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Los mundialistas argentinos que probaron suerte en España

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Históricamente, Argentina es la nación extranjera que más futbolistas ha aportado a la liga española, muy por encima de Brasil, la segunda posicionada. Para el país sudamericano, de finales de los setenta a mediados de los noventa fue tiempo en que la desgracia únicamente le salpicó, siendo la gloria su principal sino. Ahí encontramos sus mayores logros.

En 1978, dirigidos por Menotti y liderados por Kempes, la selección albiceleste levantó su primer Mundial, el disputado en su territorio, arrebatándoselo a la última Naranja Mecánica. El fiasco de España ´82 acabó con la era del técnico, pero no con el buen hacer de los argentinos. En México ´86 conquistarían su segunda y última Copa del Mundo con el mejor Diego Armando Maradona que se recuerda. El entrenador de este último combinado, Carlos Bilardo, continuó al frente hasta Italia ´90, donde los suyos caerían en la final contra una gran Alemania.

El liderazgo mundial cesó allí, pero no así el americano. Ya con Alfio Basile en la dirección y un estilo diametralmente opuesto al que se venía usando, Argentina comenzó a dominar las Copas de América de inicios de los 90, tomando el testigo de uruguayos y brasileños -que no tardarían en volver-. Basile, sin la ayuda del Pelusa, alzó los trofeos de 1991 y 1993 -última hasta día de hoy-, jugados en Chile y Ecuador respectivamente. Para el Mundial de USA ´94 el técnico recuperó a un Maradona en la treintena y, tras la primera fase, el equipo pareció volar hacia la victoria. Pero, como es conocido, una nueva sanción del astro truncó las aspiraciones. Luego llegó Passarella al banquillo y pese a su correcta participación en Francia ´98, se acabaron las casi dos décadas de verdadero dominio futbolístico albiceleste.

Durante esos veinte años hubo quien, en la lejanía, supo aprovechar el momento. Los clubes españoles, aunque aún no al máximo nivel, volvían a hacerse notar en Europa desde inicios de los años 80. El Real Madrid se imponía en la UEFA, el FC Barcelona conseguía varias Recopas, y la Real Sociedad o el Atlethic de Bilbao pasaban sus mejores momentos en la competición doméstica, hablando de tú a los más grandes y causando buenas sensaciones con plantillas totalmente nacionales. Esta situación emergente, unida a la recuperación económica que España vivía en la recién estrenada época democrática, hizo a la mayoría de entidades mirar más allá de sus fronteras. Y así llegaron al país varios mundialistas argentinos que, con más o menos suerte, pasaron a formar parte de la historia futbolística española.

Entrenadores

Por muchas razones, es justo empezar por César Luis Menotti. Hablar del Flaco es hacerlo del paradigma de fútbol atrevido que se adora en Argentina. Con el firme objetivo de activar a Maradona, que no había estado cómodo desde su fichaje con Udo Lattek, aterrizó en el FC Barcelona tras abandonar la Selección. Al relevar al alemán, Menotti se aprovechó de su año y consiguió la Copa de la Liga y la Copa del Rey de la 82/83, tras estar al mando sólo ocho partidos. El siguiente curso se le confió entero, pero únicamente alzó la Supercopa de España. La grave lesión del Pelusa sin duda perjudicó mucho a ambos, que hicieron las maletas a la misma vez.

Menotti, entrenador de la Argentina campeona del mundo en 1978

El Flaco tendría una reválida. Sería en otro grande, el Atlético de Madrid. El equipo de la 87/88 tenía en sus filas a jugadores como Alemao, Marcos Alonso, Salinas, Futre o Ufarte, pero no acabó de encontrar el nivel táctico pretendido. Los inicios fueron esperanzadores, con un Atleti ofensivo y autoritario que se encaramó en los puestos altos. En la segunda vuelta los resultados no acompañaron y una derrota contra el Real Madrid que ponía a éste como líder distanciado, acabó con las ilusiones. Tras 29 jornadas, abandonó el banquillo. Los rojiblancos finalizarían terceros.

