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Matthews, honorando el rosa

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Michael Matthews ha tomado una magnífica costumbre en el Giro de Italia. Primero, conseguir la maglia rosa de líder de la carrera, aprovechando el triunfo de su equipo, el potente Orica GreenEdge, en la contrarreloj por equipos inicial. Luego ser capaz de alzar los brazos en meta y vencer una etapa con la presión y el honor de llevar el rosa sobre los hombros.

Sin duda, debe ser una de las mejores sensaciones para un ciclista, ese éxito marcado con uno de los elementos más icónicos de la historia del ciclismo. Y Matthews lo ha conseguido, no una, sino dos veces consecutivas en las dos últimas ediciones de la Corsa Rosa.

El año pasado, tras el triunfo de Orica en Belfast, Matthews se hizo con el maillot de líder tras un pequeño corte en el pelotón en la 2ª etapa. Imposible vencer a Marcel Kittel -desaparecido este año- en los brutales sprints irlandeses, Matthews se redimió unos días después en el caos de Montecassino. Controlando a la perfección un grupo de seis (con Evans o Wellens), el australiano resolvió de rosa en el ascenso a la abadía protagonista de la II Guerra Mundial.

 

En 2015 ha sido capaz de imitar la historia, con menos días de diferencia. Orica repitió victoria en la crono inicial en el carril-bici de San Lorenzo a Sanremo y Matthews agarró de nuevo la maglia rosa en el final de Génova. Y ya en el tercer día, triunfo de Matthews en un sprint marcado por el desgaste tras el paso por los Apeninos ligures. Esta vez en las tranquilas playas de la Riviera de Levante, pero siempre de rosa.

A sus 24 años, Michael Matthews es una de las grandes realidades del ciclismo mundial. En los últimos tres años ya ha conseguido, a falta de debutar en el Tour, triunfos en las grandes carreras por etapas del calendario, como Giro, Vuelta, París-Niza o País Vasco. Además, ya está en camino de convertirse en protagonista de las mejores clásicas del calendario, como demuestran sus últimos podios en Sanremo, Amstel y Brabante.

Su punta de velocidad le permite estar en las primeras posiciones de cualquier volata numerosa, pero es su capacidad de sufrimiento en los repechos y colinas y su inteligencia táctica lo que le hace tan efectivo. Con evidentes capacidades para ser protagonista en los mejores escenarios –Sanremo especialmente, ojo a sus futuros duelos con Degenkolb-, a corto plazo le pueden servir, al menos, para mantener el liderato del Giro otros seis días, tal y como hizo en 2014. Un portento, también de rosa.

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