Fútbol Europeo

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Milan, desheredando el ‘nueve’

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La magia del fútbol sale, en gran medida, de los pies de un delantero centro. El portero salva y el centrocampista crea, pero el que adelanta el marcador, el que termina ganando campeonatos, ese, no es otro que el delantero centro. Como poco, hace magia para cambiar el resultado. Unos al primer toque, otros con varios y otros de cabeza. Su importancia es vital. Por ello, el éxito de un club pasa por cómo sea su punta o en el estado de forma que viva.

El Milan, otrora referente mundial y ahora muñeco de trapo, lleva varios años sin encontrarse a sí mismo, siendo una sombra de aquel que cosechaba ligas y Champions. La crisis del conjunto rossonero es también la crisis de sus delanteros. O en la búsqueda de un delantero. No pierdan el tiempo en contar los goles que los últimos ‘nueve’ del Milan, dorsales nueve para ser concretos, han hecho. Pato, Matri, Torres y ahora Destro han sido los herederos del dorsal que portara años atrás el ahora entrenador del club, Pippo Inzaghi. Lejos quedan los números y las sensaciones de estos delanteros centro con los 145 goles de Inzaghi en Serie A y los otros 70 tantos en competiciones europeas. No es solo su culpa, pero son un buen síntoma para resumir dónde vive el Milan.

No solo fue grande, sino que en el Milan estuvieron los mejores. También en punta. Desde Nordahl, su máximo goleador histórico, hasta Van Basten, que ganó allí dos galardones al Balón de Oro. Incluso también en el Milan firmó su gran actuación contra el Göteborg y se lesionó para ‘siempre’. Milan fue el cielo y el infierno. El nueve, no obstante, ha sido un dorsal (también una posición) mágico en el Milan. De los mencionados al entrenador Inzaghi, Boffi o Weah o los nueves que no llevaron ese dorsal pero han sido de vital trascendencia: de Shevchenko a Crespo o Massaro. En fin, la historia que ya dejó de ser.

Alexandre Pato

El caso es que todo apuntaba, casi como con El Shaarawy, a que acabaría siendo una estrella mundial. Mi recuerdo me dice, con más o menos hype, que incluso lo fue. Una estrella menor, pero estrella. Efímera, pero estrella. Llevaba el nueve y también ejercía de diez, esa suerte de segundo punta que desbordaba en segunda línea y sacudía goles y jugadas. Aquello duró temporada y media. Problemas físicos, fiestas, decadencia del club, ruido a su alrededor, más problemas físicos, su actitud. Alexandre Pato tocó el cielo cuando todavía caminaba en helicóptero. Transfermarkt incluso lo tasó en 35 millones de euros allá por inicios de 2010, cuando la música mediática y celestial lo colocaba en el Real Madrid. El Milan había pagado (2007) la suma más alta que jamás desembolsó por un menor de edad, pero Pato se diluyó definitivamente en 2012. En solo dos años, Alexandre desapareció. Dejó 63 goles y 18 asistencias en 150 partidos totales con el Milan, solo dos con el ‘nueve’ a la espalda. Brilló, pero marcó el camino del dorsal nueve… Se venía el desastre.

Alessandro Matri

Merecido dorsal nueve por su apariencia. Incluso, siendo benévolos con su fama (mucho más que con sus datos), también por sus características. Ocupaba el área y remataba fácil, llegó como garantía de goles y se marchó como garantía de haber pasado por allí. No más. De él solo se conoció su sequía: 19 partidos, un gol. En el Milan debutó (2003) cuando había tiempos de bonanza y allí volvió en 2013 para salvarlo. No solo no salvó a su equipo, sino que él mismo ha ido cayendo en picado. Su idilio con el gol sufrió un divorcio… Hasta nueva orden.

Fernando Torres

Su paso fue un suspiro, un cementerio, una condena para todas las partes. ‘El Niño’ no era el mismo y el Milan dejó de ser hace algunas temporadas. Había un combo preestablecido, aunque llegara con la capa de Superman. Entre ruido berlusconiano e inestabilidad global, apareció Fernando Torres, con bastante más cartel que fútbol (salvo que Simeone diga lo contrario), y se estrelló. Tuvo confianza, tal vez más por expectativas que por realidad, pero no la devolvió. Por supuesto, como los anteriores (habría que discutir si a Pato sí), no son culpables, pero sí responsables. Torres no se adaptó, el Milan no encontró la personalidad y entre Menez y Pazzini le robaron el puesto. Un falso nueve, mediapunta incluso interior y un nueve menor le quitaron el puesto. 10 partidos y un gol en 589 minutos. El penúltimo heredero del nueve pasó como pasa este Milan por la vista de cualquier aficionado neutral: con bastante más pena que gloria.

Mattia Destro

Destro solo ha jugado media decena de partidos con la maglia rossonera, pero ya tiene un gol anotado en su casillero. Si bien parece que tiene buena proyección, quizá es pronto para entrar en valoraciones. Más aún cuando el de Ascoli Piceno no es un nueve nato, pero lleva el pesado dorsal como Inzaghi o Torres, al que sustituye esta temporada. La irregularidad le lastra, pero su juventud, 23 años, le avala. Y los 29 goles que ha hecho con la Roma entre Serie A y Coppa Italia. Es, además, un delantero centro al que también se puede disfrazar de segunda punta. Al tiempo, el hijo de Flavio Destro tiene tiempo y capacidad para sorprender.

Lo patente es que todo el Milan ha decaído. Los esfuerzos en contratar a alguien de ciertas garantías, que no han sido pocos, siempre han terminado dando al traste. Los de Berlusconi han tenido “mal olfato” hasta para encontrar un delantero que sea capaz de empujarla. Incluso gente que rindió antes y después de su paso por el club rossonero, pero no durante. Su realidad actual tampoco es halagüeña, este año no ha disputado competiciones europeas y, al ritmo que va la temporada, la próxima campaña puede quedarse también fuera de Europa. Sin gol no hay partido, campeonato ni moral. Y el camino es que no haya ni aficionados.

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