Carlos Salvador Bilardo también era campeón del mundo. Un lustro después de ello llegó al Sevilla CF, para la 92/93. Si Maradona trajo a Menotti a España, a quien admiraba pese a su rabieta por dejarlo fuera en el Mundial de 1978, ahora sería Bilardo quien requiriese al Pelusa para una nueva aventura común, en la península. Carlos Bilardo y un Diego Maradona con 32 años, salido de sanción y entrado en kilos, pasaron juntos su única temporada. Como pasase en México ´86, el técnico armó un bloque sólido, a menudo rácano en ofrecimientos técnicos, alrededor de la estrella. El Sevilla acabaría séptimo y Maradona aportaría cinco goles y algunos momentos de brillo en los 26 partidos que saltó al césped.

Bilardo volvería al Sevilla en 1997, como recambio de Camacho y para afrontar los últimos cuatro partidos de una temporada que acabó en descenso.

Quien también confiase en un Maradona en similar estado para ser el líder de USA ´94 fue Alfio Basile. Como se indicó al inicio, el Coco tomó el testigo de Bilardo en la Selección para llevarla a conquistar dos Copas de América jugando a otra cosa. Ahora, pretendía también traer a Madrid su estilo de corte “menottista”. Pero como le pasase al Flaco, el club en el que recaló quizá no fuese el más paciente para implantar nada si no había resultados inmediatos. El Atlético de Madrid le abrió sus puertas en la campaña 94/95 como tercera opción en lo que iba de curso, tras haber sido cesados Maturana y D´Alessandro. Un total de 14 duelos y una nueva destitución faltando dos para acabar fueron su triste balance.

Los últimos protagonistas no tuvieron participación en los banquillos de la Albiceleste, pero sí una brutal trascendencia en el fútbol de Argentina. Cada cual en lo suyo.

Jorge Valdano ganó la Copa del Mundo de 1986, pero como jugador. La tremenda trayectoria durante los años ochenta en la filas del Zaragoza y el Real Madrid, donde siempre fue inamovible e hizo una media cercana a los 15 goles por campaña, así como su envidiable inteligencia que, tras su retiro, decidió seguir volcando en España, merecen un recordatorio en esta parte del texto.

Recaló en el CD Tenerife apenas colgó las botas, mediada la 91/92, y lo hizo vivir una época dulce. Con las mismas premisas que Menotti, arrebató dos ligas en la última fecha a su amado Real Madrid para dárselas al Barça y luego fichó por el conjunto blanco. Allí estuvo una temporada y media y ganó su única Liga, la de su estreno en 1994/95. Más tarde cogería el Valencia CF y tras año y medio abandonaría no sólo el club, sino los banquillos.

El viaje español de Carlos Bianchi fue bastante posterior e infinitamente más corto. El club que lo devoró sí fue el mismo que dos de sus citados compatriotas. Ganado todo lo habido y por haber con Boca Juniors Bianchi nunca dejó de sonar para el Barça. Finalmente acabó parando en el Atlético de Madrid para principiar el curso 2005/06. Fue llamado con el fin de enderezar el rumbo de un equipo que había finalizado onceavo de la mano de César Ferrando. Pero todo acabó como, conociendo al Atleti de la época, podía preverse. Le dieron 11 partidos, insuficientes para implantar nada.

Porteros

Muchos han sido los arqueros internacionales que hicieron carrera española desde la apertura de mercados en 1996, con la Ley Bosman. Germán Burgos, Roa, Cavallero, Bonano o Leo Franco permanecen frescos en la memoria de todo el que disfrutase el fútbol desde el año 2000 en adelante. Pero hay tres figuras, quizá las más importantes, que dejaron su huella tiempo atrás, cuando el viaje no era tan sencillo.

Nery Pumpido en 1986

El ágil Ubaldo Fillol es considerado uno de los mejores guardametas argentinos de todos los tiempos, si no el primero de ellos. Por eso, habiendo estado en los Mundiales de 1974, 1978 y 1982, los dos últimos como indiscutible, tuvo una oportunidad a sus 35 años en el Atlético de Madrid. Fue para la de 1985/86 y su físico le dio para ser titular en 17 enfrentamientos.

