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Messi, diez años de la primera revelación

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A un genio no se le debe interpretar en el momento en el que realiza la obra, sino después, cuando pasan los años y se entiende que aquello que hizo es especial, inigualable, único. Como únicos han sido para los aficionados al fútbol los diez años de Lionel Messi. Ese periodo de diez años puede comprender multitud de momentos, decisiones, acciones o hitos que serán recordados o no por quien los haya vivido. Ese periodo de tiempo, tan largo como parece, parece hacerse pequeño si en el medio ha estado un muchacho pequeño, con un balón de fútbol en los pies. Un joven que con solo hacer aquello para lo que ha nacido consigue despertar en nosotros ese vacío temporal capaz de hacernos ver más allá de las distancias y los tiempos y saber decorar nuestros recuerdos de esos momentos que componen algo tan grande y que a la vez pueda parecer minúsculo, pueda parecer tan cercano. Como cortos y minúsculos han parecido los diez años en los que el ‘10’ ha pasado por los campos del mundo. Campos en los que a Messi se le ha amado u odiado, pero en todos, sin quererlo incluso, por fuerte que se fuera, se le ha disfrutado.

El primer Messi que conocimos

Cuando Messi toca el esférico, todos callan… y ese es el secreto

El 24 de agosto de 2015 se cumplen exactamente diez años desde que este muchacho con cara de no haber roto un plato comenzó a dejar abiertas las bocas de todo el que lo pudo admirar. Titular por primera vez en el equipo culé,  y con el dorsal ‘30’ a la espalda, Lionel Andrés Messi consiguió hacer las delicias de los aficionados que asistieron a ese Trofeo Joan Gamper esa tarde de 2005 en un Camp Nou vestido de fiesta antes de comenzar la temporada. Quedaron todos absortos con las habilidades de ese muchacho que a las órdenes de Frank Rijkaard supo deslucir la bien lustrosa plantilla de la Juventus de Turín, entrenada en ese año por Fabio Capello. Fue ese extraordinario entrenador italiano quien, no sin antes pedir al míster culé su cesión medio en broma medio en serio durante el partido, que “nunca había visto nada igual en un chico de 18 años”. Esos 18 años que hoy son 28 y que lo han ganado todo a nivel de clubes, son los que sin prisa, siguen detrás de más trofeos y títulos a nivel individual y colectivo, solo oscurecidos por la sombra del vacío internacional en los mismos.

Cuando se habla de Messi se habla de una bestia competitiva, a la que poco se le puede achacar después de llegar a la Final del Mundial y de la Copa América con el combinado argentino con apenas un año de diferencia y que ha conseguido hacerse con unos Juegos Olímpicos a la tierna edad de 21 años. El mundo está a sus pies y con el mundo, tiene a todos los aficionados y las aficionadas de este deporte grandioso. Entrar en banalidades tales como la ilusión y el sentimiento por un país es hacer mala publicidad a dos de las mejores piernas que ha dado y dará Argentina en toda su historia. Su valor y su entrega quedan fuera de toda duda y sus aciertos o fallos quedan lejos de lo que debe ser lo que evalúe o motive a valorar a este inmenso futbolista, se mire por donde se mire.

Un palmarés en diez años a la altura de pocos

A sus 28 años de edad, Lionel Messi ha conseguido romper récords de otras épocas, demostrando que la mirada intuitiva y experimentada de Capello no mentía cuando veía las fintas y regates de este joven argentino. Individualmente, Messi ha conseguido algunos de los mayores hitos en la historia del fútbol, tales como: cuatro premios del Balón de Oro de la FIFA (2009, 2010, 2011, 2012) y en el que ha sido una vez, tercero, y tres, segundo clasificado; dos veces ‘Player of the Year’ de la UEFA; tres veces premio ‘Onze d’Or’ de la publicación Onze Mondial; tres veces ‘Player of the Year’ para la revista World Soccer… entre muchos otros. Por no hablar de los grupales, como los JJOO de 2008 con Argentina o las cuatro UEFA Champions League con el Barcelona en 2006, 2009, 2011 y 2015. Es un valioso arsenal para alguien que aún no ha cumplido los 30 años de edad y al que le quedan como poco, cinco grandes años de fútbol (grandes también para quien le pueda acompañar), siempre que quiera aprovecharlos al cien por cien.

Pero no interesan títulos ni números, pues cuando Messi toca el esférico, todos callan… y ese es el secreto. Hasta los rivales le miran, le disfrutan, le temen y aman. Nadie sabe ni cómo ni porqué, pero este endiablado chico sabe hacer magia con los pies. Su mirada, clavada, firme y distraída de todo salvo del giro perfecto del esférico entre sus pies, trotando con él, viviendo con él, sintiendo con él el rozar de un césped que quiso acogerlo, hace ya diez largos (y se hicieron cortos) años, en un Camp Nou abarrotado, que aprendió, en solo noventa minutos, a pronunciar cantando: Leo, Leo, Leo…

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