henry, Robert Pirés, David Trezeguet, Eden Hazard, Frank Ribery, Patrice Evra, Djbril Cissé, Jeremy Toulalán, Samir Nasri, Hatem Ben Arfa, Marco Verratti, Ousmane Dembélé y Kylian Mbappé.

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