El reserva habitual de Fillol en la Selección y que tomaría el puesto de un Pato ya retirado, era Nery Pumpido. Suplente en España ´82 y ya titular -y campeón- en Méjico cuatro años después, llegaría a serlo también en Italia ´90, con 33 inviernos cumplidos. Su grave lesión en la segunda cita del campeonato fue aprovechada por Goicoechea. Pero antes de esto último, Pumpido estuvo en el Real Betis. Ya veterano, con los verdiblancos jugó dos campañas completas, cada partido, descendiendo en la de 1988/89 y, tras permanecer fiel en la segunda categoría, ascendiendo en la posterior, la 89/90.

La Copa del Mundo azteca la compartieron como cancerberos Pumpido y Luis Islas. De los tres, éste fue el que probó suerte en España siendo aún joven. A los 24 años lo contrató el Atlético de Madrid, pero no llegó a jugar y acabó cedido en un equipo menor, el Logroñés. Allí sí se hizo con el puesto por delante de otro lozano Angoy en un equipo que acabó séptimo. Islas alargaría su carrera lejos del territorio y llegaría a acudir al Mundial de USA ´94, llamado por Basile para ser titular por delante de Goicoechea.

Defensas

La pareja de centrales campeona del mundo en 1986, formada por Óscar Ruggeri y José Brown, también pasó por España justo después del éxito. Aunque por separado.

El primero en llegar fue Brown. El contundente central había sido la revelación del Mundial, al que acudió sin que se le esperase y acabó haciendo olvidar a un Daniel Passarella aquejado de dolencias, que no llegó a vestirse de corto pese a estar entre los seleccionados. Su influencia defensiva fue mayúscula, pero se le recuerda mayormente por ser el autor de uno de los tres goles que dieron la final al combinado frente a Alemania Federal. Un año después aterrizó en el Real Murcia. En el conjunto del sureste no logró asentarse, quizá porque ya arrastraba 31 calendarios. Pese a no hacerse con el puesto, en la temporada que dio comienzo en 1987 actuó en 21 citas. La siguiente bajaría a sólo siete.

Ruggeri, en el centro, junto a Simeone y Vasquez en 1991

A Ruggeri le fueron mejor las cosas. El Cabezón había jugado como secundario con Passarella en España ´82 y como referente de la zaga acompañando a Brown en 1986. Era el capitán argentino y dominaba todas las facetas defensivas exigidas en un central de la época. Su primer club en España fue el Logroñés, en la 88/89. Como luego en el Real Madrid, se mantendría un curso y lo jugaría todo. En 1989 se fue al conjunto de la capital de España y participó en los últimos títulos de la Quinta del Buitre -Liga y Supercopa-, dirigido ya por Toshack. A sus 28 años jugó 31 partidos junto a Sanchís, desplazando a Hierro al mediocentro. Extrañamente, no es recordado como se merece.

Dejando a Cáceres o Roberto Ayala al margen, dado que sus trayectorias en equipos como el Zaragoza, el Celta o el Valencia fueron enormes y muy conocidas, hubo otros dos defensas mundialistas que pasaron, con más pena que gloria, por la Liga a finales de los 90. Quizá con los mismos fracasos que las selecciones de las que formaron parte.

El primero de ellos fue José Chamot, un duro y polivalente defensor que recaló en el Atlético de Madrid después de haberse ganado un nombre en la Lazio y en sus participaciones mundialistas de USA ´94 y Francia ´98. Llegó con 29 años a los colchoneros de Arrigo Sacchi y se asentó como titular en la 98/99, jugándolo todo. Pero el equipo fue mal, acabando treceavo. Mucho peor para ambos, él y el club, fue el curso ulterior. Un Atleti convulso en los despachos y pésimo en la hierba acabó descendiendo sin que Ranieri ni Antic pudieran evitarlo. Chamot jugaría sólo 12 partidos y se marcharía al AC Milan, donde seguiría a un buen nivel y acudiría a la cita mundialista de Corea y Japón 2002, aunque ya con poco peso.

