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Medicina deportiva: recaídas y recuperaciones en lesiones musculares

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Juanjo Ruiz Manzanera | Pasamos de página sin cambiar de capítulo en esta nueva entrega semanal de Medicina Deportiva en Sphera. El pasado fin de semana, para aquellos que faltaron a clase, sepan que tratamos los primeros y principales aspectos de las lesiones musculares en el mundo deportivo, entre ellos su frecuencia, su base anatómica y los principales mecanismos lesivos. Pudimos llegar a varias conclusiones, entre ellas la repercusión e importancia que debemos dar entre todos a este tipo de lesiones.

Algo de lo que todavía no hablamos y que con frecuencia hace caer en la sorpresa – hasta en un servidor, el mismo fin de semana pasado – es la recurrencia de estos problemas musculares. Y está claro que en esta ocasión, y en esta semana en concreto, debemos fijar las miradas, apuntar y lanzar el dardo del ejemplo a otro de los futbolistas del Real Madrid, club que sin duda alguna esta temporada sigue batiendo unos récords que con seguridad desde la entidad ‘blanca’ no gustarían cumplir. Gareth Bale sumó el pasado sábado en el encuentro ante el Sporting una nueva lesión muscular en una de sus piernas. Desde finales de 2013, se trata de la sexta lesión que acumula de este carácter.

Tomen papel y boli, porque a continuación vamos a proceder a hacer un desglose que nos dé las pistas necesarias para conocer de dónde viene este problema y cómo Bale ha llegado a esta situación. Cuando los médicos acudieron a la atención del deportista galés, con seguridad, debieron dirigirse velozmente a conocer el estado un músculo en particular. El sóleo. Por desgracia, Bale y este músculo han venido llevando de la mano una estrecha relación que se remonta ya a la pasada temporada, cuando se lesionó por primera vez el de la pierna izquierda.

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Como viene siendo habitual, vamos previamente con una pincelada anatómica del músculo al que vamos a centrar parte de la atención hoy. El sóleo se localiza en la pierna, en su cara posterior y en un plano algo más profundo, en concreto lo veríamos en toda su expansión si retirásemos virtualmente los dos gemelos, ya que se encuentra debajo de ellos. En otros medios y otras publicaciones es posible que lo encontréis con otro nombre que suele adoptar, el de tríceps sural.

Las fibras de este músculo se extienden desde la tibia, su línea oblicua posterior, y desde el peroné, su cabeza y un tercio proximal posterior, hasta insertarse y terminar – algo más fácil – a nivel del hueso que constituye el talón, el calcáneo. ¿De qué se encarga este peculiar músculo? Concretamente, es uno de los que colabora en la extensión del pie. Por tanto, ya conocéis que siempre que corráis o caminéis, lo estaréis usando. Uno se ve que lo usó hasta acabar dañándolo, así que volvamos con Bale.

Hace relativamente poco, en el primer partido de la Champions del mes de septiembre, y con el comienzo reciente de la temporada profesional, el jugador del conjunto merengue volvió a caer lesionado del mismo sóleo, por segunda vez. Y después de estar algo más de dos semanas de baja – no hace falta que dudéis – recayó una vez más con los mismos problemas en la pierna izquierda. El calvario de Bale tenía nombre propio. Por ello, las alarmas y atenciones de los médicos el pasado sábado pudieron estar centradas en una cuarta recaída, sin embargo, y con lo caprichoso que es esto de mezclar el deporte y la medicina, el sóleo que se vio alterado en esta ocasión, como novedad, fue el de la pierna derecha.

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¿No soléis tener esa sensación de creer que cuánto más conocéis, más preguntas os surgen? Si no, no os preocupéis, os puedo plantear varias. ¿Qué influyó en las recaídas previas de nuestro ejemplo? ¿El tiempo de recuperación fue el correcto? ¿Cómo conocer que un deportista está preparado para volver a competir al 100%? Vamos a intentar dar un poco de luz a este pequeño mar de dudas.

Según las estadísticas, un 16% de las lesiones musculares tienen como causa las recaídas. No sería razonable, por tanto, dirigirnos solo a la mala fortuna para justificar los números casos de las mismas, lógicamente. Muchos factores pueden influir en la aparición de estas ‘re-lesiones’, como una precipitación a la hora de tomar la decisión de volver, no ya a la actividad física, sino al ritmo de competición.

