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Sergej Milinkovic-Savic, la rara avis del Calcio

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Para empezar, su apellido. No debe haber muchos serbios por ahí con patronímico compuesto. La razón es tan curiosa como sencilla: Sergej Milinkovic-Savic nació en Lleida por el mudable oficio de su madre y de su padre (baloncestista y futbolista, respectivamente), quienes tuvieron que rellenar en el registro el apartado correspondiente al segundo apellido, el materno, como mandan los cánones españoles.

Y para continuar, la extravagante combinación de apariencia desmañada y juego de salón. Milinkovic-Savic es uno de los jugadores más atípicos y singulares de las grandes ligas europeas. Un interior creativo de 192 centímetros es una excentricidad visual de aparente ardua colocación lejos del área, que corría el riesgo de caer en una falta de concreción posicional mayúscula y de suponer un desafío demasiado intrincado para su entrenador como para detenerse a descifrarlo en plena vorágine del partido a partido. Una pieza que necesita una confianza y un contexto idóneos no solo para brillar, sino para no sufrir en el césped por su propia fisonomía. Un jugador, por tanto, que debe ser utilizado casi como un elemento de autor, como un estilo en sí mismo, para sacarle el máximo partido.

Milinkovic-Savic es un distinguido centrocampista moderno con el llamativo cuerpo y la discreta velocidad propias de un delantero tanque. Su dominio del juego no pasa obviamente por el nervio y la demolición en transición, sino por la calidad suprema para combinar con ambos pies, por su sublime y profundo instinto sin balón, y también obviamente por su altura. Una envergadura que utiliza para sumarse al remate y ejercer de una particular referencia aérea para el juego de espaldas, que gusta de exaltar el modo combinativo de su equipo gracias a su visión y facilidad asociativa, al tiempo que le da una alternativa más simple, directa y efectiva.

La Lazio de Simone Inzaghi quiere constreñir al rival en su propia mitad, pero no está para nada obsesionada con construcciones rasas y corales. Su fútbol consiste en hallar la profundidad y si no puede, al menos ser siempre vertical y directo. Por ello, ante presiones bien organizadas y rivales bien plantados por todo el rectángulo de juego, la solución es siempre la misma: los interiores se descuelgan hacia el área y Felipe Anderson o Biglia emplean juego en largo hacia el área en busca de Milinkovic-Savic, el hombre que más balones aéreos gana de la Serie A con casi cinco por juego.

Allí, en la inmediaciones del área, el serbio contiene a los zagueros de su zona y con sus toques hacia atrás o hacia los costados y su sapiencia para desmarcarse en corto o acudir al remate una vez soltado con pericia el cuero hacia Lulic, Keita o Felipe Anderson, ha acabado generando muchos goles para esta Lazio. Y es que si Milinkovic-Savic no recoge directamente los frutos de la acción con una técnica de remate de cabeza que está mejorando por mucho este curso, son su presencia, su toque y su desmarque lo que acaban por provocar que otro lo haga. Que lo haga el equipo, en definitiva.

Inzaghi podría patentar incluso la jugada: dos opciones interiores en corto en tres cuartos de cancha, un centro largo a la zona entre la media luna y el pico izquierdo del área, un balón que termina por recoger el extremo zurdo tras el toque o la intención del serbio y varias opciones de remate tanto dentro -donde la Lazio carga muy bien- como por detrás -especialmente con los disparos de Felipe Anderson-. La versión alternativa de la misma es la que conlleva el trabajo sin balón del serbio: Milinkovic se alarga por el carril del diez, Parolo hace dupla con Immobile -un nueve ideal además para vaciar el área y generar vías hacia ella por parte de los interiores-, los arrastres liberan a Felipe Anderson en el costado contrario y el extremo zurdo, generalmente Keita, traza la diagonal hacia la frontal en busca del centro horizontal del brasileño. Dos acciones que se repiten frecuentemente en cada partido.

Más allá de provocar por su sola presencia una forma concreta de atacar, por abajo Milinkovic-Savic es también un mecanismo de salida y de profundidad fantástico. Es el hombre al que la Lazio busca en primer lugar en  zonas centrales junto a las caídas de Felipe Anderson. Un equipo biancoceleste que acostumbra a avanzar casi de forma intuitiva en busca de los puntas de forma presta y en el que Milinkovic actúa como ligazón entre el capataz Biglia -un jugador óptimo para el primer pase y de una sapiencia cautelosa, indispensable para que Milinkovic luzca, pero que carece de un ratio de acción ofensivo elevado- y la zona de gol, debido a su agilidad mental compensatoria, a su espíritu de trequartista.

Simone Inzaghi no solo utiliza la cabeza del serbio como gestor de jugadas, también sus pies. Y es que los porcentajes de pase no le hacen justicia debido a la cantidad de balones que tiene que pelear arriba y a su rol de “reciclador”, ya que jugando por abajo no pierde casi ninguno. Y no solo eso, además de la fiabilidad en las entregas, Milinkovic-Savic es el tipo más capaz de su equipo para mantener la posesión bajo presión y, sin duda, quien mejor elige cuándo acelerar y cuándo templar la maniobra ofensiva con un gran sentido de la continuación y de la circulación a través de los pasillos interiores.

No es dinámico. Es completo. No es intenso. Es inteligente. No es habilidoso. Es técnica y físicamente dominante. No es ímpetu, ni vértigo. Es elección y pausa. Tan sumamente importantes ambas en el fútbol. A sus 21 años, ya ha alcanzado la regularidad a través de una madurez incipiente, aunque el margen de mejora es asombroso una vez ha terminado de conocerse a sí mismo como futbolista, de vencer a su cuerpo, de adaptar a él su depurada calidad, de convencer y convencerse de que estamos ante un excelente centrocampista creativo. Muy peculiar, pero muy creativo. Y muy excelente. Además de ser un especialista para varios contextos. Una virtud tan contradictoria como lo es su propia esencia.

Leer más: El bueno de los Inzaghi

¿Se imaginan ver de repente a un Sergio Busquets o a un Steven N’Zonzi jugando de interiores zurdos o incluso de mediapuntas y acudiendo al área en busca del juego directo, además de convertir en incisivas sus aptitudes para la entrega, pero jugando de espaldas al arco y atacando la profundidad sin balón? Pues una experiencia similar es sentarse a ver a Milinkovic-Savic cuando se desarrolla en su máxima expresión.

Tras un primer año de adaptación más a sí mismo que al Calcio, el impacto del serbio está siendo brutal. Si continua hallando el contexto y el entrenador propicio, desata su faceta llegadora y goleadora, tal y como está empezando a anunciar que puede hacer; y consigue asentarse como un futbolista de una docena de goles por temporada sin perder todo lo mucho y bueno que da al juego y a la fluidez colectivas; estamos ante un jugador más que apto para ser dominante en cualquier grande europeo. Ante un jugador absolutamente descomunal por todo lo mucho y bueno que es capaz de ofrecer, además de por ser una rara avis a la que todos quieren sentarse a ver jugar.

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