El más fugaz fue Nelson Vivas. El lateral estuvo medio ciclo 99/2000 en las filas del Celta de Vigo, cedido por el Arsenal. Vivas venía de ser habitual con la Albiceleste, en la que acabó sumando 38 encuentros y la participación en el Mundial de Francia ´98. Jugó 13 partidos en un equipo de Víctor Fernández que finalizó séptimo.

Centrocampistas

Lejos de los focos que recaían sobre el generador Osvaldo Ardiles y el determinante Maradona, pero con un papel fundamental, se situaba el volante Juan Barbas. Había ganado el Sub-20 de 1979 junto al Pelusa, con quien nuevamente compartiría zona media en España ´82. Barbas llegó al Zaragoza ese mismo año, contando él con 23. Desde el primer momento se hizo un hueco en el conjunto maño dirigido por Leo Beenhakker, junto a Señor, Herrera y el paraguayo Amarilla. Tres temporadas y una media de 30 encuentros y cinco goles le avalan.

Fernando Redondo era el eje de la Argentina que Basile llevó a Estados Unidos. Y junto a él se situaba Diego Simeone. De la carrera de aquél en Tenerife y Real Madrid y de éste en Sevilla y Atlético poco queda por descubrir. Pero sí hay más sobre sus tres reservas en la mencionada Copa del Mundo. Por ejemplo, que también hicieron labor en España.

Fernando Redondo con el Real Madrid en 1999

José Basualdo es el primero de ellos, por veteranía y galones. Basualdo estuvo, además, en Italia ´90 y en las Copas de América del 89 en Venezuela y del 93 en Ecuador, donde salió victorioso. A España llegó con 33 años, a un equipo medio bajo que lucharía por mantener la categoría con tesón, su calidad y el acierto goleador de Silvani, otro compatriota. Ese club era el Extremadura. Basualdo jugó 23 partidos y puso la clase, pero el equipo descendió. Él se mantuvo en Segunda, pero en las filas del Real Jaén. Volvió a pasar la veintena de encuentros pero nuevamente su club bajó. Se marcharía y acabaría regresando a conjunto extremeño en el año 2000, ya con 37 años. Disputaría 14 encuentros en su última etapa.

Alejandro Mancuso también estuvo en EEUU, donde saltó al verde en dos ocasiones. Su periplo español fue extraño, ya que con 30 años llegó directamente a la segunda categoría para actuar bajo el escudo de un Badajoz plagado de argentinos en la 98/99. No pudo ganarse el sitio y se marchó habiendo jugado 12 partidos.

El tercero de los centrocampistas suplentes de Redondo y Simeone en 1994 era Hugo Perico Pérez. Tras acabar el Mundial sin debutar arribó a Gijón, donde en las filas del Sporting se fue haciendo progresivamente con un lugar. La 94/95, con 26 años, la empezó suplente, pero para la siguiente formó ataque con Lediakhov, Salinas y Eloy, actuando en 37 partidos y haciendo cuatro goles. Estando allí, acudió a la Copa de América de 1995 jugada en Uruguay.

Sergio Berti, más conocido como la Bruja, empezó en Boca Juniors pero pronto pasó a ser una leyenda de River Plate. En mitad de su trayectoria, con 26 años, tuvo tiempo para dar el salto a España. En la selección venía jugando con Basile y pese a no ir al Mundial, sí estuvo en las Copas de América de 1995 y 1997, ésta jugada en la altura boliviana. En un Real Zaragoza campeón de la Recopa sólo permaneció un curso, el de 1995/96, donde llegó a jugar 26 encuentros para los de Víctor Fernández. Volvería a ser importante en River, con quien ganaría cinco títulos seguidos, actuaciones que le llevaron al Mundial de Francia ´98.

