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Me he aficionado a los E-Sports

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@Bar0net | En efecto, ha acabado pasando. Me he aficionado a ver campeonatos de videojuegos. La verdad es que le he estado dando vueltas y tras un poco de reflexión es algo que me sorprende porque siempre he sido de los que querían tener el mando en la mano durante las reuniones de amigos y a los que se le hace algo aburrido ver cómo juegan los demás, más de uno me comprenderá.

El caso es que desde hace unos meses me he puesto a seguir competiciones online de videojuegos y debo decir que me fascina ver la soltura y la precisión quirúrgica con la que esos jugadores profesionales se desenvuelven en su terreno (y qué envidia, debo añadir) y  llego a pasarme tardes entras disfrutando del “deporte digital”.

El mundo del gamer profesional ha evolucionado mucho desde mi adolescencia, una época en la que para conectarte a un internet de 56Kb dejabas a tu familia sin teléfono y vivíamos el boom de los cibercafés donde triunfaban las partidas a Counter Strike y Diablo II. Hablo de los años en los que se empezó a cimentar el juego competitivo remunerado y empezaron a surgir los primeros clanes serios, con planes de entrenamiento y pequeños eventos.

Haciendo memoria, creo que la primera vez que me sorprendí por el nivel al que se ejecutan estos enfrentamientos fue durante una Campus Party, hará unos añitos ya, en la que en uno de mis paseos por el recinto me topé con la final del campeonato de Command & Conquer. Recuerdo perfectamente cómo uno de los jugadores durante el calentamiento destrozó a dos enemigos de la IA en su nivel máximo de dificultad manejando el teclado como si fuera un maestro pianista e invirtió menos de 10 minutos (¿es que soy el único que hace partidas maratonianas cuando juega a este tipo de títulos de estrategia?).

Esa insultante superioridad que mostraba ante los fútiles intentos de la máquina por hacerle frente me impactó y me quedé a ver esa final, una final que la recuerdo ajustada con esos comentarios de “si hubiese tenido un par de unidades más podría haber remontado”. “¿Un par de unidades ha dicho?”. Es esa extrema efectividad y eficiencia que muestran los auténticos profesionales la que me chocó ese día. “Un segundo perdido es una pequeña ventaja que le das al rival y te puede costar la partida”.

Pese a ese breve momento de iluminación personal, no ha sido hasta hace bastante poco que realmente me he enganchado a ver torneos. El principal responsable de este fenómeno es Twitter y un fin de semana en el que no debía tener nada mejor que hacer, vi que ofrecían, en directo, uno de los torneos de la Liga Profesional de Videojuegos.

Me vi fascinado por ver a dos hermanos (Vortix y Lucifron) enfrentados disputando una serie de partidas de altísimo nivel a Starcraft II,  el virtuosismo con el que se desenvuelven algunos en juegos como Halo ODST o Modern Warfare y descubrir lo malo que puedes llegar a ser en el FIFA 12 cuando ves a dos de los mejores jugadores de la escena nacional.

Aún así, me fascinó pero aún no me enganchó. Y no lo logró porque, ya sea por mi propia naturaleza “inquieta” que hace que me aburra el dedicarme muchos días seguidos al mismo título o por el hecho de ser blogger, que me obliga a buscar siempre el próximo análisis, si bien entiendo cómo se iban desarrollando las partidas, mi profunda ignorancia hacía que lo encontrase más interesante que apasionante.

Y esto creo que es extremadamente importante. Para engancharte a los e-sports debes encontrar tu juego, ese juego al que has dedicado horas y te conoces al milímetro. De esta manera puedes disfrutar de esos tremendos despliegues de habilidades que hacen los profesionales e incluso aprender algún que otro truco que te motive a jugar aun más y, así, entrar en ese círculo vicioso en el que cuanto más practicas, más te apasiona el juego; cuanto más te apasiona, más disfrutas ver los torneos y así aprendes más cosas para poder practicar.

En mi caso particular,  el juego que me ha enganchado es League of Legends . Pese a no ser un gran jugador del título de Riot, que no lo soy, sí que reconozco que voy echando partidas de vez en cuando.
La gran ventaja que tiene aficionarse a los e-sports es que siempre hay algo por ver, como torneos (que los hay constantemente), algún stream de uno de los mejores jugadores del mundo que aprovecha este tipo de servicios para poder cultivar su base de aficionados, ganarse un dinerito a través de la publicidad y dar visibilidad a sus patrocinadores, que seguro que se lo agradecen.

Llegados a este punto, espero que haya algún joven lector que se esté preguntando qué debe hacer para poder dedicarse a esto de forma profesional. Digo joven porque uno de los principales requisitos que uno debe tener en cuenta es el tiempo y probablemente alguien de 16 años disponga de más tiempo para invertir a entrenar que alguien de 30. El otro es tener la constancia de practicar, practicar y practicar.

Luego, también es interesante ver cómo algunas grandes páginas de este mundillo ofrecen la posibilidad de registrarse y acceder a ligas que te permitirán enfrentarte a contrincantes de tu nivel. Todos sabemos lo frustrante que puede ser meterte en una partida de alguien con mucha más habilidad que tú o, por lo contrario, tener a alguien con menos experiencia en el equipo.

En definitiva, mi objetivo con este texto más allá de contaros mi experiencia personal con el mundillo de los e-sports es invitaros a que, si no lo habéis hecho ya, os animéis a ver algún torneo de vuestro juego favorito porque estoy convencido de que, como a mí, os enganchará.

Por otro lado, soy de los que piensa que es un sector en expansión que irá cobrando importancia y adeptos. Las posibilidades para profesionalizarse aumentarán año a año, hasta el punto en que será tan normal ser un profesional del futbol como del Street Fighter.

Pensad que Alfonso Ramos ya es toda una institución en el FIFA, los hermanos Vortix y Lucifron se han labrado un nombre en un mundo dominado por coreanos como es el Starcraft II, xPeke y Ocelote son referencias en sus equipos de League of Legends y Giants se codea con los mejores de la escena europea. Y tú, ¿aceptas el reto?

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