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Mendilibar y la justa injusticia de su ‘temprano’ adiós

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REDACCIÓN – Por unanimidad. Así decidió la junta directiva de Osasuna cerrar el capítulo de José Luis Mendilibar como entrenador del equipo, dos años y medio después de su llegada. A la decisión, a priori sorprendente por el momento del año en que se ha producido (primeros de septiembre, tras sólo tres jornadas disputadas) cabe contextualizarla en torno a la circunstancia en que se dio la renovación del vizcaíno el pasado año, y muy particularmente, de cómo han ido las cosas desde entonces.

La destitución de Mendilibar no viene, al menos exclusivamente, motivada por las tres derrotas en los tres primeros partidos de Liga. Ya en el pasado ejercicio, el club sudó sangre para mantener la categoría, apelando a la épica en la penúltima jornada (cuando en la última tocaba visitar al Real Madrid) y arrastrando una racha (sólo siete partidos ganados de 25 en todo 2013) que además tuvo su continuidad en la pretemporada, en la que tardó tres encuentros en marcar y siete en ganar (2-1 al Zaragoza).

Mendilibar, por supuesto, es responsable a medias de la situación, pero sobre todo, como suele ocurrir en estos casos, la cabeza visible de un proyecto agujereado, tocado esencialmente por la salida de Kike Sola al Athletic, baja a la que acompañaron otras de jugadores relativamente importantes como Nano, De las Cuevas o Rubén. Su puesto ya peligró con creces el año pasado, pero al lograr la permanencia se hizo efectiva la cláusula que le renovaba automáticamente, lo cual no hizo más que arrastrar las dudas de directiva y afición unos meses más.

El adiós del técnico no viene, pues, de perder los primeros tres partidos de Liga, como se ha enfatizado erróneamente: sino de que esto alargue una situación anterior muy particular, en la que el equipo ya no convencía y no cayó al pozo de puro milagro, zozobra acentuada además durante el verano por una política de fichajes regular y, en consecuencia, una pretemporada oscura y sin resultados que invitaran al optimismo, o a pensar que el mal comienzo de campeonato haya sido casualidad.

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