El Sevilla de la 96/97 tenía un equipo con enorme talento ofensivo, con figuras como Prosinecki y Tsartas. Pero acabó descendiendo. El mediocentro de contención de aquel grupo fue un joven Matias Almeyda. Lo jugaría todo, pero a sus 23 años aún no podía ejercer ese liderazgo que luego le llevó a los Mundiales de 1998 y 2002 y le permitió hacer carrera en Italia, en las filas de la Lazio, el Parma o el Inter de Milan.

Delanteros

Valdano y Maradona ya han sido mencionados. Si cabe, más importante que ellos fue Mario Kempes. Su ciclo en Valencia es imposible de borrar. Estuvo allí desde 1976 hasta 1984, por lo que el desorbitado nivel exhibido en Argentina ´78 se fraguó en tierras españolas. Antes había participado en Alemania Occidental ´74 y luego lo haría en España ´82 junto a Maradona. Con 22 años, su carta de presentación en España para la 86/87 fue, digamos, poco discreta. Compartió ataque con otras dos figuras, el holandés Rep y Carlos Diarte, y su influencia pasó por encima de ellos. Dos trofeos Pichichi en sus primeras temporadas y una media de más de 20 goles en cada una de las cuatro iniciales. La 81/82 la pasó en su país, y al regresar, mermado físicamente, sus cifras no serían las mismas. Acabaría fichando por el Hércules ya con 30 años, y para el segundo curso se vería su mejor aportación: nueve goles en la 85/86 que no evitarían el descenso alicantino.

Maradona en el Mundial 82, antes de fichar por el Barcelona

Su pareja ofensiva en Argentina ´78 y España ´82 sería el hábil Daniel Bertoni, que también cruzaría el Atlántico. Éste llegó al Sevilla, con 23 años y justo tras ganar el Mundial. Al principio recibió críticas, pero consiguió reponerse y mostrar parte de su calidad. Ocho goles en la temporada inicial y 16 en el segunda y última serían sus estadísticas.

En Argentina ´78 ya no hubieron más atacantes en común, pero sí en el 82. Gabriel Calderón estuvo allí y estaría en Italia ´90, jugando en dos citas en cada uno. Con 23 años firmó con el Real Betis para acabar jugando y triunfando desde 1983 hasta 1987. 11 goles en la 83/84 y 18 en la 86/87 fueron sus mejores sumas, en un ataque demoledor siempre compartido con Hipólito Rincón. Se marcharía al PSG.

Calderón no fue campeón del mundo en Méjico, por desgracia para él. Su hueco ofensivo quizá lo ocupó el volante llegador Marcelo Trobbiani, que en aquéllas tenía 30 años y formaba parte de la plantilla del Elche. Aunque ya jugar, jugaba lo justo. Lo cierto es que sus mejores momentos habían pasado, y parte de ellos fueron en España, donde aterrizó en 1976 con 21 años, también al conjunto ilicitano. Disputó dos cursos en Primera y otros dos en Segunda División, promediando sobre 30 encuentros y marcando más de 10 goles, siempre. La 80/81 la pasó en el Real Zaragoza, donde no encajó y sólo salió en 15 partidos.

Por último, en el Valencia CF de 1996 estaba uno de los mediapuntas más imprevisibles de la década de los 90. En aquel Valencia también estaban Luís Aragonés primero y estaría Claudio Ranieri después. Por suerte, Jorge Valdano lo haría entre ambos y, con un poco de todos y algo más de éste, pudimos disfrutar de grandes momentos del relevo generacional de Maradona en la Albiceleste, Ariel Ortega. De hecho, tras la sanción de aquél en mitad de USA ´94, Ortega sería quien lo sustituiría, con desigual aportación, eso sí. El Burrito tenía 22 años y jugó 12 partidos la 96/97 y 20 la siguiente para un Valencia que no encontraba su camino. Marcharía al Calcio donde, en las filas de equipos como la Sampdoria y el Parma haría sus trucos de magia con la continuidad necesaria para ser titular en los dos siguientes Mundiales.

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