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La seguridad, esa gran mentira

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Es difícil catalogar y describir lo que hemos visto hoy en el Circuito de Assen. Pocas veces La Catedral del motociclismo, ese templo de peregrinación casi obligada para cualquier aficionado de las dos ruedas, ha visto una carrera tan sumamente loca. Y es que, la octava prueba del Campeonato del Mundo tuvo un protagonista claro, la lluvia, como tantas otras veces en el Gran Premio de Holanda, que nos deparó una carrera que tuvo que ser interrumpida por una bandera roja, y que nos ha traído la primera victoria en la carrera de una promesa desaparecida del panorama, como Jack Miller, ese piloto que tuvo en su mano el título de Moto3, y que se atrevió a saltarse una categoría con tal de cumplir un sueño de niñez a su temprana edad.

Deportivamente, este es un aceptable resumen de lo que ha ocurrido, aunque no está de más añadir que Marc Márquez ha sido el otro gran triunfador en el día de hoy. El bicampeón del mundo fue uno de los 12 pilotos que lograron mantenerse en pista en el día de hoy, todo un desafío ante las inclemencias meteorológicas, y gracias a ello, llega a la mitad del Mundial aún más líder que antes de comenzar este Gran Premio, con 24 puntos sobre un Jorge Lorenzo que acabó décimo, tras luchar con su moto más que pilotarla, y con 42 sobre Valentino Rossi, quien cuajó su tercer cero de la temporada tras irse al suelo cuando lideraba la prueba, y que acabó desolado al comprobar que, pese a ser el piloto más fuerte de este año, está siendo abandonado por la suerte que sí le siguió en el pasado 2015, cuando no abandonó ni una sola vez en toda la temporada.

Jorge Lorenzo seguridad Assen 2016 - Sphera Sports

Espectáculo vs seguridad

Como digo, todo esto pertenece al ámbito de la competición. Pero, una carrera como la de hoy nos ha dejado más cosas de analizar, ciertos detalles, varios sin sentido y tan lamentables que han dado lugar a este escrito.

Porque, en el día de hoy, hemos asistido a un espectáculo. Hoy, hemos sido testigos de una patraña, de la mentira del Campeonato del Mundo. Hoy, hemos visto cómo se disputaba una carrera que, en muchos momentos, no tenía sentido disputar. Permítanme que se lo explique.

La carrera de hoy ha sido, desde el principio, un quebradero de cabeza para todo el mundo. Ha provocado estrés a los pilotos, a los mecánicos, a los jefes de equipo, a los periodistas encargados de cubrir el Mundial, y a esa parte tan importante sin la cual esta máquina no funcionaría: los aficionados. En resumen, todo el mundo estaba esperando la hora de la carrera con un extra de nervios, como ocurre siempre que llega la lluvia, ese fenómeno que lo iguala todo y que siempre da sorpresas.

Pues bien. Desde el comienzo, los pilotos han ido con sumo cuidado, dada la dedicada situación de la pista. Aunque, pese a ello, han sido varios quienes, ya desde los primeros giros, han sufrido, como es el caso de Lorenzo, o Viñales. En esta situación, la lluvia dio una tregua y permitió a los pilotos rodar cada vez más rápido, hasta la mitad de la prueba. Ahí, las nubes descargaron todo el agua que se esperaba durante el fin de semana, y llegó el primer gran error.

Porque, ¿hasta qué punto es seguro correr con una cantidad de agua en pista que no permite ni siquiera manejar una moto? Según los organizadores y Dirección de Carrera, era lo suficientemente seguro, aunque la mayoría de pilotos no se atrevieran ni a acelerar demasiado para no acabar por los suelos. Finalmente, la razón se impuso, pero mil años tarde. La carrera se paró cuando hacía tiempo que la práctica del motociclismo era imposible.

Pero, en la modesta opinión de aquel a quien están leyendo, el error más garrafal y condenable se produjo inmediatamente después de la bandera roja que paró la prueba. Las cabezas pensantes del Mundial decidieron no parar y recoger los bártulos, más bien, se decantaron por todo lo contrario. En un ejercicio de hipocresía y de máxima defensa de los intereses propios, se decidió esperar. Esperar a que el agua cesara. ¿Para qué? Para continuar con el espectáculo. Porque, como ya ha demostrado MotoGP, el espectáculo siempre debe seguir, y no cabe en la cabeza de nadie que una carrera de la categoría reina acabe suspendida, con un final truncado.

Michelin seguridad MotoGP - Sphera Sports

En el fondo, Dirección de Carrera tenía razón, sí. El agua dejó de caer, y aunque la pista estaba mojada, se decidió seguir. En un principio, he de admitir que parecía que la pista estaba para correr. Pero, cuando los pilotos apretaron, creyendo eso mismo, llegó la realidad. Una vez reanudada la carrera, tuvieron que abandonar Andrea Dovizioso, diciéndole adiós a una carrera que hasta ese momento mereció ganar, Valentino Rossi, haciendo lo propio con un Mundial que se esfuma. Detrás, siguieron este mismo camino Bradley Smith, Aleix Espargaró, Michele Pirro, Tito Rabat, Dani Pedrosa, Cal Crutchlow y Álvaro Bautista.

Y llegado este punto, me vuelvo a hacer otra pregunta: ¿Merecía la pena que hasta nueve pilotos acabaran abandonando por esa decisión? La única respuesta que encuentro es que no. Rotundamente, no. En mi cabeza surge otro interrogante: ¿Era seguro seguir corriendo después de la bandera roja, y una vuelta antes de que se mostrara? Creo que la negativa está más clara todavía.

Después de lo que ha pasado hoy, tanto Dorna, como la IRTA o la FIM, o, en resumen, MotoGP en general, nos pueden seguir vendiendo el cuento de la seguridad, porque, mientras sigan sucediendo cosas como las de hoy, seguirá siendo eso, un cuento, una mentira.

Tampoco quiero decir que a nadie del Mundial le importa la seguridad, no me gustaría que se malinterpretase. Para nada. La seguridad es importante, y se trabaja para asegurarla, como nos han demostrado este mismo fin de semana al prohibir los peligrosos alerones. Pero, nunca hay que olvidar que, antes de la seguridad, está el espectáculo. Las dos son una prioridad, pero si hay que decidir, pocas veces se decantarán por la seguridad.

Por desgracia, esta misma disyuntiva la vimos hace tres semanas, después de que la desgracia volviera a golpear al mundo del motociclismo. Hace tres semanas, Luis Salom fallecía en Montmeló, dejando un vacío muy difícil de llenar en todos los aficionados. Y fue hace tres semanas cuando todos los que sentimos la pasión de las motos tuvimos que hacer de tripas corazón, y seguir, aunque no hubiera ganas.

Hay quien dice y mantiene que si se siguió, fue por el malogrado Salom, a modo de homenaje. Aunque yo no lo crea así, y siga pensando que hubo dirigentes que siguieron porque no se podían permitir fallar, es probable que muchos pilotos sintieran que era la mejor manera de recordarle, lo cual es muy respetable. Pero puedo estar seguro de que poner la seguridad en juego, como se hizo en parte allí, y como se ha hecho hoy en Assen, no es la mejor manera de honrarle.

No me gusta tener que comenzar a escribir en este medio de esta manera, pero la rabia que me ha producido la situación de hoy me ha obligado a hacerlo. Ojalá y no haya que volver a poner el grito en el cielo por algo parecido a lo de hoy en mucho tiempo, y que impere, de una vez, el sentido común.

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