Para decidir el momento exacto en el cual el deportista se encuentra por completo preparado para regresar, bajo todas las condiciones, el mismo debe pasar a examen por tres etapas. La primera de ella debe valorar ampliamente el estado de salud, analizando si persisten todo tipo de síntomas como dolores o molestias, y revisando que las pruebas de imagen y los exámenes físicos sean óptimos. Incluso se antoja fundamental valorar el estado psicológico del deportista, ya que puede haber estado sometido a un largo periodo de recuperación.

En la segunda etapa se deben valorar los factores deportivos que pueden poner en riesgo la participación sana del deportista. En dicha fase, se abre otra nueva en forma de rama donde se ponen a debate varios aspectos relacionados con el entorno deportivo de nuestro individuo, que pueden acabar modificando la decisión final. Estos pueden ser el la importancia del momento de la temporada por el que se esté pasando tanto él como su equipo, la presión externa que pueda recibir el deportista de su entrenador o de su familia, o cualquier conflicto de intereses varios.

Para tratar la segunda cuestión que previamente nos planteamos sobre los programas y tiempos de recuperación de las lesiones musculares, nos ayudará saber que en el artículo de la semana pasada conseguimos hacernos una idea sobre los tres niveles generales de lesiones musculares, clasificados por su gravedad. Hoy completamos dichas explicaciones con el pronóstico de cada una de ellas. En un grado incluso más bajo que el de las elongaciones musculares, encontramos las contracturas musculares y los dolores musculares post-ejercicio de aparición tardía, que tienen un periodo de recuperación de uno a tres días. En el escalón correspondiente al grado I de las distensiones musculares, el pronóstico avanza de 3 hasta a 15 días.

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En las roturas fibrilares, las de grado II, que como comentamos la semana pasada se caracterizaban por la aparición de un hematoma, el periodo de recuperación se extiende desde las 3 a 8 semanas. Cifras que a continuación se quedan cortas al compararlas con las de la rotura muscular completa, de grado III. Las mismas presentan un pronóstico bastante feo, entre 8 y 12 semanas de recuperación.

Como podemos ver, volver a los terrenos de juego no es tarea sencilla. Y no ya por el tratamiento que se deba llevar a cabo, porque no se trata solo de sanar y cumplir plazos. Detrás vamos a tener siempre una gestión completa elaborada por los servicios médicos que determinará cuándo el deportista está capacitado para volver a la actividad física. Todo este meticuloso proceso tendrá siempre al final del camino una señal de ‘Stop’, en la cual habrá que pararse, mirar hacia ambos lados, y dar en el momento oportuno con la decisión de permitir que el deportista vuelva a la competición. Un mal procedimiento en esta gestión, hasta este último punto, puede condicionar el riesgo de una recaída no solo en una misma temporada, sino también en las siguientes.

Cualquier programa de recuperación de lesiones musculares que se efectúe correctamente debe pasar por hasta cinco fases que a continuación vamos a desarrollar. Con la aparición del acontecimiento lesivo, comienza la primera fase que viene dedicada por completo a la figura del médico, quien no solo debe elaborar un diagnóstico correcto con los medios necesarios y efectivos, sino también diseñar el plan a seguir. Algo que da pie a la segunda fase. En la misma, se debe aplicar el tratamiento médico, pero también debe entrar en juego la importante figura del fisioterapeuta, quien complementará la terapia.

En la tercera fase, tenemos otros dos protagonistas con dos funciones distintas. El equipo de readaptadores se encarga de la recuperación de la estructura muscular lesionada y la reanudación del gesto deportivo, mientras que el equipo de preparadores físicos tendrá la labor de mejorar la condición física y las características propias del músculo como la contracción, flexibilidad y fuerza. Si todo es correcto, podremos pasar el primer ‘Stop’ y dar la Alta médica. Pero como comprenderéis, esto no finaliza aquí. Llegamos a una nueva fase, la cuarta, de nuevo con los preparadores físicos, quienes se encargan por lo general de que el deportista lleve un trabajo extra específico.

Éste es un momento de todo el programa también muy importante, porque vuelve a poner a tono al deportista para reincorporarse al ritmo del resto de sus compañeros y con ello a la actividad de competición. Si lo consigue, recibirá la llamada Alta deportiva, que correrá a cargo de los miembros del cuerpo técnico, pero no del propio entrenador. Éste último, sin embargo, será el protagonista en la quinta y última fase, con la decisión que tomará del deportista, con la certeza de haber pasado por manos de médicos, fisios y todo tipo de miembros del cuerpo técnico, para volverlo a incorporar a su plantilla como un miembro más.

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