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Medicina deportiva: las lesiones musculares (I)

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Juanjo Ruiz Manzanera | Se abre un nuevo campo de información al público dentro del universo de Sphera Sports. Este medio da vida a una nueva sección que estará centrada en uno de los aspectos más fundamentales del deporte. La base física que permite que hoy estemos aquí. El pilar del deporte del que a veces solo se habla para dar malas noticias. La Medicina del Deporte, en su ámbito profesional, es la especialidad que se ocupa de la salud de las personas que realizan ejercicio físico de competición. Y a partir de hoy, desde aquí os acercaremos cada semana los aspectos fundamentales y las bases médicas más trascendentales de esta importante rama que une de la mano las ciencias de la salud y el mundo del deporte.

En las primeras entregas de ‘Medicina Deportiva en Sphera’ desarrollaremos uno de los aspectos más básicos en la vida de un deportista. La alta incidencia de las lesiones musculares en el deporte han provocado, y lo seguirán haciendo, que a día de hoy muchas de las noticias sobre lesiones que leemos y escuchamos en los medios de comunicación deportivos estén relacionadas con este ámbito. Y es que más de un 30% de todas las lesiones que se producen en el deporte son de características musculares. Sin embargo, ¿verdaderamente cuánto sabemos de ellas?, ¿cuántos tipos hay?, ¿cuáles son las más graves? Y lo más importante, ¿cuándo volveré a ver al jugador de mi equipo recuperado volver a pisar el terreno de juego?

En la lucha que vamos a emprender contra las lesiones musculares podemos comenzar acudiendo a las estadísticas, para comprobar en qué contexto nos vamos a manejar. Las mismas, sin embargo, no nos terminan de colocar en buena posición. Encontramos que en un equipo profesional de fútbol hay una media de 12 lesiones musculares en una temporada, lo que supone un porcentaje de 300 días de baja. Cifras temibles que, sin embargo, pueden llegar a quedarse cortas al comprobar que, en un club deportivo de alto rendimiento como el Real Madrid, el pasado mes de diciembre se superaron hasta alcanzar el número de 16, tras la última lesión de Carvajal.

Para qué nos vamos a engañar, no es un buen comienzo. Sin embargo, no todo está nuestra contra, nosotros también tenemos factores a nuestro favor. En concreto, instrumentos. Al tratarse de una patología deportiva de alta frecuencia, los métodos de diagnóstico han evolucionado, y ahora son rápidos y eficaces. Aunque el médico es capaz de reconocer este tipo de lesión durante el transcurso del acontecimiento deportivo con una simple exploración física, la ecografía resulta la exploración complementaria más útil para los estudios en profundidad sobre las lesiones musculares, por su sencillez y su bajo coste.

Para conocer cuál es el mecanismo fundamental a través del cual se producen este tipo de lesiones debemos dar una pequeña pincelada anatómica. El elemento estructural básico del músculo es la fibra, y las podemos encontrar de dos tipos. Las de tipo I son las llamadas de contracción lenta pero de larga duración. En la otra cara de la misma moneda encontramos las fibras musculares de tipo II, con la función de realizar contracciones más rápidas para llegar a esfuerzos más explosivos en menos tiempo.

Por tanto, en una hipotética discusión sobre quién es mejor deportista, no sería del todo justo comparar con la misma vara de medir a dos figuras mundiales de la talla de Miguel Indurain y de Usain Bolt. Respectivamente, son dos buenos ejemplos que vienen como anillo al dedo para comprobar qué tipo de fibras musculares se desarrollan más según el deporte que se practique.

Con la información que ahora tenemos, podemos atrevernos a dibujar un prototipo de lesión muscular común. Como localización de la misma, pongamos a uno de los llamados músculos biarticulares, que son los más frecuentes en lesionarse. Entre los mismos encontramos el recto anterior del cuádriceps, el gemelo medial o los famosos ‘isquios’, de los que tanto oímos hablar en televisión.

No voy a dejar escapar esta oportunidad para aclararos que los ‘isquios’ son los en realidad llamados isquiotibiales, un conjunto de tres músculos en la parte posterior del muslo. Si les ponemos nombres y apellidos, los mismos son semimembranoso, semiespinoso y cabeza larga del bíceps femoral -posiblemente las dos únicas palabras que hagan temblar a un barcelonista que conozca el historial de lesiones de Messi-.

El mecanismo de lesión más frecuente entre los deportistas, y que por tanto vamos a utilizar para diseñar nuestra alteración a nivel de cualquiera de estos músculos, es el indirecto. El mismo se basa en una elongación excesiva de las fibras ante una contracción súbita del músculo. ¿Quién no ha oído hablar de aquello de que ‘las peores lesiones son las que se provoca el mismo deportista’? En parte, la fisiopatología del mecanismo indirecto podría explicar esta expresión. Y no solo eso, también las imágenes que acostumbramos ver en televisión del futbolista que después de una explosiva carrera, se frena en seco refiriendo dolor, y se acaba retirando del césped por su propio pie.

Con esta escenificación, ¿hay razones para llevarse las manos a la cabeza? A priori puede que sí, sobre todo si el que sufre las molestias es el jugador de tu equipo. Sin embargo, como en todo en la vida, hay que ser precavidos. Existen diversos subtipos de lesiones musculares, y dentro de las mismas, grados y clasificaciones que alcanzan a estratificar cada una de las alteraciones musculares según su gravedad y su periodo de recuperación.

En nuestro querido futbolista que ha sufrido la lesión que venimos dibujando a modo de ejemplo, concretamente podemos clasificar su alteración en tres clases. Si ha tenido suerte, podemos estar ante una leve distensión muscular. Es el primer grado de este tipo de lesiones, basado en el dolor referido por un deportista que no termina de señalar con exactitud el punto donde sufre una mayor molestia. Con todo, podríamos incluso estar hablando de un calambre, sin embargo con las exploraciones complementarias el médico logra clasificar esta patología gracias a las pequeñas, más bien microscópicas, cavidades que se forman por la sangre acumulada perteneciente al músculo.

Sin embargo, puede que la fortuna no se haya puesto de nuestro lado. En tal caso, podemos avanzar un escalón más en la gravedad de este tipo de lesiones. De esta forma nos encontramos con los desgarros parciales, un grado II donde el músculo sufre una elongación que va más allá de sus límites permitidos. Nuestro deportista ya no solo sufre aquel dolor, que ahora por cierto pasa a ser más focal y específico, sino que además nos asegura que ha notado un chasquido, algo que no hace más que confirmar que la gravedad del conjunto. Con la ecografía que siempre tendremos preparada, se podrá incluso verificar la aparición de un hematoma. El grado III refiere, por otro lado, el desgarro completo, en el que llega a comprometerse todo el vientre del músculo.

En la próxima semana, en nueva entrega de ‘Medicina Deportiva en Sphera’, avanzaremos con el segundo capitulo de lesiones musculares, donde explicaremos los periodos de recuperación y aprenderemos a diferenciar los distintos subtipos de lesiones comunes como los calambres, las contracturas y las agujetas.

 

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