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Murray busca redimir su pasado y el de los británicos

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Este próximo domingo volverá a ser un día grande en la carrera de Andy Murray, su séptima final de Gran Slam. El escocés solo se ha coronado en una ocasión en un grande, fue el pasado año, en el Abierto de Estados Unidos cuando derrotó al que este domingo será de nuevo su rival, Novak Djokovic por 7-6(10), 7-5, 2-6, 3-6 y 6-2. Esta es una oportunidad para redimirse de su pasado: vencer en el All England Club, ante su público, donde no gana un británico desde 1936, y por supuesto, una victoria anímica que le haga brindar su triunfo a los diecisiete fallecidos de la masacre de Dunblane en la que estuvo presente de niño.

La vida de Murray no ha sido sencilla. Desde bien pequeño el escocés ha tenido que responder con empuñadura de plomo los reveses que le ha propinado su partido más difícil, la vida. Con nueve años vivió el divorcio de sus padres. Un duro trámite que no sería el más complicado que viviría el tenista en ese fatídico año 1996. Andy se marchó a vivir junto a su hermano Jamie y su padre, desarrollando su vida académica en la Escuela Primaria de Dunblane, donde el 13 de marzo de ese preciso año quedaría marcado en su retina para el resto de su vida. Un día negro en el que Murray perdió a 16 compañeros y una profesora en la llamada masacre de Dunblane, el asesinato múltiple de niños más funesto de la historia de Gran Bretaña. La pequeña localidad de Dunblane, situada al norte de Edimburgo se vio golpeada por la tragedia cuando un perturbado, Thomas Hamilton, anterior monitor de los Boys Scauts, irrumpió en la escuela pistola en mano, acabando con la vida de 16 niños y una profesora que se encontraban en el gimnasio. Murray y su hermano se dirigían precisamente a ese lugar en el momento del tiroteo, pero cuando escucharon los disparos reaccionaron rápido, dirigiéndose al despacho del jefe de estudios, donde se resguardaron bajo la mesa. Esa decisión pudo salvar sus vidas.

Aquel momento está marcado a fuego en la mente de Murray. El tenista muy pocas veces habla de lo sucedido, siempre ha querido pasar página, no fue sencillo. Un duro trago que él combatió jugando al tenis. Sus padres decidieron enviarle a Barcelona para que superara aquella dolorosa situación raqueta en mano, apuntándole a la Academia Sánchez Casal, donde creció como persona y como deportista.

Hace apenas unas semanas, Murray redimió cuentas con su pasado en una entrevista muy sincera en Sky Sports, donde el tenista no pudo reprimir sus lágrimas al recordar todo lo sucedido en aquella trágica fecha. Un duro golpe en la vida de Murray al que el escocés quiere rendir tributo venciendo en las pistas del All England Club, como ya lo hiciera el pasado año en los Juegos Olímpicos de Londres. Un tributo doble, ya que también está presente la ausencia de triunfos de británicos en el torneo desde 1936, cuando Fred Perry conquistó su tercer título consecutivo y puso fin a la época dorada del tenis británico en el pasto de Wimbledon.  Andy quiere cambiar la historia, la suya y la del torneo. Grabar su nombre en el preciado trofeo donde figuran tenistas tan importantes dentro del tenis como Roger Federer, Rafael Nadal, Boris Becker, John McEnroe o Bjorn Borg.

Muchas razones tiene Murray para sacar su mejor tenis el próximo domingo, pero no será fácil, ante él estará Novak Djokovic, número uno del mundo y una vez campeón del torneo, hace dos años, en 2011. El serbio no se lo pondrá fácil, pero parece que Murray tiene razones de peso para redimirse de su pasado y el de los británicos, ¿será capaz de conseguirlo?

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