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Messi y Ronaldo: “Déjalos, no merece la pena”

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“Déjalos, no merece la pena”. No lo entienden. Es algo recurrente viendo reacciones, discusiones, sobre estas dos bestias. Incluido yo, que a menudo me dejo guiar por mi propio amor por uno antes del otro. Y es que tener a Messi y Cristiano Ronaldo en la misma época es injusto.

Como sería injusto en su día ver juntos en el mismo campo y con un mismo balón a Garrincha y a Pelé, o es injusto elegir entre Cruyff y Beckenbauer. Como es aún injusto verlos en una cancha perseguir con ansias el mismo esférico, con distinta camiseta y distinta meta. Injusto. Pero muy bello.

La suerte nos ha regalado estos días de fútbol

Genera incredulidad la suerte que tenemos e ignoramos, sabiendo que en años, los pequeños y los grandes hablarán del talento que estos dos futbolistas dejaron en nuestro tiempo y en nuestra liga. Por azares del destino, nacimos en un año que nos dejó vivir y coincidir en ese tiempo en el que dos Reyes trascendían sus épocas y sus escudos, dejando que el balón rodara entre sus pies como la brocha entre los dedos de Dalí: con creatividad, trabajo y genialidad.

Rivales en todo

Y nos seguimos mirando la tripa intentando demostrar que el nuestro es “el mejor”. El que más salta, el que más regatea, el que más gana, el que menos debe… Y nos volvemos locos mirando partidos, eliminando jugadores, dejándolos solos en un campo tremendamente grande, mirando cada carrera, examinando errores y aciertos, de esos que te encumbran o te hunden, sin reparar en la belleza de sus serpenteos en el campo, jugando en compañía de dos equipos de otro mundo, haciendo lo que mejor saben hacer, dominarnos con el fútbol de sus botas. Seguimos ciegos, por culpa de nuestras bufandas y de nuestra inefable habilidad para jerarquizarlo todo.

Pareja de oro

En una época en la que dos bestias competitivas están al borde de tener, cada uno, cinco balones de oro. No somos conscientes. Nadie se atreve a juzgar quién de entre Cruyff o Beckenbauer, era más brillante con las botas puestas, quién más efectivo y elegante, cuál de ellos dominaba el mundo del fútbol en su época. Y solo consiguieron tres. TRES.

Al borde de romper esta marca, con la casi segura consecución por parte del astro portugués de su quinto Balón de Oro, el mundo conspira. “¿Quién es mejor?, ¿Y en carrera?, ¿Quién es más rápido?…”. Y yo, loco, y cada día más, solo pienso:

“¡Qué barbaridad!, gracias”.

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