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Marek Hamsik, cresta y corazón

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Desde 1989 con la separación de Checoslovaquia en dos, Eslovaquía pasó a ser un Estado independiente. Al norte de Polonia, al este con Ucrania, al sur con Hungría y al oeste con Austria. Bratislava es su capital. No muy lejano de la capital, aproximadamente el 40% de Eslovaquia está cubierto por los bosques. Bosques que poseen una rica fauna, animales salvajes y diversas zonas montañosas que rellenan absolutamente todos los Cárpatos, cuyos montes se zalandean a lo largo del país. Allí en lo más alto de los Cárpatos, se encuentran los Montes Tatras, en la cresta del monte, donde el oxígeno no permite la presencia del ser humano, nace Marek, la cresta más grande de toda Europa.

Cuentan los aldeanos de Bratislava que la noche negra lo confundía todo y apenas discernían la cresta de las olas asesinas. excepto cuando los relámpagos creaban una breve melodía y ahí aparecia Marek pegado a un balón transitando por los misterios que ocultaban aquellas calles oscuras de la capital.

Debutó en el Bratislava, equipo de la ciudad y sin apenas tiempo para pensar hizo las maletas y marchó para Brescia, el año en que llegaba el jugador eslovaco, el equipo de la región de Lombardía descendió a la Serie B. Durante los próximos dos años, servirían para coger minutos y confianza antes de dar el gran pase. Su mejor asistencia se produjó en 2007, el equipo ascendía a la Serie A y la ilusión se debía generar con algunas caras nuevas, entre ellas, la de Hamsik.

Ocho años han transcurrido desde que Marek subiera al altar y jurará amor eterno sobre la ciudad y su equipo. Maggio, Zuñiga o Inler han sido algunos de los acompañantes durante esta larga travesía. Pieza clave en aquel equipo de Mazzarri, Hamsik hacía de conector entre la media y aquella dupla mágica Cavani-Lavezzi.

La temporada pasada con un arranque fulburante, el eslovaco recayó, lo que le tuvo alejado de los terrenos de juego durante un largo tiempo. A su vuelta nunca más vimos una actuación aceptable o más bien acorde al talento natural del chico. En esta temporada, las llegadas de Michu, De Guzmán o bien Gabbiadini en el mercado de invierno hacían entrever que Benítez buscaba otras alternaticas para la zona de enganche, haciendo que la competencia sea máxima. Y así fue, hasta en 14 partidos, el jugador comenzó en el banquillo o bien no llegó ni a calzarse las botas. Por otro lugar, debido a la exigencia en tan solo 10 partidos Hamsik cumplió con el cupo de minutos, sin llegar a ser sustituido. Acción que se ha visto repetida en innumerosas ocasiones siendo hasta el primer cambio por regla general al mando de Rafa Benítez en esta segunda temporada. Dicho y hecho, las caras nuevas le han servido a Benítez para rezagar a Marek a un segundo plano. Acción que no ha dejado indiferente a nadie, objeto de múltiples críticas por parte del pueblo napolitano. Un pueblo que ve a Hamsik la representación de amor y entrega sobre el tapete. Ochos años al servicio dan para algo más que conocerse.

Intermitente, con destellos de una luz divina e intensa que te ciega por momentos, de algo nunca visto pero que fallece por momentos y que zozobra bajo la angustia de las sombras. No se me ocurre mejor manera para describir a Hamsik que el símil con una luz intermitente. Sin interruptor, ni enchufe, con las pilas cargadas al menos para el disfrute durante algunos minutos del aficionado.

En Alemania ante el Wolfsbrugo, los ojos de toda Europa volvieron a ver una luz cenital que enfocaba la cresta de Marek. Aquella noche, no hubo lobo que aullara sobre la luna de la Baja Sajonía. Una vez más de aquellas tantas noches -todo cabe decir que no recuerdo la última- aquella cresta procediente de los Montes Tartras enmudeció toda Alemania.

Por el momento, Hamsik piensa extremadamente rápido y tiene la fuerza e inteligencia correspondientes para lidiar con ello. La fuerza del capitán se alberga en su cabeza, como en los Montes de donde procede, la altura se apodera de lo mejor. La cresta es el cerebro, es el lugar de conexión de su cuerpo con todos sus puntos. El pensamiento nace en la Cresta y acaba en los pies. Parece que ha vuelto dicen algunos, pero los que lo conocen no se comprometen a afirmarlo con certeza. No saben por cuanto tiempo durará esta magia pero por el momento unido al buen momento del equipo, el estado de Hamsik invita a soñar con las mejores noches bajo el bramido del San Paolo.

“Un animal de cresta colorada que habita en el monte y de vez en cuando baja al llano al grito de ¡rediós! atacando al hombre”

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